Cuando el hambre te pone furioso

Sentirse hambriento se asocia con emociones negativas como la ira y la irritabilidad. En cambio, disminuye la sensación de placer.

Por Bénédicte Salthun-Lassalle

El término coloquial de la lengua inglesa hangry se podría traducir como: «Estoy enfadado porque ¡tengo hambre!». Este vocablo surge de la contracción de las palabras inglesas hungry («hambriento») y angry («enojado»). Aunque no existe un equivalente en español, refleja un sentimiento compartido por muchas personas: estar enfadado o irritable cuando se tiene hambre. Esta sensación se percibe, sobre todo, en los más jóvenes. Pero ¿se trata de una simple impresión o de un fenómeno científicamente comprobable?.

Viren Swami, de la Universidad Anglia-Ruskin en Cambridge, y otros científicos se propusieron averiguarlo en un estudio con 64 voluntarios de Europa Central sanos y con una media de edad de 30 años (de 18 a 60 años). Durante 21 días, los investigadores hicieron un seguimiento de los participantes mientras llevaban a cabo sus actividades diarias en casa, en el trabajo o durante el fin de semana. A través de una aplicación de teléfono móvil, los sujetos debían responder cinco veces al día a una hora determinada preguntas relacionadas con la sensación de hambre, ira, irritabilidad, placer y excitación. Por ejemplo: «En una escala del 1 al 100, ¿qué hambre tienes ahora mismo? ¿Cómo de irritado (o excitado) te sientes?» En total se recogieron 9.142 respuestas. Según constataron los autores, el hambre aumentaba la ira y la irritabilidad, pero disminuía la sensación de placer, con independencia de factores tan variados como el sexo, la edad, el índice de masa corporal o la conducta alimentaria y el nivel de irritabilidad de partida de los participantes. Más en concreto, el hambre explicaba el 56% de la variabilidad de la irritabilidad, el 48% en relación a la ira y el 44% de la variabilidad del placer.

En resumen, cuando se tiene hambre, es más probable que se esté de mal humor. Algunos científicos creen que ello se debe al denominado efecto de agotamiento del ego: cuando el cerebro carece de azúcares (energía), funciona peor, lo que dificulta el control de las propias emociones. Parece lógico. Conocer este hallazgo puede ayudar a regular mejor ciertos aspectos del comportamiento negativo.

Referencia:
«Hangry in the field: An experience sampling study on the impact of hunger on anger, irritability, and affect». V. Swami, publicado en línea en PLoS ONE, 2022.

Fuente: INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

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