Los agrovecindarios surgen como la respuesta rentable y ecológica a la expansión descontrolada de las ciudades

Las ciudades son hoy las mayores responsables del calentamiento global, pero un grupo de expertos en Brasil está demostrando que el problema puede ser la solución. El «agrovecindario» propone borrar la frontera entre lo rural y lo urbano, creando comunidades que no solo consumen recursos, sino que restauran la naturaleza y generan rentabilidad económica.

EL AGROVECINDARIO 🏙️🌿

Un nuevo modelo urbano para el siglo XXI

EL MODELO ACTUAL (Insostenible)
  • Genera el 70% de las emisiones globales.
  • Provoca islas de calor e inundaciones.
  • Desconecta a las personas de sus alimentos.
LA PROPUESTA (Agrovecindario)
  • Regenera tierras degradadas y acuíferos.
  • Integra viviendas con cultivos forestales.
  • Ofrece seguridad alimentaria y rentabilidad.

Dato PNUMA sobre Inversión Global:

Por cada $1 en soluciones naturales, se gastan $30 en inversiones que dañan el planeta.

Actualmente, las ciudades y pueblos albergan a más de la mitad de la población mundial y son responsables de aproximadamente el 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero que impulsan la crisis climática. La mala planificación urbana ha derivado en inundaciones, islas de calor y escasez de agua, alejando cada vez más a las personas de sus fuentes de alimento. Ante este escenario, Marcia Mikai y su equipo en Pentagrama Proyectos en Sostenibilidad y Regeneración están implementando un modelo disruptivo en Brasil: el barrio agroecológico.

Más que un barrio jardín

La propuesta se está probando en metrópolis como São Paulo, Brasilia y Curitiba, donde la expansión urbana suele devorar tierras agrícolas y bosques. El modelo de Mikai busca detener este crecimiento depredador regenerando tierras degradadas —muchas veces abandonadas tras el pastoreo intensivo— para combinar prácticas forestales sostenibles con edificios de uso mixto y centros de educación ambiental.

No se trata solo de estética. Estas zonas funcionan como esponjas naturales: refrescan la temperatura ambiente, reducen el riesgo de inundaciones al ralentizar el flujo del agua y reabastecen los acuíferos subterráneos. Además, convierten el crecimiento urbano en una herramienta de acción climática activa al absorber carbono de la atmósfera.

© Belterra/Bo Wang | Exposición de productos agroforestales en el sur de Bahía, Brasil: manzana, plátano y cacao.

La rentabilidad de lo verde

Mikai, quien lleva décadas estudiando los modelos financieros de los sistemas agroforestales, derriba el mito de que la sostenibilidad es costosa. «Una de las cosas que descubrí en mi investigación es que los barrios agroecológicos pueden ser muy rentables», asegura.

El atractivo para los residentes es inmediato: seguridad alimentaria y espacios comunes de calidad. «Los vemos como lugares donde jóvenes, mayores, ricos y personas con bajos ingresos conviven y se integran», afirma Mikai, convencida de que esta visión «romántica» puede convertirse en una realidad tangible.

© Belterra/Renato Stockler | Equipo de agroforestería trabajando en el cultivo de cacao en el sur de Bahía, Brasil.

El iceberg financiero

Este cambio de paradigma cuenta con el respaldo de datos globales. Un informe reciente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) revela una disparidad alarmante: el dinero destinado a inversiones que dañan el planeta (como energía fósil y construcción tradicional) es 30 veces superior al que se invierte en soluciones positivas como los barrios ecológicos.

Ivo Mulder, director de financiación climática del PNUMA, advierte que esta «financiación negativa» que hoy impulsa las economías terminará hundiéndolas si no se cambia el rumbo. Mulder aboga por dejar de ver la naturaleza como algo que debe estar en «parques nacionales vallados» y empezar a integrarla en la vida cotidiana para blindar a las ciudades contra climas extremos.

© Belterra/Renato Stockler | Mantenimiento del sistema de agroforestación en el sur de Bahía, Brasil.

Un futuro incubado en Brasil

El proyecto de Pentagrama cuenta con el apoyo de BioCidades Empreendedoras, un programa del PNUMA que incuba a 50 emprendedores que buscan soluciones de resiliencia climática. En un mundo marcado por la incertidumbre geopolítica y el pesimismo, imaginar ciudades productivas y verdes no es solo una necesidad ambiental, sino una estrategia para lograr una economía próspera y una mayor productividad social.

Por Daniel Ventuñuk

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