El orbitador europeo ExoMars detectó cloruro de hidrógeno sobre grietas jóvenes en los flancos de Alba Mons, al comienzo del verano marciano, cuando no debería haberlo. Los autores proponen que el gas sale de magma caliente bajo la superficie. No es una erupción ni una prueba de vida, y todavía no se confirmó que el origen sea magmático.
Marte tiene fama de planeta apagado. Un desierto rojo, helado, sin volcanes en acción desde hace millones de años. Pero un detalle químico que apareció sobre uno de sus mayores volcanes obligó a los científicos a mirar con otros ojos. Sobre unas grietas, en una época del año y en un lugar muy precisos, el orbitador europeo ExoMars Trace Gas Orbiter (TGO) detectó un gas que no tendría por qué estar ahí.
El estudio lo lidera Alexander Trokhimovskiy y se publicó el 4 de noviembre en Science Advances, con el título «Enigmatic HCl detections as a potential signature of igneous activity on Mars». El título ya dice lo importante, porque habla de una posible señal de actividad ígnea.
Alba Mons, el gas que podría delatar a un Marte dormido
El hallazgo en números
La válvula estacional
Cuánto gas es
Los instrumentos
▼ Por qué el HCl llama la atención
▼ Otras pistas de un interior caliente
▼ Qué es un sistema hidrotermal
▼ Lo que no significa
Un gas fuera de lugar
La historia empezó en 2021, cuando el TGO detectó por primera vez cloruro de hidrógeno (HCl) en la atmósfera marciana. En la Tierra, ese gas suele salir de los volcanes, de modo que la noticia despertó interés enseguida. Pero había una explicación más sencilla. El HCl no aparecía en todos lados ni todo el año, sino que variaba con las estaciones y con los ciclos del polvo y el agua. Por eso se pensó que se producía por reacciones químicas entre partículas de polvo salino suspendidas en el aire y vapor de agua. Un estudio independiente mostró que esa química heterogénea explica bien la distribución global y la estacionalidad del gas. Era una química sorprendente, pero atmosférica, y no hacía falta invocar volcanes.
Lo que no encajaba era una excepción. En Marte el HCl alcanza su máximo en el invierno del hemisferio norte y casi desaparece en verano. Pero justo al arrancar el verano, siempre sobre las fisuras en los flancos del volcán Alba Mons, el equipo vio picos del gas.
Dos tipos de pistas
Para entender qué pasaba, los científicos combinaron dos observaciones. Por un lado, los espectrómetros infrarrojos de la Atmospheric Chemistry Suite (ACS) del TGO identificaron el gas. Funcionan como un lector de huellas dactilares, porque cada molécula absorbe ciertas frecuencias de luz y deja una firma propia. Por otro lado, miraron fotos de la superficie tomadas por la cámara CaSSIS del propio orbitador y por los instrumentos HiRISE y CTX de la sonda estadounidense Mars Reconnaissance Orbiter. Ahí aparecieron fisuras jóvenes y angostas, algunas de cientos de metros de largo, rodeadas de cambios de color en el terreno. Los investigadores estiman que las deformaciones que las originaron tienen menos de un millón de años.
La interpretación es que esas grietas conectan la superficie con una fuente profunda de gases magmáticos. En invierno, con temperaturas que pueden bajar a unos 120 grados bajo cero, el hielo las sellaría en parte. Con la llegada del verano, ese hielo se sublima, es decir, pasa directo de sólido a gas, y deja escapar el HCl. Serían algo así como fumarolas volcánicas, como las de la Tierra, pero escondidas bajo una superficie mucho más fría.
Cuánto gas es
Conviene ponerlo en proporción. Suponiendo que el HCl dura un solo sol, un día marciano, en la atmósfera, los autores estiman un ritmo de filtración de menos de 3 kilogramos por segundo. El pico estacional, mucho mayor, que se produce cuando Marte está más cerca del Sol, ronda los 180 kilogramos por segundo y los autores no lo consideran directamente volcánico. Dicho de otro modo, el aporte volcánico sería una fracción muy pequeña de todo el HCl marciano, que sigue explicándose sobre todo por la química del polvo y del agua.

Un gigante con historia
Alba Mons es el volcán más extenso de Marte por superficie, aunque no el más alto, un título que sigue siendo del Monte Olimpo. No es la primera vez que la región da pistas de un pasado magmático complejo. Según el texto fuente, un estudio de 2024 cartografió unas 12.000 fallas cerca de Alba Mons, con señales de sucesivos episodios de deformación ligados a fuentes de magma. Y la misión InSight de la NASA registró más de 1.300 terremotos marcianos, buena parte de ellos en Cerberus Fossae, otra región volcánica, con indicios de una posible fuente magmática caliente a entre 30 y 50 kilómetros de profundidad. Trokhimovskiy lo describe como una línea de evidencia complementaria y potencialmente independiente de la existencia de magma.
Lo que no significa
«Nuestros hallazgos sugieren que Marte ha retenido suficiente calor interno para soportar actividad volcánica hasta hace poco y posiblemente todavía lo hace», dice Daniel Mège, profesor del Centro de Investigaciones Espaciales de la Academia Polaca de Ciencias y coautor. Pero no significa que vaya a haber una erupción. No se observó ningún flujo de lava nuevo ni una erupción reciente en la superficie. Lo que se propone es una actividad magmática latente, capaz de liberar gases sin que el magma llegue a salir.
¿Un refugio para la vida?
Si hay magma caliente en contacto con hielo o agua subterránea, podrían formarse sistemas hidrotermales, donde el agua circula a alta temperatura y se mezcla con minerales del interior. En la Tierra, ambientes así albergan microorganismos que viven sin luz solar, y obtienen energía de reacciones químicas. En Marte podrían ofrecer agua líquida, calor, energía y protección de la radiación. Por eso Mège cree que buscar vida marciana en esas fisuras «tendría mucho sentido». Pero no hay ninguna prueba de que exista vida allí, y ni siquiera está confirmado que el origen del gas sea magmático.
Colin Wilson, científico del proyecto ExoMars en la Agencia Espacial Europea, dijo que estos resultados podrían ser el mayor éxito del orbitador hasta ahora. Mège sugiere que las fisuras alrededor de Alba Mons podrían ser objetivos de interés para futuras exploraciones, porque los sistemas subterráneos podrían ofrecer más protección frente a las duras condiciones de la superficie. Mientras tanto, la pregunta sigue abierta. ¿Es Marte un planeta apagado o solo dormido? La respuesta, por ahora, es que unas brasas parecen seguir ahí, aunque falta confirmar de dónde sale el humo.
En base al artículo de José Manuel Nieves publicado en ABC
