La ciencia argentina diseña una alternativa para jubilar los pinchazos diarios para la enfermedad que sufrió Messi

Un equipo de la UBA y el CONICET logró que un sistema de nanopartículas libere el medicamento de forma gradual durante casi quince días. El avance promete transformar un tratamiento largo y sacrificado en una aplicación quincenal.

La historia se convirtió en una especie de mito fundacional del fútbol moderno: a los 11 años, un pequeño Lionel Messi comenzaba un tratamiento médico que consistía en inyectarse cada noche una dosis de hormona de crecimiento para revertir un déficit que amenazaba su desarrollo físico. Lo que para el astro mundial hoy es una vieja anécdota de la infancia, representa la realidad cotidiana y silenciosa de miles de chicos y adultos en todo el mundo que conviven con la misma condición genética u orgánica.

La hormona de crecimiento es una proteína grande y compleja producida por la hipófisis —una glándula minúscula ubicada en la base del cerebro— encargada de estirar los huesos, modelar los músculos y equilibrar el metabolismo. Cuando el cuerpo no la fabrica en cantidad suficiente, la brecha de estatura con los compañeros de escuela se hace evidente. El problema de la terapia de reemplazo actual es puramente biológico: la hormona sintética tiene una vida corta dentro del organismo; permanece activa apenas entre veinte y treinta minutos antes de degradarse. Para sostener su efecto, no queda otra opción que recibir un pinchazo subcutáneo diario durante años, hasta que el desarrollo óseo finalice.

Innovación en Biomedicina

Nanotecnología contra el déficit de crecimiento

Comparativa del tratamiento tradicional frente al nuevo desarrollo de la UBA y CONICET

20 a 30 Minutos
Vida útil de la hormona común

La molécula se degrada velozmente en el organismo, lo que obliga a los pacientes a recibir una inyección subcutánea cada noche durante años.

Hasta 15 Días
Liberación sostenida del nuevo gel

El sistema molecular argentino entrega la proteína de forma gradual, permitiendo espaciar la aplicación a una sola vez cada dos semanas.

Mecánica del Sistema
La estrategia de doble barrera

La hormona se aloja en nanopartículas de sílice poroso, las cuales quedan atrapadas dentro de una malla protectora de gel de colágeno natural.

Próximos Pasos
Validación biológica in vivo

El laboratorio busca financiamiento para ensayar la fórmula en ratones modificados, mientras investiga el uso de bioimpresión de tejidos en 3D.

Impacto directo en la adherencia: Reducir la frecuencia de los pinchazos evita la deserción del tratamiento, garantizando que los chicos alcancen las metas de crecimiento óseo y muscular propuestas por los médicos.

El peligro de tirar la toalla a mitad de camino

Esa rutina tan invasiva genera un desgaste lógico en el entorno familiar. «Es un tratamiento muy largo que requiere constancia y, si un chico se olvida o un día no tiene ganas, se suele pensar que no pasa nada«, explica Paolo Catalano, investigador de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y del CONICET.

El problema es que la falta de constancia pasa factura de inmediato. Cuando se interrumpen las dosis, las metas de crecimiento fijadas por los pediatras no se alcanzan. Los chicos pasan por el sacrificio del pinchazo diario para terminar perdiendo el sentido y el resultado del tratamiento.

Con el objetivo de quebrar este círculo vicioso, un equipo liderado por Catalano junto a Martín Desimone (ambos investigadores de la UBA y del CONICET) desarrolló un vehículo microscópico capaz de dosificar la hormona de forma inteligente. El trabajo, publicado en la revista International Journal of Pharmaceutics, constituye el corazón de la tesis doctoral de Luis Villarruel y contó con la colaboración de Sofía Municoy (IQUIMEFA) junto a Damasia Becú y Belén Brie (IBYME).


La estrategia de la doble compuerta molecular

La hormona de crecimiento es una molécula sumamente delicada. Si su estructura tridimensional se altera lo más mínimo durante el almacenamiento, deja de funcionar por completo. Tras descartar el diseño de un microdispositivo implantable por complicaciones técnicas, los científicos recurrieron a la nanotecnología: fabricaron partículas diminutas de sílice, un material poroso y totalmente biocompatible que ya se utiliza en la industria farmacéutica.

Sin embargo, el primer prototipo falló. Al medir la velocidad de escape, notaron que la hormona salía de los poros de sílice casi de golpe, liberando toda la dosis en apenas un día.

La solución definitiva llegó con una analogía de la vida cotidiana: agregar una segunda aduana. El equipo atrapó las nanopartículas de sílice dentro de un gel de colágeno, una proteína natural que funciona como una red tupida. De esta manera, la hormona debe sortear un doble obstáculo: primero tiene que despegarse del poro de sílice y, acto seguido, encontrar camino entre las mallas del colágeno. Este recorrido ralentizado logró sostener la entrega del medicamento por casi 15 días.


Un freno en el laboratorio y la esperanza del salto clínico

Aunque el déficit hormonal suele asociarse a los niños, también afecta a los adultos debido a tumores o lesiones cerebrales, provocando fatiga crónica y pérdida de masa ósea. Para ellos, pasar de 30 inyecciones mensuales a solo dos transformaría radicalmente su calidad de vida. En el mercado local ya existen dos opciones de aplicación semanal, pero la plataforma argentina busca estirar los tiempos aún más.

El proyecto demostró un éxito rotundo in vitro (en el laboratorio), pero el salto hacia los ensayos in vivo (en ratones modificados genéticamente) se topó con un obstáculo típicamente rioplatense: se quedaron sin insumos. La hormona utilizada había sido donada y, al ser un material importado sumamente costoso, las existencias se agotaron antes de probar el gel en los animales.

Lejos de cruzarse de brazos, el laboratorio aprovechó el parate forzado para diversificar la tecnología. Diseñaron una técnica de bioimpresión 3D para fabricar parches de colágeno con velocidades de liberación ultraprecisas y exploraron nanopartículas dendríticas, una nueva familia de materiales con «huecos» más grandes que permiten cargar mayor cantidad de hormona. La reciente difusión del avance generó el interés de una empresa privada que evalúa proveerles la hormona para reactivar los experimentos. La ciencia argentina ya demostró que la idea funciona en las probetas; ahora solo falta el empujón económico para comprobar si este desarrollo nacido en la universidad pública puede jubilar, de una vez por todas, las agujas diarias.

Por Daniel Ventuñuk
En base al artículo de Matías Ortale publicado en Agencia TSS

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