El lenguaje secreto de los monos que pone en jaque todo lo que creíamos saber sobre la evolución humana

Un equipo de lingüistas utilizó modelos matemáticos complejos para analizar los gritos de tres especies de primates y encontró algo fascinante. Descubrieron que sus comunicaciones esconden patrones gramaticales que hasta hoy considerábamos una barrera evolutiva exclusiva de nuestra especie.

Nos cansamos de escuchar que el lenguaje es esa gran frontera que nos separa del resto del reino animal. Nuestras charlas cotidianas, los libros que leemos y hasta los mensajes de WhatsApp que mandamos son estructuras complejas, versátiles y llenas de reglas matemáticas invisibles. Construimos oraciones metiendo ideas dentro de otras ideas, un mecanismo que la ciencia bautizó como «gramática recursiva suprarregular». Hasta hace muy poco, creíamos firmemente que ninguna otra criatura en la Tierra podía hacer esto.

Sin embargo, parece que estuvimos subestimando a nuestros vecinos evolutivos. Un nuevo estudio liderado por Remo Nitschke, lingüista de la Universidad de Zúrich, sugiere que al menos tres especies de primates no humanos manejan estrategias gramaticales sorprendentemente parecidas a las nuestras cuando se comunican en la selva. Los protagonistas de este hallazgo son el tití común (Callithrix jacchus), el mono colobo oliva (Procolobus verus) y nuestro pariente más cercano, el bonobo (Pan paniscus).


Matemática pura para descifrar la selva

Como todavía no tenemos un diccionario español-bonobo para saber exactamente qué significan sus gritos y cómo encajan entre sí, los investigadores tuvieron que recurrir a la matemática pura. Agarraron horas de grabaciones de audio y las pasaron por dos modelos computacionales distintos para intentar predecir qué sonido vendría después de otro.

El primer modelo analizaba los gritos asumiendo que eran puramente lineales. Imaginate un tren donde un vagón empuja al otro; una «gramática regular» básica que ya sabemos que muchos animales dominan. El segundo modelo, en cambio, estaba diseñado para buscar estructuras jerárquicas anidadas. Pensalo como las muñecas rusas matrioskas: pequeñas porciones de sonido con sentido propio metidas dentro de secuencias de gritos más largas. Esta última es la famosa gramática recursiva suprarregular, la que se suponía que era nuestro gran trofeo humano.

Primero probaron los sistemas con voces humanas para calibrarlos. Cuando finalmente volcaron los audios de los primates en el algoritmo, la sorpresa fue total: las llamadas de las tres especies contenían elementos de esa gramática compleja. «Demostramos por primera vez que los animales generan secuencias que comparten más similitudes con el lenguaje humano de lo que se pensaba«, explica Nitschke en el trabajo preliminar, que ya está disponible en la plataforma académica bioRxiv a la espera de la revisión de pares.

La Brecha del Lenguaje

Cómo los nuevos modelos matemáticos reclasifican la comunicación de los primates

Gramática Regular

Secuencias lineales donde un sonido predice directamente al siguiente. Es la base de comunicación comprobada en gran parte del reino animal.

Estructura Lineal y Probabilística

Gramática Suprarregular

Jerarquías anidadas complejas (sintaxis). Se creía exclusiva del ser humano, pero ahora se detectó en los llamados de los primates.

Estructura Recursiva (Anidada)

Especies analizadas en el estudio de Zúrich

Tití Común
Callithrix jacchus
Colobo Oliva
Procolobus verus
Bonobo
Pan paniscus

¿Qué nos hace humanos entonces?

Este descubrimiento no es un simple dato curioso; es una bomba de tiempo para los libros de biología. Si la sintaxis y la capacidad de anidar conceptos no son exclusivas de la mente humana, entonces la línea que divide nuestra evolución de la del resto de los primates es mucho más difusa.

Claro que los propios investigadores son cautos. Al basarse en probabilidades computacionales para descifrar un idioma que no hablamos, existe la posibilidad de que estas secuencias sean solo estructuras formales, algo parecido a la sintaxis que tiene la música, sin que necesariamente transmitan un mensaje profundo. Además, advierten que se necesitan bases de datos de audio mucho más grandes para confirmar que este patrón se mantenga en el tiempo.

Pero el interrogante ya está sobre la mesa. Si resulta que nuestros primos lejanos también ordenan sus gritos con gramática avanzada, la biología evolutiva tiene que replantearse todo. Como concluye el propio equipo suizo, si la sintaxis no fue ese paso mágico que nos permitió empezar a hablar… ¿cuál fue entonces la verdadera chispa que encendió el lenguaje humano?

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