Más allá del tiempo la arqueología revela que la identidad de género trasciende las fronteras de la historia

Solemos pensar que los conceptos sobre la identidad son un debate exclusivo del mundo moderno. Sin embargo, un revelador estudio arqueológico publicado en marzo de 2026 demostró que las personas que cruzaban las barreras biológicas y sociales existen desde hace al menos 7000 años. Cómo entendían el cuerpo las civilizaciones antiguas antes del descubrimiento del ADN y qué nos revelan las tumbas de nuestros ancestros más lejanos.

Si tuviéramos una máquina del tiempo y viajáramos a la antigua Atenas, a un monasterio medieval o a la Anatolia de la Edad del Bronce, veríamos diferencias claras en cómo las culturas marcaban lo que consideraban propio de hombres y mujeres. Peinados, ropas y roles sociales variaban drásticamente de un siglo a otro. Pero si le preguntáramos a los habitantes de esas épocas qué es exactamente lo que define a un ser humano, las respuestas nos dejarían sin palabras.

El concepto moderno que tenemos sobre el género está fuertemente anclado en descubrimientos científicos recientes. Hoy hablamos de cromosomas y hormonas, pero debemos recordar que las hormonas recién se descubrieron en 1849 y el ADN se identificó por primera vez en 1869. Antes de estos hitos de la biología, la humanidad entendía la identidad y los roles sociales de una manera completamente diferente, y los registros históricos demuestran que las personas que desafiaban esos límites siempre estuvieron allí.

Cronología de la Identidad

Evidencias históricas a través de los milenios

7000 Años de Antigüedad Es la fecha del reciente hallazgo arqueológico en Hungría publicado en 2026.
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La Edad de Piedra

Los esqueletos demuestran que algunos individuos biológicamente femeninos asumían roles sociales, trabajos y ritos funerarios exclusivamente masculinos.

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La Antigua Grecia

Autores como Heródoto e Hipócrates documentaron la existencia de los Enareos en Escitia, con descripciones muy similares a la identidad trans actual.

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Un Concepto Previo al ADN

La humanidad entendió el género de múltiples formas antes de 1869 (descubrimiento del ADN), basándose en la cultura, los roles legales y creencias locales.

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Fenómeno Universal

No existe una «primera persona trans». Los registros confirman su presencia en civilizaciones de todo el mundo, desde los mayas hasta el Antiguo Egipto.

Fuente Registros Antropológicos The Conversation | Diseño CientificaMente

La biología según los antiguos

Para entender este fenómeno, debemos mirar a través de los ojos de las culturas pasadas. Aristóteles, en el siglo IV antes de nuestra era, distinguía a hombres y mujeres basándose en la cantidad de calor y humedad que supuestamente albergaban en sus cuerpos. Contemporáneamente, el abogado griego Iseo los definía puramente por los privilegios legales que poseían en la sociedad.

A pesar de estas clasificaciones, siempre existieron individuos que no encajaban en los moldes tradicionales. En el siglo V antes de nuestra era, el historiador Heródoto y el médico Hipócrates documentaron la existencia de los Enareos en Escitia, un vasto territorio que hoy comprendería partes de Ucrania y Rusia. Las descripciones médicas y antropológicas que dejaron sobre estas personas coinciden asombrosamente con las narrativas actuales sobre la identidad de género, demostrando que el reconocimiento de estas diversidades es milenario.

El hallazgo que sacude a la Edad de Piedra

La evidencia más contundente de esta constante histórica llegó de la mano de la tecnología moderna. En marzo de 2026, un equipo de arqueólogos publicó un exhaustivo estudio sobre 125 tumbas de una civilización de la Edad de Piedra ubicada en la actual Hungría. Utilizando análisis de ADN avanzado y biometría ósea, los científicos determinaron el sexo biológico de los esqueletos, identificando a 64 hembras y 52 machos.

El patrón general mostraba una clara división social y laboral según el sexo biológico, evidenciada por los objetos enterrados junto a los cuerpos y las marcas de desgaste en los huesos. Sin embargo, los investigadores encontraron anomalías fascinantes.

Un esqueleto específico, catalogado biológicamente como femenino por su ADN, fue enterrado rodeado de herramientas de piedra exclusivamente asociadas a los roles masculinos de esa sociedad. Aún más revelador fue el análisis físico del desgaste óseo. Las lesiones por estrés de este individuo eran idénticas a las encontradas en los esqueletos masculinos, demostrando que vivió, trabajó y fue honrado en la muerte asumiendo un rol opuesto al que le dictaba su biología inicial.

Esta estatua hermafrodita de Pérgamo, Turquía, fue esculpida en el siglo III a. C. DEA/Archivio J. Lange/De Agostini vía Getty Images

Una constante en la comunidad humana

Resulta imposible entrevistar a una persona de hace 7000 años para saber cómo se percibía a sí misma o cómo definía su propia identidad. No obstante, la antropología nos confirma que existían rutas de vida normales para cada sexo biológico y que este individuo, junto a muchos otros a lo largo de la historia, decidió seguir un camino distinto al asignado.

Buscar a la primera persona trans de la historia es una tarea inútil, simplemente porque nunca hubo una sola. Los registros arqueológicos y antropológicos confirman su presencia en el Antiguo Egipto, en la China Imperial y entre los mayas. Lejos de ser una moda contemporánea, la diversidad en la identidad humana ha sido, desde el origen de nuestra especie, una parte intrínseca de la civilización.

Por Daniel Ventuñuk
En base al artículo de Ky Merkley y Nick Winters publicado en The Conversation

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