De cicatrices mineras a oasis ecológicos, el plan del CONICET para criar pejerreyes en canteras abandonadas

Un equipo de investigadores del Instituto de Limnología de La Plata (ILPLA) se encuentra relevando 20 canteras abandonadas en la provincia de Buenos Aires. El objetivo es evaluar la calidad de sus aguas y su topografía para implementar jaulas flotantes de cría de pejerrey o, en su defecto, reconvertir estos peligrosos espacios en senderos de socio-ecoturismo para las comunidades locales.

La provincia de Buenos Aires tiene una fuerte tradición en minería no metalífera, una industria vital que extrae piedra partida, caliza, arcilla y arena para la construcción. Sin embargo, cuando la explotación termina, el paisaje queda marcado por enormes aperturas en el terreno. Estas cavas, por la acción de las lluvias y las aguas subterráneas, terminan inundándose y convirtiéndose en lagos artificiales no regulados, donde los vecinos suelen ir a bañarse o pescar, asumiendo graves riesgos.

Para transformar este pasivo ambiental y social en una oportunidad, un equipo del Instituto de Limnología de La Plata (ILPLA, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA) puso en marcha un ambicioso proyecto. En convenio con la Subsecretaría de Minería provincial, los científicos están analizando las características físicas y biológicas de estos espacios para determinar su viabilidad en dos grandes frentes: la acuicultura ecológica y el socio-ecoturismo.

El desafío de criar pejerreyes en cavas

El ILPLA no es un improvisado en la materia. A fines de los años 90, impulsaron un novedoso método ecológico para criar pejerreyes en lagunas pampeanas utilizando jaulas flotantes. Estas estructuras poseen una red fina que aloja a miles de larvas, protegiéndolas de depredadores pero permitiendo el flujo de agua y la entrada de zooplancton, su alimento natural. Tras cuatro meses, los ejemplares juveniles son liberados al ambiente.

Ahora, el objetivo es trasladar este exitoso modelo a las canteras abandonadas. Sin embargo, el desafío técnico es mayúsculo, ya que la dinámica del agua en una cava difiere drásticamente de la de una laguna natural.

«En primer lugar, las dimensiones son muy distintas. La laguna de Chascomús ronda las 3.000 hectáreas, mientras que una de las cavas en las que trabajamos en Samborombón tiene 7 hectáreas. Además, al ser excavaciones profundas, presentan paredes a 90 grados que las reparan del viento, lo que significa que el agua es mucho más quieta», explica Darío Colautti, investigador del CONICET y director del ILPLA.

Acuicultura Ecológica

Lagunas Naturales vs. Canteras Abandonadas

El ILPLA (CONICET) estudia las diferencias ambientales para adaptar el exitoso sistema de jaulas flotantes de cría de pejerrey a los pasivos mineros inundados.

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Laguna Pampeana

  • Dimensiones: Miles de hectáreas (Ej. Chascomús, 3000 ha).
  • Dinámica: Cuerpos de agua abiertos, muy expuestos al clima y al viento.
  • Alimento: Altísima producción de zooplancton gracias a la circulación del agua.
  • Riesgos: Arrastre de contaminantes por arroyos afluentes y especies competidoras.
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Cava Minera

  • Dimensiones: Pequeña escala (aprox. 7 hectáreas).
  • Dinámica: Paredes a 90 grados que cortan el viento; agua muy quieta.
  • Alimento: Menor disponibilidad de zooplancton natural por falta de mezcla.
  • Ventajas: Excelente calidad de agua sin aportes externos ni contaminantes agrícolas.
Fuente: ILPLA (CONICET-UNLP) | Diseño: CientificaMente

Las ventajas y desventajas del agua quieta

Javier Garcia de Souza, también investigador del instituto, detalla que estas características imponen un escenario de pros y contras para la acuicultura.

Por un lado, la ausencia de afluentes (arroyos que desemboquen en la cantera) garantiza un agua de excelente calidad, libre del arrastre de contaminantes agrícolas o industriales, y con menor presencia de especies competidoras. Al ser ambientes cerrados y protegidos del viento, el proceso de cría puede realizarse de manera mucho más controlada.

En contrapartida, la quietud del agua es un obstáculo nutricional. En las lagunas abiertas, el viento mezcla el agua permanentemente, generando una explosión de producción primaria y zooplancton. En las canteras, esta inmovilidad reduce la disponibilidad de alimento natural para los peces. «El desafío es adaptar el método de tal forma que nos permita aprovechar las virtudes de las cavas, sustituyendo las condiciones favorables que en estos ambientes no están presentes», resume Colautti.

Mapeo 3D y turismo ambiental

En esta etapa inicial, el equipo está analizando 20 de las más de 300 canteras inundadas que existen en el territorio bonaerense, enfocándose en zonas como Samborombón, Florencio Varela y el Gran La Plata.

Los científicos toman muestras de agua y microorganismos, pero también realizan un mapeo topográfico subacuático utilizando ecosondas. Estos instrumentos emiten pulsos acústicos que rebotan en el fondo, permitiendo a los investigadores construir un mapa tridimensional exacto del relieve de la cantera.

Ailén Solanas, becaria del CONICET, aclara que la topografía de cada cava es un mundo distinto y no existe una regla general. Sin embargo, el proyecto contempla un plan B para aquellas canteras que resulten ser demasiado poco profundas o inaptas para la vida de los peces.

«En las que no cumplan con las condiciones para la acuicultura se pueden implementar actividades de socio-ecoturismo, ubicación de cartelería o senderos ambientales interpretativos. Es decir, intervenir sobre el ambiente de una manera más integral para generar nuevos atractivos para cada región», concluye Solanas.

De esta forma, la ciencia argentina busca cerrar el ciclo productivo de la minería, devolviéndole a la comunidad espacios seguros, educativos y ecológicamente rentables.

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