El dengue es un problema de salud global con cuatro «caras» distintas, o serotipos, lo que hace que la reinfección sea peligrosa y un tratamiento antiviral, una pesadilla. Para solucionarlo, la investigadora del CONICET Mehrnoosh Arrar, reciente ganadora del premio L’Oréal-UNESCO, no está usando tubos de ensayo: está usando las leyes de la física y simulaciones computacionales para desarmar el motor del virus desde adentro.
Cada año, 390 millones de personas contraen dengue en el mundo. Es un enemigo de salud pública formidable, no solo por su alcance, sino por su complejidad. El virus tiene cuatro serotipos (DENV-1 al 4) y, paradójicamente, haber tenido la enfermedad una vez puede ser un factor de riesgo: una segunda infección con un serotipo diferente aumenta las chances de desarrollar un cuadro grave, como la fiebre hemorrágica.
A pesar de esta amenaza global, la ciencia moderna aún no cuenta con una herramienta clave: un antiviral efectivo que pueda frenar la replicación del virus en una persona infectada. Encontrar esa molécula es una de las carreras más urgentes de la virología. Y en esa carrera, la investigadora del CONICET Mehrnoosh Arrar está tomando un camino completamente innovador.
Arrar, quien acaba de ganar la prestigiosa beca del Premio L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia” 2025, no busca la respuesta en pipetas y cultivos celulares, sino en el poder de las computadoras.
Simular para desarmar: el objetivo en la helicasa NS3
Desde el Instituto de Cálculo de la UBA, el equipo de Arrar se dedica a la simulación computacional. «Programamos en la computadora leyes de la química y la física para comprender el comportamiento de una proteína fundamental del virus del dengue: la helicasa NS3», explica la investigadora.
Esta proteína, la helicasa NS3, es una verdadera «navaja suiza» para el virus. Es una enzima vital que cumple múltiples funciones esenciales para que el virus pueda replicarse y hacer copias de sí mismo dentro de nuestras células. Y es precisamente esta multifuncionalidad lo que la convierte en el blanco terapéutico perfecto.
«Tratamos de entender las bases moleculares de sus funciones», detalla Arrar. El objetivo de las simulaciones es espiar la proteína a un nivel atómico para ver cómo funciona su «comunicación interna» entre distintos sitios funcionales. Si logran entender cómo «hablan» entre sí las distintas partes de la proteína, podrán diseñar una molécula que interfiera en esa conversación. «El objetivo es dilucidar cómo se puede intervenir en esta comunicación, para poder proponer moléculas que puedan servir como drogas antivirales», afirma.
Una llave para cuatro cerraduras
El gran desafío de combatir el dengue es que, en la práctica, es como combatir cuatro virus a la vez. Un fármaco que sirva para el DENV-1 podría no servir para el DENV-2. Pero la hipótesis del equipo de Arrar ataca este problema de raíz: creen que los mecanismos internos de la helicasa NS3 están «conservados», es decir, son prácticamente idénticos en los cuatro serotipos.
Si tienen razón, una droga que sabotee la helicasa NS3 funcionaría como una llave maestra capaz de frenar a las cuatro versiones del virus.
El proyecto es claro: primero, usar las supercomputadoras para entender la comunicación de la proteína; segundo, encontrar los puntos vulnerables (o «sitios de unión») donde un fármaco podría pegarse para interrumpir esa comunicación; y tercero, probar virtualmente una gigantesca «biblioteca» de moléculas para ver cuál encaja perfectamente en ese sitio.
De la computadora al tubo de ensayo
Pero el trabajo de Arrar no ocurre en un vacío digital. La investigadora destaca que el diálogo con los laboratorios experimentales es fundamental. «Trabajamos muy estrechamente con los laboratorios de Andrea Gamarnik y de Sergio Kaufman», señala.
Esta colaboración permite que las predicciones que surgen de las simulaciones se pongan a prueba en el mundo real, con el virus y la proteína en tubos de ensayo o en cultivos celulares. «De esta manera, podemos chequear o validar los modelos que estamos usando y comprobar que son adecuados», explica.
Por qué una científica estadounidense eligió Argentina
La historia de Mehrnoosh Arrar es también un testimonio del valor de la ciencia argentina. Nacida en Estados Unidos, hizo su carrera de grado en Florida y su doctorado en San Diego. En 2008, una pasantía de tres meses en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA le cambió la perspectiva.




«Aquella estadía me generó un enorme impacto. Tenía la sensación de estar rodeada de gente con mucho talento y pensamiento crítico, en un ámbito en el que había discusiones súper interesantes y, sobre todo, muchísima calidad académica», recuerda. Ese recuerdo la impulsó a regresar en 2014 para su posdoctorado, y ya no se fue. «Tengo un marido y dos hijos argentinos», comenta.
Sobre el premio L’Oréal-UNESCO, Arrar lo ve como un reconocimiento enorme, no solo para su trabajo, sino para visibilizar el desafío de las mujeres en la ciencia. «Nunca creí que pudiera ganarlo, mucho menos después de tener dos hijos. Para mí esta distinción es algo enorme, porque me parecía que no era sencillo compatibilizar la maternidad con la vida científica reconocida», concluye.
Por Daniel Ventuñuk
En base al artículo de Por Miguel Faigón
