Investigadores del CONICET en el Hospital Italiano, el Muñiz y el Clínicas crearon una estrategia molecular ultrasensible que detecta la infección aun con una cantidad mínima de parásitos e identifica qué especie exacta atacó al paciente. Esta precisión resulta clave para indicar el tratamiento adecuado antes de que la enfermedad avance hacia cuadros desfigurantes o potencialmente mortales.
En más de 98 países tropicales y subtropicales —incluyendo varias provincias del norte argentino—, la picadura de un pequeño insecto conocido popularmente como «jején» o flebótomo puede convertirse en el inicio de una pesadilla silenciosa. Las leishmaniasis conforman un grupo de enfermedades parasitarias desatendidas que ponen en riesgo a más de mil millones de personas en el planeta y generan hasta un millón de nuevos contagios al año.
El gran desafío médico radica en que el parásito Leishmania es un enemigo de múltiples caras: según la especie involucrada, puede manifestarse como úlceras dolorosas en la piel (leishmaniasis cutánea), destruir con los años los tejidos de la nariz, boca y garganta (leishmaniasis mucocutánea), o invadir órganos vitales como el bazo y el hígado (leishmaniasis visceral), una variante que desata fiebres graves y cobra entre 20.000 y 30.000 vidas anuales en el mundo si no se trata a tiempo.
Hasta hoy, el método de referencia habitual en las guardias consiste en buscar al parásito mirando una muestra al microscopio tradicional. Pero esta técnica tiene dos puntos ciegos críticos: si la carga parasitaria en la piel o la sangre es muy baja, el operador no llega a verlo; y aun cuando lo encuentra, todas las especies de Leishmania lucen prácticamente idénticas bajo el cristal.
Para terminar con esa incertidumbre, un equipo multidisciplinario del CONICET liderado por el Instituto de Medicina Traslacional e Ingeniería Biomédica (IMTIB, dependiente del CONICET, el Hospital Italiano de Buenos Aires y su Instituto Universitario) diseñó un algoritmo de diagnóstico molecular de alta precisión. El avance, publicado en la revista especializada Microbiology Spectrum, permite cazar el ADN del intruso e identificar al instante su identidad biológica.
La estrategia en dos tiempos y el gen delator
El nuevo protocolo ideado por las investigadoras funciona como una prueba de dos pasos complementarios basada en la reacción en cadena de la polimerasa (PCR), la técnica que permite multiplicar fragmentos microscópicos de material genético millones de veces para volverlos legibles.
«La primera es una PCR altamente sensible que permite detectar la presencia del ADN de Leishmania incluso cuando la cantidad de parásitos en la muestra es muy baja. Y con la segunda técnica, en las muestras que dan positivo, amplificamos y secuenciamos un fragmento del gen hsp70, lo que permite identificar con exactitud la especie responsable de la infección«, detalla Marikena Risso, primera autora del trabajo e investigadora del CONICET en el Laboratorio de Investigación Biomolecular en Enfermedades Infecciosas (LIBEI) del IMTIB.
Saber qué variante específica ingresó al cuerpo cambia radicalmente las decisiones en el consultorio. «Las distintas especies de Leishmania se asocian con manifestaciones clínicas muy diversas, por lo que contar con esta información ayuda a orientar el seguimiento del paciente y definir la terapia más adecuada«, subraya la investigadora Paula Ruybal, directora del proyecto en el IMTIB.
Nueva Estrategia Molecular contra las Leishmaniasis
Diagnóstico ultrasensible e identificación de especies mediante el gen hsp70
Transmitida por el jején en más de 98 países. La variante visceral es letal si no se interviene a tiempo.
El primer paso detecta cargas parasitarias mínimas; el segundo amplifica el gen hsp70 para saber la especie exacta.
Desarrollado con insumos argentinos y probado con éxito en los hospitales porteños Muñiz y de Clínicas.
Articulación con laboratorios de Salta, Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires para mapear la diversidad del parásito.
Soberanía sanitaria y trabajo en red hospitalaria
Lejos de ser una prueba confinada a un laboratorio teórico, la metodología fue testeada y validada en territorio con pacientes reales en colaboración directa con centros de referencia pública: la Sección de Parasitología del Hospital de Infecciosas Francisco Javier Muñiz y las divisiones de Infectología y Parasitología del Hospital de Clínicas José de San Martín (UBA).
Un valor agregado fundamental del desarrollo es que incorpora reactivos de producción nacional, lo que reduce costos, evita la dependencia de insumos importados y facilita su eventual escalado en centros asistenciales del interior del país.
«El algoritmo fue puesto a prueba con éxito en dos de los hospitales participantes, demostrando su robustez, sensibilidad y confiabilidad para el diagnóstico. Nos permitió integrar las capacidades de la investigación básica con la experiencia clínica directa de instituciones que reciben permanentemente pacientes con sospecha de leishmaniasis«, destaca Risso.
Para Ruybal, la clave de la medicina moderna está en la complementariedad: la mirada clínica del médico, la serología, la clásica microscopía y estas nuevas herramientas moleculares deben funcionar como piezas de un mismo rompecabezas para evitar diagnósticos tardíos.

Los próximos pasos hacia la salud pública
Con los primeros resultados consolidados, el equipo ya trabaja junto a autoridades sanitarias y laboratorios de referencia en un proceso de validación interlaboratorio para evaluar el desempeño de la herramienta en diversas provincias y reunir la evidencia necesaria para su futura adopción formal en el sistema público de salud.
La iniciativa cuenta con el impulso de un Proyecto de Investigación en Temas Estratégicos Territoriales en Red (PIET-R) financiado por el CONICET. Esta red federal nuclea a científicos del Instituto de Patología Experimental de Salta (IPE), la Universidad Nacional del Litoral (UNL), la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y la Universidad de Buenos Aires.
A través de esta alianza interprovincial, la ciencia argentina no solo busca llevar diagnósticos más rápidos y precisos a las regiones más postergadas, sino también trazar un mapa genético actualizado de qué especies de Leishmania circulan en el país, transformando el conocimiento biológico en un escudo protector para las comunidades más vulnerables.
