Cuarentena: las personas no confían en las coberturas mediáticas y leen más de dos medios para informarse

El dato surge de una encuesta sobre hábitos informativos durante el aislamiento encabezada por la investigadora Mercedes Calzado.

La irrupción del coronavirus trastocó el mundo que conocíamos y trajo consigo un puñado de palabras nuevas. Una de ellas es infodemia. Remite a ese mal que se extiende entre las personas y los medios de comunicación a la par del virus: la sobreabundancia de información falsa. De hecho, el 92 % de quienes respondieron a una encuesta sobre hábitos informativos y uso de tecnologías para el entretenimiento durante la primera etapa del confinamiento mostraron preocupación por las fake news. Un 62 % de ellas confía en la información que brinda el gobierno, y solo el 8,4 % piensa que los medios están haciendo un buen tratamiento del COVID-19.

El estudio «Tecnología, noticias y entretenimiento en tiempos de aislamiento por el COVID-19» fue lanzando por un equipo de investigadores e investigadoras del CONICET en el Instituto Gino Germani. Encuestaron a 1.572 personas entre el 11 y el 15 de abril, de las cuales el 69 % dijo prestar atención a más de una fuente, lo que demostró que prevalece una alta pluralidad mediática -sobre todo en quienes consumen televisión y medios gráficos, más que en los usuarios de radio- para informarse.

«Cuando explotó el contexto noticioso del coronavirus, la percepción de la gran cantidad de noticias falsas viralizadas las primeras semanas de pandemia y el sensacionalismo de algunas coberturas, decidimos volcarnos a un estudio exploratorio sobre los hábitos informativos de los públicos en cuarentena. Desde hace algunos años veníamos revisando las características actuales de la producción periodística de la noticia sobre la inseguridad y sus modalidades de recepción en un proyecto de investigación orientado sobre noticieros televisivos e información policial, apoyados por el CONICET y la Defensoría del Público. Ahora quisimos estudiar cómo los públicos están viviendo este caudal de insólito de noticias sobre un mismo tema extendido en el tiempo», explica Mercedes Calzado, investigadora del CONICET y docente de la Carrera de Comunicación de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que encabezó la encuesta junto a Vanesa Lio, también investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS, CONICET-UNLP), y Ailén Ciruli, becaria posdoctoral de la UBA.

En el trabajo, la mayoría de las y los encuestados manifestó dedicar menos de dos horas a informarse. En cuanto a cómo se informan, el 81 % de las y los encuestados no leía ni lee el diario impreso. Twitter apareció como el principal canal de información para los más jovenes, seguido por los diarios online, y la TV de cable y aire, así como la radio, como la preferida en personas de más de sesenta años. Entre las sensaciones que despiertan las noticias, en un 69,9 % de las y los encuestados apareció la palabra incertidumbre, así como en un 45, 2 % la necesidad de estar más prevenidos.

«Nosotras creíamos que de los resultados iba a surgir una tendencia mayor a la sobreinformación sobre el COVID-19. Nos sorprendió que casi la mitad de quienes respondieron la encuesta leen, escuchan y ven la misma cantidad de información que antes de la aparición de la pandemia -señala Calzado-. Más que a informarse, quienes respondieron la encuesta, aseguran que durante la cuarentena le dedican más tiempo al entretenimiento, como mirar series y películas. Incluso, las actividades virtuales más escogidas son las recreativas, como clases de gimnasia y posteos de cocina, antes que las informativas».

En cuanto a aquellos otros usos de la tecnología durante la cuarentena, los resultados de la encuesta dejan ver que el 40 por ciento de lo que se comparte en las redes sociales es material de prevención del coronavirus, y que por WhatsApp se comparten, en cambio, memes y chistes en un 46 % de los casos, y en un menor porcentaje información concreta. Además, entre los encuestados, casi el 50 % comenzó a usar las videollamadas a raíz del aislamiento obligatorio, un 38 % usa la tecnología para hacer gimnasia y un 35 % para recetas de cocina. El 69 % de las y los encuestados bajó una App durante el confinamiento: en el 34 % de los casos esas aplicaciones son para hacer videollamadas. Asimismo, el 37 % dedica al menos una hora de cada día a ver series y películas, y un 40 % mira al menos tres películas por semana. La lectura parece ser la actividad ociosa menos elegida: del 10,7 % de la muestra, que manifestó que lee habitualmente, un 42 % dijo leer menos que antes del aislamiento, un 25 % leer más y un 32,5 % leer igual que antes.

Cuestión de familia

La cuestión que más les llamó la atención a las científicas que realizaron la encuesta fue que las coberturas de los medios estén tan negativamente caracterizadas entre las y los encuestados. «Como investigadoras vemos que la falta de credibilidad en la información generada desde ciertos medios es algo que las audiencias están dimensionando. Si a eso le sumamos que según la encuesta niños, niñas y adolescentes están activamente involucrados en la recepción de noticias sobre el virus, aparece aquí un punto interesante de intervención pública. La información sobre el coronavirus se vuelve una preocupación familiar y allí debieran aparecer más herramientas para ayudar a distinguir fuentes noticiosas confiables, información y desinformación, y para identificar voces en el murmullo general», apunta Calzado.

En ese sentido, la encuesta permitió saber que el 55 % de los niños y niñas ve entre dos y cuatro horas de pantalla de televisión diarias, y que la mayoría de esas horas están destinadas a contenidos por streaming. Además, que el 48 % usa más de cuatro horas por día elementos tecnológicos como tablets, celulares o computadoras, tanto para hablar con familiares como para trabajar contenidos escolares. El 66 % de las niñas y niños mira las noticias del COVID-19 junto con los adultos, y el 69 % de esta población, incluso, está «muy informada» sobre el tema: el 56 % de las y los niños tienen conversaciones sobre el tema.

«No se trata de cuánto tiempo estamos frente a las pantallas, sino de qué hacemos con ese tiempo. Y en la encuesta justamente aparecer una preocupación de los públicos por el uso del tiempo. Esta circunstancia excepcional puede ser una oportunidad para avanzar sobre una pedagogía de los medios que aporte herramientas formales e informales acerca del uso de los medios tradicionales y de las redes sociales», indica Calzado.

A un mes de relevados estos resultados, las investigadoras a cargo del estudio consideran que no hubo modificaciones sustanciales en cuanto a las tendencias observadas mediante la encuesta. «Vemos que la credibilidad en la información brindada por organismos gubernamentales y por áreas científicas se profundizó en estas últimas semanas, al tiempo que sigue siendo discutido el rol de las coberturas mediáticas», dice Calzado. A partir de esta foto que brinda el estudio, el grupo de investigadoras planea repetir el relevamiento, para cotejar el devenir de los hábitos noticiosos y de entretenimiento durante la cuarentena. «Queremos hacer un análisis cualitativo que permita acercarnos a cambios y continuidades en la conformación de estos públicos como una subjetividad de época –adelanta Calzado-. Es posible que ese sea nuestro próximo paso».

Por Cintia Kemelmajer

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