Hidrógeno multicolor

Tras el anuncio de inversiones millonarias durante la COP26, Carolina Vera, la investigadora argentina que integra el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU, asegura que la transición energética en el país será gradual y con hidrógeno de varios colores: verde, generado a partir de energías renovables, pero también azul, con gas natural y residuos que puedan ser capturados, y rosa, producto de la energía nuclear.

El cambio climático es una realidad inequívoca, que demanda respuestas urgentes. La Conferencia de la ONU (COP26), que finaliza este viernes 12 de noviembre en Glasgow, Escocia, puso de manifiesto que ya no hay lugar para los negacionistas del calentamiento global, pero tampoco tiempo que perder: las alertas de la comunidad científica exigen, de gobiernos y empresas, acciones categóricas. La primera semana del encuentro entregó un puñado de compromisos significativos, para reducir las emisiones de metano, frenar el proceso de deforestación y abandonar progresivamente el uso del carbón. Y muchos anuncios. Uno de ellos, la millonaria inversión que realizará la empresa australiana Fortescue en la Argentina, puso el foco en el que llaman el combustible del futuro: el hidrógeno verde.

La climatóloga Carolina Vera, investigadora principal del CONICET y profesora de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, integra desde 2015 el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas, como vicepresidenta del Grupo de Trabajo I, que evalúa los aspectos físicos del clima y su variabilidad. Es, además, coordinadora del Programa para la Transición Sostenible del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, y desde hace un año representa a la cartera científica en la Mesa Interministerial del Hidrógeno.

«Hay una urgencia: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero –comienza Vera–. El presupuesto de lo que se puede emitir de acá a 2030 requiere sobre todo una reducción muy grande en el sector energético, que significa el 60% o más de las emisiones. Por supuesto, no hay una única solución. A esa reducción en el sector energético se puede llegar a través de una diversidad de opciones. El hidrógeno es una de ellas. A lo que se apunta es a un incremento de las energías renovables, pero también a un uso eficiente de la energía, es decir, esto es un camino, porque es imposible pensar que el mundo deje de usar combustibles fósiles de un día para el otro. La Argentina, como la mayoría de los países productores de hidrocarburos, tiene una infraestructura instalada para producir, transportar y consumir determinado tipo de energía. Todas esas etapas hay que cambiarlas gradualmente».

Desde el anuncio del presidente Alberto Fernández en Glasgow, el hidrógeno verde está en el núcleo de las iniciativas sobre transición energética, pero lo cierto es que, como puntualiza la meteoróloga del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera y ex jefa de Gabinete del Ministerio de Ciencia y Tecnología durante la reciente gestión de Roberto Salvarezza, los primeros pasos de la llamada «economía del hidrógeno» en el país serán «multicolor».

«El hidrógeno -explica Carolina Vera- es un vector energético. No es que está en la naturaleza y lo capturamos para usarlo como energía, como el petróleo. Hay que obtenerlo. A partir del agua, por ejemplo, mediante electrólisis. Y para eso se necesita energía».

En efecto, el hidrógeno presenta muchas ventajas en términos de almacenamiento, versatilidad y transportabilidad, y en su uso no se emiten gases de efecto invernadero, por lo que se lo considera fundamental para el proceso de descarbonización de la matriz productiva y de actividades fuertemente emisoras de dióxido de carbono, como el transporte.

Pero no todo el hidrógeno es verde. Su «color» depende de qué energía se utiliza para obtenerlo. La inversión australiana en Sierra Grande, en la provincia de Río Negro, apunta a producir hidrógeno mediante cientos de molinos eólicos y una planta electrolizadora, es decir, utilizando una fuente de energía renovable.

«El hidrógeno verde es una alternativa, pero el camino seguramente va a ser multicolor –dice Vera–. Desde luego, no queremos producir hidrógeno gris o negro, que es el que se genera a partir de combustibles fósiles y genera residuos. Pero sí apuntamos a producir hidrógeno azul, a partir de gas natural, aprovechando el potencial de Vaca Muerta, generando residuos que puedan ser capturados. Eso supondría un paso importante en la transición energética. O hidrógeno rosa, como se llama al que se genera a partir de la energía nuclear. Y por supuesto, verde, el producido por energías renovables. Entonces, las actividades y procesos industriales que están usando hidrocarburos, petróleo, carbón, pueden empezar a hacer una transición hacia alguno de estos modelos en los que el hidrógeno esté involucrado».

La climatóloga –hoy a cargo de la coordinación ejecutiva de la iniciativa Pampa Azul– explica que este boom del hidrógeno «está traccionado por la demanda de países como Alemania o Japón, que usan mucho carbón y tienen poca capacidad de producción de hidrógeno verde. Para países como Australia, Chile, Canadá y ahora la Argentina, se presenta una gran oportunidad para producirlo a partir de energías renovables, como la eólica o la solar, y exportarlo».

Vera enumera los rubros que podrían «transicionar» cambiando su matriz energética a hidrógeno. «Esencialmente, se piensa en descarbonizar el transporte terrestre de carga de larga distancia, la aviación y el transporte marítimo. Esos son los nichos principales que identificamos en el Ministerio. También pensamos en motores a base de hidrógeno para la red ferroviaria. En la Argentina también el hidrógeno puede ayudar a transicionar la red instalada de gas, inyectando gas natural mezclado con hidrógeno, mejor si es verde, y si no, inicialmente podría ser azul. Y otra alternativa es su uso industrial, particularmente en siderurgia, incorporando el hidrógeno en la producción de acero».

Los efectos de esta reconversión en función de morigerar el cambio climático serían muy significativos. Sólo en la Argentina, según datos de 2016 del Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero y Monitoreo de Medidas de Mitigación, que administra el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, el transporte de superficie explica el 23,5% de las emanaciones por utilización de combustibles fósiles en el país. Es decir, 45,53 MtCO2eq (millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente) al año. A eso hay que agregar 1,06 millones de toneladas producidas por la navegación marítima y fluvial (nacional) y 1,88 millones de toneladas que genera la aviación civil (de cabotaje).

En el ámbito de los procesos industriales en los que podría utilizarse hidrógeno, la producción de hierro y acero en la Argentina es la responsable del 22,4% de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera: 4,49 millones de toneladas anuales.

Muchas son las expectativas puestas en el hidrógeno verde. Sin embargo, hasta no hace mucho parecían restringidas, sobre todo a partir de los altos costos que suponía, y aún supone, su producción mediante energías renovables. ¿Qué cambió ahora? «Diría que no mucho en términos de tecnologías de producción. Lo que cambió es la voluntad del mundo de transicionar. Vamos hacia un mundo que demanda hidrógeno verde y otras energías limpias, pero la apuesta es a futuro. Todavía sigue siendo costoso, la previsión es que esos costos bajen. Las empresas saben que tendrán que acompañar esa dinámica de transición, que los gobiernos van en esa dirección. Y para la Argentina, que se presenta al mundo como un escenario propicio para las energías renovables, el desafío será avanzar en la normativa de promoción de la cadena de valor del hidrógeno, que todavía se está discutiendo».

En esa cadena de valor, ¿los vientos patagónicos harán su trabajo y el país será un mero exportador de hidrógeno verde, motorizado por la inversión extranjera? «No, claro, el desafío es ir hacia otro modelo. En el Ministerio se venía trabajando en un proyecto de electrolizador –cuenta Vera–. El objetivo es que, además de los empleos directos e indirectos que genere esta iniciativa en Río Negro, la tecnología nacional sea también parte de desarrollos como éste. Y para eso es fundamental la investigación: desde el año pasado se viene trabajando en una convocatoria para proyectos de transición energética, en la que está incluido el hidrógeno, que se publicará antes de fin de año».

Fuente: NEX CIENCIA

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