Un equipo chino identificó como denisovanos unos 20 fósiles hallados en Xujiayao, en el norte de China, a partir de las proteínas que conservan. Con ellos aparecen los rasgos del cráneo de estos parientes humanos extintos, aunque los especialistas advierten que una sola cara no alcanza para un grupo que vivió cientos de miles de años en un territorio enorme.
Una frente baja e inclinada. Un arco sobre los ojos grande y macizo que se curva hacia atrás. Órbitas rectangulares, pómulos planos y un puente nasal moderadamente elevado. Esos son los rasgos que, según los investigadores que estudiaron un conjunto de fragmentos de cráneo, dientes y mandíbulas hallados en el norte de China, definen a los denisovanos. «Por fin empezamos a ponerle cara al denisovano», dice Sally Wasef, paleogenetista de la Universidad Tecnológica de Queensland, en Australia.
De un dedo en una cueva a una familia de huesos
La historia empezó en 2010. Unos investigadores secuenciaron material genético de un hueso de dedo hallado en una cueva de Siberia y vieron que no se parecía al de Homo sapiens ni al de los neandertales. Era un tipo de humano desconocido hasta entonces, al que llamaron denisovano. Desde entonces se usaron proteínas antiguas para identificar como denisovanos restos de otras partes de Asia. Entre ellos está el cráneo casi completo de Harbin, el llamado «Hombre Dragón», identificado como denisovano en 2025 a partir de proteínas y de ADN mitocondrial hallado en el sarro dental.
Ahora, un estudio publicado en Nature suma otro conjunto. El trabajo se titula «The proteome of Middle Pleistocene Xujiayao and common Denisovan morphology» y salió el 21 de octubre de 2026. Analiza una colección de 20 fósiles hallados en Xujiayao, con una antigüedad de al menos 130.000 años. Los desenterraron en la década de 1970, junto con restos de animales y herramientas, y en su momento no estaba claro a qué tipo de humano pertenecían. Más tarde se los clasificó como una especie llamada Homo juluensis. Qiaomei Fu, genetista del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de Beijing, y su equipo analizaron proteínas antiguas de algunos de esos fósiles y concluyeron que eran denisovanos.
La prueba está en una letra
Si el ADN es el manual completo de instrucciones de un ser vivo, las proteínas son una versión resumida que se conserva mejor con el paso del tiempo. Wasef explica que las proteínas sobreviven más tiempo que el ADN sin degradarse del todo. El ADN da información más detallada sobre un individuo, pero con las proteínas igual se puede saber con quiénes estaba emparentado.
El equipo de Fu analizó fragmentos pequeños de proteínas, llamados péptidos, de dos huesos de Xujiayao y los comparó con los de humanos y neandertales. Encontraron un único cambio de aminoácido, uno de los eslabones que forman una proteína, que se repetía en varios péptidos de los huesos de Xujiayao y de otros fósiles del este de Asia. Es un marcador genético conocido de los denisovanos y no aparece en muestras humanas ni neandertales. Como una letra cambiada en una palabra que funciona como firma. Fabrice Demeter, paleoantropólogo de la Universidad de Copenhague, dice que esa variante, sumada al análisis filogenético del equipo, es una evidencia sólida de que los fósiles son denisovanos.
Una cara, rasgo por rasgo
Cuando el equipo miró la morfología de los fragmentos de cráneo, las mandíbulas y los dientes, vio que la parte superior y trasera del cráneo, incluida la calota que encierra el cerebro, era baja y ancha, como en Homo erectus. Los fósiles compartían rasgos con neandertales, humanos modernos y otros homínidos posteriores, como una escama temporal arqueada, un hueso plano de los costados del cráneo. Otros rasgos eran exclusivos de los denisovanos, entre ellos la forma aplanada y alargada del cráneo y una placa de hueso casi vertical en la parte trasera. Fu cree que conocer estas características comunes podría servir para clasificar otros fósiles que antes no se podían identificar como denisovanos.
Un lío de nombres
La identificación deja un efecto colateral. Los fósiles de Xujiayao habían recibido el nombre de Homo juluensis, y el cráneo de Harbin se había bautizado Homo longi en 2021, antes de que se lo reconociera como denisovano. Si otros ejemplares atribuidos a Homo longi resultan pertenecer al mismo linaje denisovano, los investigadores tendrán que evaluar cómo se aplican las reglas de nomenclatura y qué nombre corresponde usar. Dicho de otro modo, a lo mejor hay que decidir cómo se llaman los denisovanos.
Cuidado con la foto única
Demeter admite que la idea de Fu es posible, pero aclara que hace falta más evidencia genética o molecular, además de los rasgos físicos, para confirmar que todos esos fósiles son de la misma especie. Algunos rasgos pueden heredarse de un ancestro común, otros evolucionar de forma independiente y otros reflejar variación dentro de una población. Y advierte que difícilmente este estudio sea la última palabra, porque los denisovanos vivieron en un área enorme durante cientos de miles de años. Establecer una única morfología característica a partir de pocos fósiles podría subestimar la diversidad anatómica de esas poblaciones.
Para Demeter, el trabajo es un gran paso adelante y se suma a la evidencia de que los denisovanos eran un grupo extendido y posiblemente muy diverso.
La cara de los denisovanos
El hallazgo en números
Dos cráneos denisovanos
Los rasgos del rostro
La forma del cráneo
Cómo se llegó hasta acá
▼ Por qué se usan proteínas y no ADN
▼ Cómo se supo que eran denisovanos
▼ Los límites del hallazgo
Lo que viene
Lo más probable es que el retrato siga cambiando con cada fósil nuevo, y que a la proteína le toque seguir identificando huesos en lugares donde el ADN ya no sobrevive. Más que un retrato único, lo que se está armando es un mosaico de caras.
