El misterio a bordo del buque MV Hondius llegó a su fin. La Organización Mundial de la Salud confirmó que el brote que dejó tres muertos y ocho contagiados fue causado por el virus de los Andes, una cepa endémica de Argentina y la única en el mundo con capacidad documentada de transmisión de persona a persona. Mientras se rastrean los contactos estrechos de las víctimas, la ciencia nacional exporta muestras genéticas para blindar al resto del mundo.
Hace unos días, el mundo miraba con preocupación hacia el océano Atlántico, donde un crucero aislado se había convertido en el escenario de un brote letal. Hoy, la ciencia le ha puesto nombre y apellido a la amenaza. La Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó mediante un comunicado oficial que la especie responsable de las tres muertes y los ocho contagios a bordo del buque MV Hondius es el temido virus de los Andes.
Para la comunidad científica internacional, el anuncio no fue una sorpresa, sino la confirmación de sus peores sospechas. Este hallazgo resuelve el gran enigma epidemiológico que desvelaba a las autoridades: ¿cómo pudo esparcirse un virus vinculado a roedores entre los pasajeros de un barco en altamar? La respuesta radica en la biología única de esta cepa.
Radiografía de una Cepa Letal
Todo lo que sabemos sobre el Virus de los Andes
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Origen y EndemiaLa cepa está presente y es endémica en Argentina. El primer brote documentado de contagio entre humanos ocurrió en el país en 1996. |
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Vías de TransmisiónRequiere contacto estrecho. Se da por aerosoles al toser o estornudar, exposición a saliva u orina, y de forma vertical (madre a hijo). |
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Ventana CríticaEl periodo de incubación puede durar hasta 5 semanas. La etapa más contagiosa es al inicio, cuando los síntomas se confunden con una gripe. |
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Riesgo ControladoEl contagio humano es «ineficiente» comparado con virus respiratorios como el Covid-19. Su control demanda vigilancia rápida y aislamientos preventivos. |
La excepción a la regla biológica
Por lo general, los hantavirus conforman un grupo de patógenos que se transmiten exclusivamente cuando los humanos inhalan partículas de polvo contaminadas con saliva, orina o heces de roedores infectados. Sin embargo, el virus de los Andes, presente y endémico en Argentina, es la gran excepción a la regla.
Como se documentó por primera vez en nuestro país durante un brote en 1996, esta es de las pocas variantes en el mundo capaz de saltar de humano a humano. La transmisión puede ocurrir por contacto directo con fluidos, a través de los aerosoles expulsados al toser o estornudar, e incluso de madre a hijo durante el embarazo o la lactancia. Al confirmarse la presencia de esta cepa en el MV Hondius, el rompecabezas del contagio en los pasillos del barco quedó finalmente armado.
El encierro y el riesgo real
A pesar de la alarma inicial, la Global Virus Network (una coalición de más de 90 centros de excelencia en 40 países) aclaró que viajar en crucero no aumenta por sí mismo el riesgo de contraer hantavirus. Lo que ocurrió en este caso evidencia una falla en los controles ambientales en espacios abiertos (previos al embarque), donde muy probablemente se originó el brote primario antes de subir al navío.
«El hantavirus no supone un riesgo tan elevado como pudo ser el SARS-CoV2, ya que no se comporta como los virus respiratorios altamente transmisibles. La prioridad es la vigilancia, la identificación temprana y una comunicación clara y basada en la evidencia», explicó Scott C. Weaver, catedrático de Infecciones Humanas de la Universidad de Texas.

Imagen al microscopio electrónico del Virus Sin Nombre, una especie de hantavirus común en Estados Unidos de forma y tamaño similar al virus de los Andes.
La transmisión entre humanos es posible, pero ineficiente. Requiere de un contacto estrecho y prolongado con la persona enferma. Es por esto que los brotes masivos en comunidades son escasos, aunque su letalidad no debe subestimarse: en los últimos 13 años se han registrado 198 fallecimientos por complicaciones derivadas de esta cepa.
El reloj epidemiológico y la ayuda argentina
El mayor peligro de contagio ocurre paradójicamente cuando el paciente menos lo sospecha. En los primeros estadios de la infección, la persona presenta síntomas similares a los de una gripe común y continúa con sus actividades habituales, esparciendo gotículas virales al toser o estornudar en espacios semicerrados.
Con un periodo de incubación que puede extenderse de cuatro a cinco semanas, la doctora Emma Thomson, directora del Centro de Investigación Virológica de la Universidad de Glasgow, advirtió que es muy probable que sigan apareciendo nuevos casos. Por ello, las autoridades están rastreando frenéticamente los últimos movimientos de la pareja fallecida en el crucero para aislar a sus contactos estrechos.
En un gesto de solidaridad científica y cooperación global, laboratorios de Argentina se pusieron a disposición para enviar muestras genéticas de la cepa a hospitales y centros de investigación de todo el mundo. El objetivo es claro: acelerar los diagnósticos tempranos, afilar las herramientas de detección y frenar al virus de los Andes antes de que encuentre a su próxima víctima.
