En veinte años, la Biofábrica Misiones pasó de multiplicar plantas en un laboratorio a desarrollar un biofertilizante con cepas nativas que la FAO distinguió como experiencia destacada. Es una empresa impulsada por el Gobierno provincial que apuesta a que la ciencia hecha en la provincia llegue hasta la chacra.
Imaginá un frasco de vidrio, un gel nutritivo y una plantita apenas más grande que una uña. Ahora imaginá miles de frascos iguales, ordenados en estantes bajo luz y temperatura controladas, y en cada uno una planta idéntica a la que le dio origen. Algo así empezó a pasar en Misiones en 2006, cuando la provincia decidió apostar a la biotecnología para transformar su matriz productiva. Así nació Biofábrica Misiones S.A., la primera empresa de base biotecnológica de la provincia.
20 años de Biofábrica Misiones
Los números
La fotocopiadora de plantas
Línea de tiempo
Para conocer más
▼ Qué es MIHOBA
▼ Centro Hortícola de San Vicente
▼ Formación y transferencia
▼ Plantas medicinales
Una fotocopiadora de plantas
La técnica se llama micropropagación. Consiste en multiplicar plantas en condiciones controladas, conservando las características genéticas que interesan y con altos estándares sanitarios. Es como fotocopiar una planta ganadora y obtener plantines sanos y homogéneos.
El conocimiento de base llegó de Cuba, que transfirió saberes en los comienzos, y se articuló con instituciones científicas. Federico Miravet, presidente de la empresa, recordó que los cubanos les dieron el know-how y marcó una diferencia de modelo. Allá hay una biofábrica por cultivo, una de banano y otra de caña de azúcar, mientras que la misionera trabaja con muchas producciones y adapta sus protocolos a cultivos nuevos.
Con esos protocolos la empresa produjo plantines de banano, eucalipto, caña de azúcar y mandioca, además de ornamentales y medicinales. Los clones de eucalipto desarrollados por el INTA se multiplicaron a escala y llegaron por primera vez a las chacras de pequeños productores. En 2010, según informó la empresa, obtuvo la certificación ISO 9001, un estándar internacional de gestión de calidad, para sus procesos de desarrollo, producción y transferencia tecnológica.
Un hongo del suelo con nombre propio
El producto que más ruido hizo se llama MIHOBA, sigla de Misiones Hongos y Bacterias. Es un biofertilizante elaborado con cepas nativas de Trichoderma asperellum, un hongo del suelo que funciona como aliado de los cultivos. Pertenece a la familia de los bioinsumos, productos de origen biológico que complementan o reemplazan a los químicos.
La Biofábrica lo registró en 2022 ante el SENASA, como el primer biofertilizante y biofungicida desarrollado íntegramente en Misiones. Hoy tiene registro definitivo del SENASA para yerba mate y, desde 2025, está autorizado para usarse en producciones orgánicas certificadas. Según informó la institución, es el único bioinsumo registrado por un Estado provincial con todas las habilitaciones correspondientes. En 2026, la FAO, el organismo de Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura, lo seleccionó como «Experiencia destacada» en la convocatoria regional «Experiencias que transforman 2026».
Sobre lo que hace en el campo, se informó que aumenta la longitud, el volumen y el peso de las raíces y de las partes aéreas de las plantas.
De la probeta a la chacra
En 2023, junto con el Ministerio del Agro y la Producción, la empresa puso en funcionamiento el Centro Hortícola de San Vicente. Tiene 52 invernaderos para validar tecnologías, producir hortalizas y capacitar a productores. Allí se prueban el fertirriego (riego que lleva los fertilizantes disueltos en el agua), la semi-hidroponía y la hidroponía NFT, un cultivo sin suelo en el que las raíces reciben una fina película de solución nutritiva. También se ensayan la captación de agua de lluvia y la polinización con abejorros.
La transferencia sale además del territorio. Las biofábricas móviles Phytolab llevaron tecnología a Buenos Aires, Córdoba y Formosa, entre otros destinos, y las diplomaturas en biotecnología vegetal y bioinsumos suman nueve cohortes y 190 diplomados. La empresa también armó un banco de germoplasma (una colección de material genético) de especies medicinales, desarrolló las infusiones Tekoa y desde 2022 avanzó en tecnologías para producir cannabis medicinal destinado a aceite. Ese desarrollo le valió, en 2024, el primer premio en Tecnología e Innovación de las «Acciones positivas» de la Embajada de Suiza, según informó la institución, entre 250 proyectos.
Las personas detrás de los frascos
Luciana Imbrogno, hoy gerenta general, integró el equipo inicial. Recuerda que el desafío no era solo instalar un laboratorio o incorporar equipamiento, sino «aprender, investigar, desarrollar protocolos» y formar equipos capaces de generar conocimiento propio. Cada avance, cuenta, fue resultado de mucho trabajo, de experiencias que salieron bien y de otras que sirvieron para aprender.
Detrás hay una decisión política y económica. La empresa se sostiene con inversión del Gobierno provincial, y Miravet la resume así: «invertir en conocimiento es invertir en desarrollo».
Lo que viene
La próxima etapa mira hacia afuera. La Biofábrica proyecta internacionalizar sus producciones y busca alianzas en Cuba y Brasil, con vínculos con cooperativas de Santa Rosa, y hay interés por MIHOBA en formulación granulada. Imbrogno, por su parte, quiere que cada vez más desarrollos científicos se conviertan en herramientas concretas para la producción y la sociedad.
Queda un dato por conocer. El material no informa cuántos productores usan hoy MIHOBA, cuántas hectáreas abarca ni cuántos plantines salen por año. Con esos números sería más fácil medir hasta dónde llegó la apuesta de hace veinte años. La pregunta ya no es si en Misiones se puede hacer biotecnología sino cuánto de esa ciencia logra crecer fuera del laboratorio.
