Un fósil de unos 67 millones de años, hallado en Montana, revela un dinosaurio sin dientes y con pico de loro que habría vivido de los primeros frutos carnosos. Sería el primer dinosaurio no aviano especializado en comer fruta, aunque no todos los especialistas están convencidos.
Imaginá una ensalada de frutas del Cretácico. Las primeras plantas con flores aparecieron hace unos 130 millones de años y, con el tiempo, empezaron a dar una enorme variedad de frutos. Los paleontólogos se preguntaron durante mucho tiempo si algún dinosaurio los convirtió en su plato principal. Las aves primitivas ya aprovechaban la fruta hace unos 120 millones de años, pero entre los dinosaurios que no eran aves las pruebas escaseaban. Comían helechos, hojas, ramitas y ramas, y casi nada conectaba a alguno con una dieta basada en fruta.
Ahora, una investigación publicada este mes en Nature Communications presenta a un candidato. Se llama Infernogallus jamesi, algo así como «gallina del infierno», y vivió junto a Tyrannosaurus rex y Triceratops. Los autores dicen que su anatomía recuerda mucho a la de los loros actuales.
Infernogallus, el dinosaurio frugívoro
El dinosaurio en números
Hace cuántos millones de años
Las pistas en el fósil
▼ Qué es un caenagnátido
▼ Qué es una drupa
▼ La coincidencia en el tiempo
▼ Voces a favor y con reparos
Un cráneo que cabe en la mano
Infernogallus era un caenagnátido, un grupo de dinosaurios emparentados con los oviraptorosaurios, con plumas y sin dientes. Era una criatura del tamaño de un pavo, de unos 12 kilos. No hay que confundirlo con Anzu, otro caenagnátido del mismo yacimiento al que también se conoce como «gallina del infierno» y que era mucho más grande, similar a un avestruz.
El fósil se desenterró en julio de 2011 en la Formación Hell Creek, en Montana. Hace unos 67 millones de años, aquello era un paisaje húmedo y boscoso. La preparación lenta y cuidadosa dejó a la vista casi todo el esqueleto, excepto la cola, y es el hallazgo más completo de este tipo de dinosaurio. «Su cráneo cabe en la palma de la mano», cuenta Tom Dudgeon, paleontólogo del Museo Real de Ontario y coautor del estudio. El análisis microscópico de un hueso mostró anillos de crecimiento: era un adulto de al menos seis años, probablemente siete.
Más molinillo que tenaza
¿Cómo se deduce qué comía un animal que murió hace tantos millones de años? El equipo comparó el nuevo fósil con mandíbulas de otros caenagnátidos y con una gran base de datos de animales actuales. Descubrieron que en la parte superior del cráneo los músculos eran poco robustos, así que la mordida no era potente. En cambio, los músculos más fuertes estaban debajo de la boca, los pterigoideos, que permiten mover la mandíbula hacia adelante y atrás para triturar. Son músculos muy desarrollados en animales que aplastan material vegetal blando. El pico, además, tenía crestas características de quienes trituran alimentos blandos.
Dudgeon lo resume con una comparación. Entre las aves actuales, solo un grupo reúne todas esas especializaciones, los loros que comen exclusivamente fruta. Pensalo como la diferencia entre un cascanueces y una procesadora. Infernogallus no habría sido el primero sino la segunda.
Duraznos y cerezas de hace 67 millones de años
Greg Funston, paleontólogo de la Universidad Stony Brook y autor principal, cree que Infernogallus estaba adaptado a las drupas, los frutos con un carozo duro rodeado de pulpa más blanda. Serían el equivalente cretácico de las cerezas y los duraznos.
Las fechas acompañan esa idea. Cuando compararon el árbol genealógico del dinosaurio con el de las drupas, vieron que su linaje empezó a especializarse en comer fruta justo cuando evolucionaban las drupas. Además, los caenagnátidos se diversificaron en el momento en que esos frutos se volvieron grandes y carnosos. Para Dudgeon, antes los dinosaurios parecían no haber reaccionado a un recurso tan abundante.

¿Seguro que solo comía fruta?
Una parte de la comunidad se muestra cauta. Case Vincent Miller, paleontólogo de la Universidad Rovira i Virgili que no participó del estudio, considera que el cráneo es hermoso y que es una novedad entre los caenagnátidos. Pero advierte que el caso de una dieta exclusiva de fruta no está cerrado, porque es difícil distinguir entre adaptaciones para fruta y adaptaciones para otros vegetales blandos, como brotes y yemas.
Otros no tienen dudas. Steve Brusatte, de la Universidad de Edimburgo, tampoco participó y piensa que la interpretación se sostiene. «Al menos algunos dinosaurios disfrutaban ensaladas de frutas cretácicas», afirma. La revisión por pares se publicó junto con el artículo, y allí un revisor señaló que las conclusiones ecológicas son sobre todo cualitativas y no están respaldadas por análisis estadísticos.
Lo que viene
La discusión probablemente se resuelva con más fósiles. Los autores asignaron a la especie material adicional de Montana, Dakota del Sur y Dakota del Norte, y podrían aparecer más ejemplares para poner a prueba la idea. Si se confirma, los dinosaurios no solo convivieron con las primeras frutas sino que también respondieron a ellas. Y la próxima vez que veas a un loro pelando una fruta con el pico, tendrás delante un recuerdo muy lejano de aquella cocina.
