Un recorrido etimológico que nace en la antigua India y cruza la Península Ibérica revela por qué la fruta bautizó al color y cómo se llamaba esa tonalidad antes de la llegada de los cítricos a Europa.
Hay dilemas que parecen salidos del acertijo del huevo y la gallina: ¿la naranja se llama así por el color, o el color adoptó el nombre de la fruta? Aunque la duda suele quedar flotando en charlas informales, la lingüística y la historia tienen una respuesta definitiva y documentada: la fruta llegó primero. Durante siglos, las culturas occidentales vieron el color, pero no tenían una palabra propia para nombrarlo.
Para entender cómo terminamos llamando a un color con el nombre de un cítrico, hay que rastrear la huella de los árboles de naranjo dulce y amargo en su lugar de origen: el sur de Asia.
Un viaje de la India a la Península Ibérica
Etimológicamente, la palabra naranja proviene del sánscrito nāraṅga (término que designaba al árbol de naranjo y que derivaba de una raíz dravídica que significa «aromático»). Con el comercio y las migraciones, la palabra inició una travesía geográfica y lingüística:
- Del sánscrito pasó al persa.
- Del persa derivó al árabe (nāranj).
- Durante la Edad Media, ingresó a Europa a través de la Península Ibérica, adaptándose al español como naranjo para el árbol y naranja para la fruta.
Fue a partir del término en español que la palabra se expandió al resto del continente. Los franceses la adaptaron como orange, vocablo que luego pasó intacto al inglés y a otros idiomas europeos.
La prueba del reloj: tres siglos de diferencia
Los registros históricos de la literatura confirman cuál uso apareció primero en el idioma:
- Para la fruta: Las primeras referencias escritas a la naranja como alimento en español datan del siglo XIII.
- Para el color: El uso de la palabra para describir la tonalidad intermedia entre el rojo y el amarillo recién aparece registrado hacia el siglo XVI.
Durante esos tres siglos de diferencia, los hispanohablantes comían naranjas, pero no «vestían de naranja» ni hablaban de «atardeceres naranjas».
¿Cómo se llamaba el color antes de los cítricos?
Antes de la llegada y popularización de estas frutas asiáticas en el mundo occidental, el color no tenía un nombre sustantivo propio. La gente se refería a esa tonalidad mediante la combinación literal de los dos colores primarios que la componen: «amarillo-rojo» o «rojo-amarillo» (en inglés, yellow-red).
Con el tiempo, la presencia cotidiana de la fruta fue tan fuerte que su nombre terminó absorbiendo al color, desplazando para siempre a la vieja denominación compuesta.
El Origen de la Palabra «Naranja»
Línea de tiempo y evolución del nombre de la fruta al color
Nació en la India para nombrar al árbol cítrico. Pasó al persa, luego al árabe (*nāranj*) y de allí al español.
Aparición del término escrito en castellano para referirse exclusivamente al fruto del naranjo.
Tres siglos después de nombrar la fruta, la palabra comenzó a usarse para describir la tonalidad cromática.
Denominación que se utilizaba en Occidente antes de que la fruta popularizara el término actual.
¿Naranja o anaranjado? Lo que dice la RAE
Otra duda habitual al hablar de este tema es qué término es el más correcto para referirse al color. Durante años, la Real Academia Española (RAE) otorgaba preferencia al adjetivo anaranjado en sus diccionarios tradicionales.
Sin embargo, respondiendo al uso extendido en todo el mundo hispanohablante, a partir de la vigésima tercera edición del Diccionario de la lengua española, la definición principal y más completa quedó consolidada bajo el sustantivo y adjetivo naranja, ratificando que la fruta que viajó desde la India no solo cambió nuestra dieta, sino también nuestro vocabulario cromático.
