Un equipo de investigadores instaló cámaras trampa en el Parque Nacional Queen Elizabeth con la intención de monitorear felinos. Lo que descubrieron fue una escena digna de una película de terror epidemiológico: diez especies distintas devorando murciélagos portadores de un virus letal, mientras cientos de turistas ignoraban las advertencias de peligro y se acercaban a la cueva sin protección.
Cuando un grupo de investigadores instaló cámaras trampa el año pasado en el Parque Nacional Queen Elizabeth (Uganda), su objetivo era puramente ecológico. Querían monitorear los movimientos de los leopardos africanos y las hienas manchadas en su hábitat natural. Sin embargo, los dispositivos colocados en las afueras de la llamada «Cueva de la Pitón» —un conocido refugio de murciélagos frugívoros egipcios— terminaron registrando un hallazgo epidemiológico sin precedentes.
Las cámaras captaron un verdadero festín animal. Una multitud de criaturas se acercaba a la cueva para cazar y devorar a los mamíferos alados. El detalle escalofriante es que estos murciélagos (Rousettus aegyptiacus) son portadores confirmados del virus de Marburgo, un patógeno de la misma familia que el Ébola, capaz de causar una fiebre hemorrágica frecuentemente fatal en humanos.
Los huéspedes intermedios, captados en video
La ciencia sabe desde hace años que los murciélagos pueden transmitir virus a los humanos de dos formas: por contacto directo (orina, heces, mordeduras) o a través de un animal intermedio que haya cazado al murciélago y luego entre en contacto con personas. Hasta ahora, esta segunda vía se deducía mediante el trabajo de detectives forenses virológicos.
El estudio, publicado recientemente en la revista Current Biology, representa la primera vez que estos posibles animales «puente» son grabados in fraganti en un foco conocido de Marburgo. Gábor Kemenesi, virólogo de campo de la Universidad de Pécs (Hungría), asegura que este hallazgo documentado no tiene parangón.
Las imágenes son asombrosas. Los investigadores registraron a diez especies distintas alimentándose de los murciélagos. Vieron a monos azules sumergiéndose en la caverna para atraparlos, una feroz pelea entre un águila coronada y un varano del Nilo por un botín de dos murciélagos, y lo más impactante: un leopardo erguido sobre sus patas traseras, cazándolos en el aire.
«Nunca antes se había visto algo así. A veces, el leopardo se comía 30 o 40 murciélagos en una sola noche», relata Alexander Braczkowski, autor del estudio y director científico del Proyecto Leones de Kyambura en Kampala.

El factor humano y la negligencia turística
Si el banquete animal sorprendió a los científicos, lo que grabaron después los dejó paralizados. Durante los cuatro meses que las cámaras estuvieron activas, más de 200 personas —entre turistas, aprendices de institutos locales y niños en excursiones escolares— se acercaron a la cueva. A pesar de los carteles de advertencia sobre el virus de Marburgo (que no tiene vacuna ni tratamiento comprobado), los visitantes ignoraron las reglas. Solo uno llevaba mascarilla.
«Me quedé bastante impactada», confiesa Elke Mühlberger, viróloga de la Universidad de Boston. El estupor de la comunidad científica está más que justificado: el contacto con cuevas es el mayor factor conocido para contraer esta letal enfermedad. Según datos compartidos con la revista Nature, el 43 % de los 21 brotes de Marburgo confirmados desde 1967 estuvieron asociados directamente a la visita de cavernas.
La Ruta del Salto Zoonótico
Hallazgos en la Cueva de la Pitón (Uganda)
Pertenece a la misma familia que el Ébola. Causa una fiebre hemorrágica a menudo fatal. No existe vacuna ni tratamiento específico comprobado.
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Huéspedes IntermediosLas cámaras documentaron a 10 especies cazando murciélagos, incluyendo leopardos (hasta 40 en una noche), monos azules, águilas y varanos. Estos animales pueden convertirse en vectores del virus. |
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Negligencia HumanaMás de 200 turistas y estudiantes fueron grabados acercándose a la boca de la cueva, violando los perímetros de seguridad y sin mascarillas de protección, exponiéndose a fluidos infectados. |
Un historial letal
La Cueva de la Pitón no es un lugar inofensivo. Los murciélagos de esta colonia están vinculados directamente a brotes anteriores. En 2007, un brote en una mina a 50 kilómetros de distancia fue rastreado hasta animales que volaban desde allí. Además, entre 2007 y 2008, dos turistas que visitaron esta misma cueva se infectaron; uno de ellos falleció. Jonathan Towner, ecologista viral de los CDC de Estados Unidos, explica que las víctimas probablemente entraron en contacto con heces u orina mientras los animales volaban sobre ellos.
A raíz de aquellas tragedias, en 2011 se construyó una plataforma de observación parcialmente cerrada a 30 metros de la entrada y se colocaron señales de peligro. Aun así, los visitantes siguen burlando las normas y acercándose a escasos metros de la boca de la caverna, en un área que, a simple vista, parece un apacible entorno natural.
Ver a todos los depredadores interactuando con la colonia y sumar la negligencia humana fue un balde de agua fría para la ciencia. Como resume Braczkowski, al unir las piezas del historial del virus y las nuevas grabaciones, comprendieron la verdadera dimensión de la amenaza. «No es solo un dormidero de murciélagos. Es una bomba de tiempo».
Referencias:
Por Daniel Ventuñuk
En base al artículo de Edward Chen publicado en Nature
