Un equipo multidisciplinario del CONICET y la Universidad Nacional de Córdoba logró imprimir insertos de colágeno del tamaño de una lentejuela. El dispositivo libera la medicación de forma constante, evita el desperdicio de fármacos y busca frenar una de las principales causas de ceguera en el mundo.
Imaginate tener que ponerte gotas en los ojos varias veces al día, con la frustración de saber que tu propio cuerpo va a expulsar casi todo ese líquido en el primer parpadeo. Esa es la agotadora realidad cotidiana de miles de personas que sufren glaucoma, una enfermedad que aumenta la presión intraocular y daña el nervio óptico de manera silenciosa hasta provocar ceguera irreversible.
El ojo humano es una máquina biológica perfecta diseñada para limpiarse a sí misma, pero esa misma virtud defensiva se convierte en un dolor de cabeza gigantesco cuando intentamos medicarlo. El colirio tradicional tiene una efectividad bajísima porque las barreras naturales del ojo barren el líquido en cuestión de segundos. Frente a este cuello de botella médico, un equipo de científicos en la provincia de Córdoba decidió cambiar las reglas del juego.
Investigadores del CONICET en el Instituto de Investigaciones Biológicas y Tecnológicas (IIByT) y la Unidad de Investigación y Desarrollo en Tecnología Farmacéutica (UNITEFA), pertenecientes a la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), están desarrollando un diminuto dispositivo estéril que se coloca en el fondo del saco conjuntival del ojo. No es una gota, ni un parche externo, ni una pastilla: es un inserto milimétrico impreso en 3D.

Colágeno y nanotecnología a medida
La receta de esta innovación cruza fronteras entre la biología y la bioingeniería. La estructura del dispositivo está fabricada con colágeno, y en su interior funciona como un «vehículo inteligente» diseñado para transportar nanocristales de acetazolamida. Se trata de un fármaco fundamental para reducir la presión del ojo que, curiosamente, hasta ahora no existía en un formato que pudiera aplicarse directamente sobre la superficie ocular.
Al estar impreso en 3D y ser minúsculo, el inserto queda alojado de forma casi imperceptible y libera la medicación de manera localizada, constante y ultra controlada. «No alcanza con conocer el comportamiento del fármaco o diseñar el biomaterial, es necesario pensar también en cómo ese sistema va a interactuar con el tejido y qué condiciones debe cumplir para que pueda ser utilizado», explica Mariana Cid, investigadora del CONICET en el IIByT, quien lidera el proyecto junto a Santiago Palma en la UNITEFA.



De la mesada del laboratorio a la clínica
El avance no se quedó en los papeles. Tras lograr el diseño ideal en la computadora, el equipo (integrado también por Romina Comín, Juan Pablo Real, Ignacio Tártara y Hamoudi Awde) probó el sistema in vitro y luego avanzó a las pruebas en animales, utilizando conejos por la gran similitud funcional de su sistema ocular con el nuestro.
¿El resultado? El dispositivo cordobés logró mantener el efecto del fármaco durante varias horas ininterrumpidas, igualando la eficacia de los tratamientos convencionales pero utilizando dosis muchísimo menores.
Para lograr este hito —que acaba de ganar el segundo lugar en el certamen de tecnología UNC Innova— fue necesario un choque de mundos. Médicos, químicos, farmacéuticos, bioquímicos y expertos en ingeniería biomédica se sentaron en la misma mesa para atacar el problema desde todos los ángulos.
«Es importante destacar que esta potencial solución tecnológica para un problema de salud concreto es el resultado de años de trabajo sostenido en el tiempo, y que la colaboración interdisciplinaria es clave para acelerar esos desarrollos», subraya María Lina Formica, investigadora del equipo.
El próximo paso no es sencillo, pero el norte está claro. Según explica la becaria doctoral Julieta Ribotta, los esfuerzos están puestos ahora en estandarizar la fabricación, mejorar la adherencia del inserto a la humedad del ojo y prolongar todavía más el tiempo de liberación del fármaco.
La ciencia argentina vuelve a demostrar que, cuando se cruzan las fronteras de las disciplinas y se sostiene la inversión pública a largo plazo, se pueden literalmente imprimir soluciones que le cambian la mirada al futuro.
