Durante años creímos que la vida necesitaba un «caldo primigenio» de agua tibia para comenzar. Sin embargo, las muestras traídas por la NASA del asteroide Bennu cuentan una historia diferente: los componentes básicos de la biología pueden formarse en los entornos más hostiles y fríos del sistema solar.
Los aminoácidos son los ladrillos fundamentales de la existencia, las moléculas que forman las proteínas y codifican el ADN. El consenso científico sostenía que su aparición en asteroides dependía casi exclusivamente de la presencia de agua líquida templada. Pero un nuevo estudio liderado por la Universidad Estatal de Pensilvania, y publicado en la revista PNAS, sugiere que el origen de estos componentes en el sistema solar primitivo fue mucho más diverso y hostil de lo imaginado.
Una cucharadita de historia cósmica
El equipo analizó una muestra de polvo espacial del tamaño de una cucharadita, recolectada del asteroide Bennu por la misión OSIRIS-REx en 2023. Al estudiar los isótopos de la glicina (el aminoácido más simple), descubrieron patrones que contradicen las teorías establecidas.
«Nuestros resultados dan un giro a la idea convencional sobre cómo se forman los aminoácidos», afirma Allison Baczynski, profesora de geociencias en Penn State. Según la experta, el análisis demuestra que estos bloques de vida pueden surgir bajo muchas más condiciones, no solo en presencia de agua líquida, revelando una diversidad inédita en los entornos de formación.

Del calor del agua al frío radiactivo
Históricamente, se pensaba que la glicina nacía mediante la «síntesis de Strecker», una reacción que requiere agua, amoníaco y calor. Sin embargo, los datos de Bennu indican que su glicina pudo originarse en hielos congelados expuestos a la radiación en los confines más remotos del sistema solar joven.
Para confirmar esto, los científicos compararon a Bennu con el famoso meteorito Murchison, caído en 1969. Mientras que Murchison muestra firmas de haber sido creado en un entorno cálido y húmedo (similar a la Tierra primitiva), Bennu presenta un patrón isotópico radicalmente distinto. «Esto sugiere que los cuerpos parentales de ambos proceden de regiones del sistema solar químicamente distintas», señala la investigadora Ophélie McIntosh.

El enigma de la quiralidad
El estudio también abrió una caja de Pandora química. Al analizar la «quiralidad» (la propiedad de las moléculas de tener una forma derecha o izquierda), hallaron que las dos formas del ácido glutámico en Bennu tienen valores de nitrógeno drásticamente diferentes. Esto desafía las leyes químicas actuales, que asumen que ambos pares deberían ser idénticos. «Ahora tenemos más preguntas que respuestas», concluye Baczynski, anticipando que este es solo el comienzo de una reescritura de la historia biológica del universo.
Por Daniel Ventuñuk
En base al artículo de Antonio Villarreal publicado en SINC
