Para 2032, la infraestructura solar y eólica multiplicará por seis su superficie en el planeta. En la cumbre de desertificación de Ulán Bator, especialistas del PNUMA y científicos internacionales demostraron que, si se planifican con inteligencia ecológica, los paneles solares pueden rescatar minas abandonadas, proteger pastizales nativos y crear oasis en medio de las dunas.
La transición energética global suele explicarse a través de gigavatios, curvas de inversión y metas de descarbonización. Pero hay una variable física ineludible que a menudo queda fuera de la foto: el espacio. Cambiar los combustibles fósiles por fuentes renovables exige sembrar el planeta de millones de paneles solares, turbinas eólicas y torres de alta tensión. Y toda esa tecnología necesita suelo donde apoyarse.
El debate acaba de estallar con fuerza en Ulán Bator, la capital de Mongolia, durante la cumbre COP17 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación. Allí, el director de la Iniciativa Mundial sobre Tierras del G20, Muralee Thummarukudy, puso sobre la mesa una cifra que dimensiona la magnitud del desafío: hoy las energías renovables ocupan menos de 500.000 hectáreas en todo el planeta, pero hacia 2032 esa huella territorial trepará hasta los tres millones de hectáreas.
La pregunta urgente que divide a científicos y planificadores ya no es cuánto terreno van a ocupar, sino qué suelos elegimos intervenir y cómo van a quedar esos ecosistemas cuando las máquinas comiencen a operar.
La trampa de considerar que un pastizal es tierra vacía
A simple vista, una estepa infinita o un pastizal desolado pueden parecer el sitio perfecto para levantar un parque fotovoltaico de kilómetros de extensión. No hay ciudades cerca, el sol pega de lleno y no hace falta talar una selva. Sin embargo, los ecólogos advierten que esa mirada encierra una trampa peligrosa.
«Cuando ves un pastizal, podés llegar a pensar que se trata de una tierra vacía y preguntarte por qué no plantamos árboles o instalamos paneles solares. Pero esa lectura es un error: un pastizal es un ecosistema complejo en sí mismo«, explicó Thummarukudy durante las sesiones en Mongolia. De esas praderas dependen comunidades pastoriles milenarias, rebaños de ganado y una biodiversidad subterránea irremplazable.
Para Julian Blanc, jefe de la sección de Biodiversidad y Tierras del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el secreto está en cambiar el orden de las decisiones: primero hay que leer el territorio y recién después definir la ingeniería. En lugar de diseñar una planta en un tablero y mitigar los daños a posteriori, la evaluación socioambiental debe ser la brújula que defina la ubicación.
«Nada está libre de impactos«, remarcó Blanc, recordando que las comunidades locales son las que mejor conocen por dónde corre el agua durante las lluvias torrenciales o qué rincones son más vulnerables a las sequías. La lección se aprendió a los golpes: en la cuenca del río Shire, en Malawi, varias centrales hidroeléctricas analizadas de forma aislada parecían inofensivas, pero su efecto acumulado terminó alterando drásticamente la pesca y la vida de las poblaciones río abajo.
Crear vergeles en medio de la arena
Cuando la ingeniería dialoga con la ecología, los paneles solares dejan de ser simples placas oscuras para convertirse en escudos climáticos. Gayathri Nair, oficial de programa de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), explicó cómo la estructura metálica de los paneles genera un microclima virtuoso en zonas áridas: proyecta sombra sobre el suelo, reduce la evaporación del agua superficial y corta la velocidad de los vientos rasantes que levantan tormentas de arena.
En la India, esta combinación dio vida a proyectos de energía agrovoltaica donde los pequeños agricultores instalan paneles elevados sobre sus campos de cultivo. La electricidad generada impulsa bombas de riego eficientes y el excedente se inyecta a la red eléctrica local, generando un ingreso económico extra para las familias campesinas en un mismo metro cuadrado de tierra.
La experiencia más extrema de regeneración ocurre en los desiertos de China. El investigador He Jijiang, de la Universidad de Tsinghua, documentó cómo en el desierto de Tengger las sombras de los módulos solares permitieron que crecieran arbustos que fijan las dunas móviles, mientras el agua de lluvia que escurre por los bordes de los paneles es canalizada directamente a la vegetación, atrayendo colmenas de abejas para producir miel y forraje para animales. Más al oeste, en el árido desierto de Taklamakán, bombas solares transportan agua para regar cortinas verdes junto a las rutas y evitar que la arena sepulte el asfalto.
Renovables y Regeneración de Suelos hacia 2032
Claves para integrar la producción de energía limpia con la salud de los ecosistemas
La huella espacial de las renovables se multiplicará por seis, exigiendo evitar ecosistemas frágiles como pastizales nativos.
Los paneles solares reducen la fuerza del viento y la evaporación del agua, facilitando el crecimiento de vegetación que fija las dunas.
Proyectos en India demuestran cómo combinar bombas de riego con paneles sobre cultivos y venta de energía excedente a la red.
Reutilización de minas abandonadas en Sudáfrica y reciclaje integral de silicio, aluminio y minerales críticos al final de su vida útil.
La segunda vida de las minas y la minería urbana
Otra vía estratégica para evitar la colonización de tierras vírgenes es montar los parques solares sobre cicatrices industriales preexistentes. Un ejemplo emblemático se encuentra en Sudáfrica, donde se reconvirtieron antiguos yacimientos mineros abandonados. Estos terrenos ya contaban con subestaciones eléctricas y tendidos de alta tensión instalados, lo que abarató los costos de conexión sin tocar un solo metro cuadrado de naturaleza virgen.
Pero la sostenibilidad del modelo no termina en el campo. Thummarukudy advirtió sobre la importancia de cerrar el ciclo de vida de los materiales: las primeras generaciones de paneles solares ya están cumpliendo su vida útil de 25 a 30 años, abriendo el camino para la minería urbana. Recuperar silicio, plata y aluminio mediante reciclaje de alta tecnología evitará la apertura de nuevas minas en ecosistemas frágiles.
Para consolidar estas experiencias, el PNUMA y la agencia IRENA lanzarán una convocatoria global para recopilar y sistematizar proyectos renovables que hayan logrado restaurar tierras, proteger el agua y generar trabajo local. La transición energética avanza a paso firme, pero el verdadero triunfo de la ciencia será garantizar que, al apagar las chimeneas de carbono, dejemos la tierra en mejores condiciones de las que la encontramos.






