No se trata solo de evitar una quemadura momentánea, sino de comprender que la radiación ultravioleta deja una huella imborrable en nuestro ADN. Los especialistas advierten que el efecto del sol es acumulativo y refuerzan las medidas para prevenir desde manchas y arrugas hasta el letal melanoma.

Con la llegada de las altas temperaturas, la exposición al sol se vuelve una rutina inevitable, pero hacerlo sin la protección adecuada puede tener consecuencias irreversibles. Las autoridades sanitarias han reforzado sus advertencias: la radiación solar no solo quema, sino que se acumula. Esto significa que el daño celular generado hoy se suma al de años anteriores, aumentando exponencialmente el riesgo de desarrollar lesiones graves en el futuro.
La memoria de la piel
El espectro de daños es amplio. A corto plazo, vemos las clásicas quemaduras solares. Pero a largo plazo, la exposición crónica provoca un envejecimiento prematuro de la piel, caracterizado por la aparición de manchas, arrugas profundas y una pérdida notable de elasticidad.
Sin embargo, la preocupación central de los dermatólogos es el cáncer cutáneo. Las lesiones precancerosas pueden evolucionar en carcinomas (basocelular y espinocelular) o en el más temido de todos: el melanoma. Aunque es menos frecuente que los otros tipos, el melanoma es el más peligroso por su agresividad y su capacidad de diseminarse rápidamente a otros órganos si no se detecta en una etapa temprana.
El protocolo de defensa
Para combatir estos riesgos, las recomendaciones van mucho más allá de ponerse crema una vez al día. Los expertos sugieren un enfoque integral:
- Horarios prohibidos: Se debe evitar la exposición directa entre las 10 y las 16 horas, la franja donde la radiación UV alcanza sus picos de intensidad.
- El protector solar no es negociable: Se debe utilizar un producto de amplio espectro (que cubra UVA y UVB) con un Factor de Protección Solar (FPS) de 30 o superior. La clave está en la aplicación: debe colocarse 30 minutos antes de salir y reaplicarse rigurosamente cada dos horas.
- Barreras físicas: La ropa es la primera línea de defensa. Se aconseja el uso de sombreros, gorros, anteojos con filtro UV certificado y prendas que cubran brazos y piernas.
- Cero camas solares: Su uso está desaconsejado porque incrementa significativamente el riesgo de melanoma.
La importancia del autoexamen
Finalmente, la prevención activa incluye mirarse al espejo. Se recomienda realizar un autoexamen mensual de la piel, buscando manchas nuevas o lunares que hayan cambiado de forma, color o tamaño. Ante cualquier alteración, la consulta con un dermatólogo debe ser inmediata, especialmente en personas de piel muy clara, con numerosos lunares o con antecedentes familiares de la enfermedad.
