Un equipo científico equipó a pingüinos de Magallanes con tobilleras especiales de silicona para detectar «químicos eternos» en el Atlántico Sur. El estudio pionero y no invasivo demostró que más del 90% de estas aves estuvo en contacto con contaminantes industriales, abriendo una nueva era en el monitoreo ecológico de nuestros mares.
A simple vista, su rutina no ha cambiado. Los pingüinos de Magallanes (Spheniscus magellanicus) siguen pasando sus días caminando torpemente por las playas de canto rodado de la Patagonia argentina y zambulléndose en el océano Atlántico en busca de anchoas y sardinas. Sin embargo, un grupo de estas aves marinas acaba de asumir un rol inesperado en la ciencia moderna: se han convertido en auténticos detectives ambientales.
Decenas de estos ejemplares fueron equipados con una suave banda de silicona en el tobillo capaz de absorber rastros de «químicos eternos», los temidos compuestos industriales tóxicos que pueden perdurar durante décadas y amenazan tanto a la fauna silvestre como a los humanos.
La amenaza invisible de los PFAS
Los químicos eternos, conocidos científicamente como sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), se utilizan en todo tipo de productos comerciales, desde envases de comida rápida hasta ropa impermeable. Tienen la particularidad de resistir el calor, el agua y la degradación natural. Viajan grandes distancias por el aire y las corrientes marinas, llegando incluso a los rincones más prístinos de la Patagonia.
En un estudio piloto publicado recientemente en la revista Earth: Environmental Sustainability, un equipo liderado por Marcela Uhart, veterinaria de la Universidad de California (Davis), demostró el éxito de este método. «No tenemos mejor manera de entender el océano en el que viven que dejando que ellos mismos nos cuenten la historia», asegura Uhart. «Ahora son nuestro equipo de élite de detectives marinos».

Tobilleras en lugar de agujas
Históricamente, monitorear la exposición de los pingüinos a los PFAS requería métodos invasivos y estresantes para el animal, como extraer sangre o arrancar plumas en zonas de anidación remotas. Además, como explica Uhart, una muestra de sangre solo revela lo que el animal comió y metabolizó, pero no lo que tocó en su entorno diario.
Para solucionar esto, el equipo adaptó una tecnología que ya se usaba en bomberos humanos: pulseras de silicona. Este material actúa como un muestreador pasivo, como si fuera una esponja que absorbe los químicos del agua mientras el pingüino nada.
El ensayo se realizó con 55 pingüinos en dos colonias de la costa patagónica durante tres temporadas de cría (entre 2022 y 2024). Los dispositivos permanecieron en las aves entre 2 y 9 días. Los resultados de laboratorio encendieron las alarmas ambientales: se detectaron contaminantes en el 91 % de las tobilleras y se identificaron nueve compuestos diferentes, incluyendo químicos antiguos altamente tóxicos y versiones modernas que aún se usan a gran escala.
Los Nuevos Centinelas del Mar
El estudio pionero en la Patagonia Argentina
Se reemplazó la estresante extracción de sangre por tobilleras de silicona que funcionan como «esponjas» químicas pasivas durante los viajes de pesca de las aves.
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Los Químicos EternosLos PFAS son compuestos industriales usados en ropa y envases. Son casi indestructibles, viajan miles de kilómetros y se acumulan en la fauna. |
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Pingüinos de MagallanesSon ideales para el estudio porque recorren inmensas áreas del océano pero siempre retornan a la misma colonia, permitiendo recuperar la tobillera. |
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Resultados AlarmantesEl 91 % de las bandas recuperadas tras pocos días en el mar detectaron al menos uno de estos contaminantes industriales. |
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Próximos PasosLa técnica económica y escalable se extenderá pronto a otras especies, como los cormoranes, para rastrear químicos a 50 metros de profundidad. |
Los centinelas del futuro
Los pingüinos son ideales para este trabajo porque recorren enormes distancias en el océano, pero tienen la costumbre de regresar fielmente a la misma colonia, lo que permite a los científicos recuperar las pulseras sin problemas. El próximo paso de los investigadores es expandir la red equipando a cormoranes, aves capaces de bucear a más de 50 metros de profundidad.
Esteban Frere, biólogo de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA), destaca que el bajo costo de esta técnica permitirá replicarla en regiones más amplias del país.
Como concluye la investigadora Dee Boersma de la Universidad de Washington, los pingüinos son especies carismáticas que captan la atención humana de inmediato, y su mensaje es urgente. No sabemos con exactitud qué daño están haciendo estos químicos a largo plazo, pero la señal es clara: nuestros centinelas marinos están en peligro, y con ellos, la salud de todo el océano.
Referencias:
doi: 10.1126/science.z7009y4
Por Daniel Ventuñuk
En base al artículo de Humberto Basilio publicado en Science
