El experimento sobre viajes fuera del cuerpo que dio un giro completamente inesperado

Un equipo científico intentó medir si las personas que afirman salir de su cuerpo podían identificar imágenes en una habitación cerrada. Fallaron en su objetivo principal, pero dos de los voluntarios describieron con una exactitud escalofriante lo que hacían los investigadores a escondidas.

Imaginemos la escena: un laboratorio en Brasil, un grupo de científicos detrás de puertas cerradas y 21 voluntarios dispuestos a poner a prueba uno de los grandes misterios de la conciencia humana. El objetivo del ensayo era claro y metódico. Querían comprobar si las personas que reportan tener «experiencias extracorporales» (o viajes astrales, como se los conoce popularmente) podían proyectar su mente hacia otra habitación y adivinar qué imagen se mostraba en la pantalla de una computadora.

Los resultados preliminares fueron, para ser sinceros, bastante decepcionantes. De los 21 participantes, 13 dieron descripciones de lo que supuestamente «vieron» en la pantalla, pero sus aciertos no superaron al simple azar. Si el experimento hubiera terminado ahí, habría sido un fracaso estadístico más. Sin embargo, en las entrevistas posteriores a las pruebas, pasó algo que dejó al equipo científico sin palabras.

Radiografía del Ensayo de Percepción

Resultados de las pruebas de experiencias extracorporales en Brasil

21 Voluntarios totales

Participaron del experimento principal

10 Viajes astrales

Afirmaron salir de sus cuerpos

2 Aciertos ocultos

Describieron a los científicos en secreto

El contraste de los resultados

El objetivo oficial: 13 participantes intentaron describir las imágenes proyectadas en la computadora de la otra habitación. Los aciertos no superaron el azar estadístico.

El hallazgo no planeado: 2 participantes ignoraron la pantalla y lograron describir con un 100% de exactitud las posiciones físicas y acciones (como tomar notas o leer un libro) de los investigadores detrás de la puerta cerrada.

Fuente: División de Estudios Perceptuales (DOPS), Universidad de Virginia | CientificaMente

El giro de guion que nadie esperaba

Sin que nadie se lo preguntara, uno de los participantes empezó a describir la otra habitación. Detalló cómo uno de los investigadores estaba sentado a la izquierda, concentrado en su computadora, mientras que otro estaba más al fondo, leyendo tranquilamente un libro. Poco después, otro voluntario relató que vio a un investigador sentado a la derecha tomando notas, y a su compañero a la izquierda frente al monitor.

¿El detalle que rompió los esquemas? Ambas descripciones eran cien por ciento exactas. Los registros del ensayo confirmaron que, en el momento exacto de las sesiones, los científicos estaban posicionados e interactuando exactamente como los voluntarios los describieron. Y lo más inquietante es que, según los organizadores, era físicamente imposible que los participantes hubieran espiado o visto a los investigadores a través de las puertas cerradas.


¿Estamos haciendo las preguntas correctas?

Este hallazgo no planificado sacudió al equipo liderado por la doctora Marina Weiler, investigadora de la División de Estudios Perceptuales (DOPS) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia (Estados Unidos). Aunque Weiler es cautelosa y aclara que estos aciertos casuales no pueden considerarse evidencia científica definitiva de los viajes extracorporales porque no eran el objetivo original a medir, abren una puerta fascinante.

El ensayo, que acaba de publicarse en la revista científica Explore junto a los investigadores Damon Abraham, David J.P. Acunzo y Niffe Hermansson, plantea una nueva hipótesis metodológica. ¿Y si mirar la pantalla de una computadora es un objetivo demasiado aburrido para una mente proyectada? Los científicos sugieren que los «blancos» u objetivos en este tipo de pruebas deben ser emocionalmente atractivos o visualmente memorables. Por ejemplo, en futuros estudios planean que los investigadores usen ropa de colores brillantes o elementos distintivos en la habitación secreta, para ver si los voluntarios pueden captar esos detalles sin depender de la vista física.

«Espero que este estudio nos anime a pensar de forma creativa sobre cómo ponemos a prueba estas experiencias«, reflexiona Weiler. «Si los estudios demuestran que las personas pueden obtener información exacta a la que no podrían haber accedido a través de sus sentidos ordinarios, tendríamos que replantearnos algunas de nuestras suposiciones sobre la relación entre la conciencia, la percepción y el mundo físico«.

En el fondo, lo que la División de Estudios Perceptuales está haciendo no es solo cazar fantasmas o validar mitos esotéricos. Están desafiando los límites de la biología y la física. Como bien resume la investigadora, el próximo gran paso de la ciencia tal vez no sea solo responder si las experiencias fuera del cuerpo son reales, sino replantearnos, de una vez por todas, qué tan amplia es la realidad que la conciencia humana es capaz de experimentar.

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