Poner en hora al cuerpo

La aplicación «Mi reloj interno» permite obtener una serie de recomendaciones personalizadas para mejorar y regular los ritmos circadianos. Por primera vez un instrumento de estas características se basa en datos locales. Fue gestada y desarrollada íntegramente durante la pandemia por un grupo interdisciplinario de investigadoras argentinas.

Por Adrián Negro

El cuerpo es como una sinfonía, cada órgano toca su partitura, palpita su cometido con un ritmo y un ciclo determinado. La compleja sincronía de todas esas funciones es lo que termina dando cuerda y forma al reloj interno, una suerte de orquesta que ameniza el descanso y repercute en la salud. Así lo ilustra María Fernanda Ceriani, investigadora en el Laboratorio de Genética del Comportamiento de la Fundación Instituto Leloir y una de las integrantes del equipo interdisciplinario que desarrolló este proyecto durante la pandemia de COVID-19, junto a María Juliana Leone, de la Universidad Nacional de Quilmes y del Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Torcuato Di Tella; Lía Frenkel, del Instituto de Biociencias, Biotecnología y Biología Traslacional de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, y Paula Cramer del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación.

Según Ceriani, las restricciones que impuso la pandemia, con la población permaneciendo en sus casas, permitieron llevar a cabo un proyecto interesante. «Varias de nosotras venimos trabajando sobre el funcionamiento del reloj interno. Algunas, como Lía y como yo, en animales, y otras en humanos», relata la investigadora y agrega: «Más allá del objetivo inicial, Paula siempre remarcó que este desarrollo sirve para que mucha más gente tome conciencia de sus relojes».

El objetivo de la aplicación para smartphones, disponible para Android y ahora también para iOS, es coordinar los propios hábitos y actividades con el reloj interno y así obtener una mejor calidad de descanso, rendimiento y, finalmente, de salud. «La aplicación brinda recomendaciones que aconsejamos seguir durante al menos 15 días para luego volver a evaluarse y comparar si mejoraron los distintos parámetros asociados al descanso en función de los cambios realizados en algunos hábitos», explica Juliana Leone.

Para ello, la aplicación propone un set de preguntas relacionadas al sueño y los horarios de las actividades diarias. También interroga sobre la exposición a la luz solar, la permanencia en espacios abiertos o la luminosidad del ambiente. Sobre este punto incorpora un sensor de luz que permite medirla en los espacios más utilizados para obtener un diagnóstico y unas recomendaciones que tomen en cuenta ese dato. «La luz es uno de los estímulos más importantes para poner en hora y mantener saludable al reloj interno», comenta Leone.

Según detalla Fernanda Ceriani, la aplicación devuelve una foto del estado actual del usuario en forma de semáforo. Los distintos colores describen, para cada parámetro y característica, cuán alejada está su situación personal respecto a la de personas de la misma edad y género. «Te compara con personas que tendrían un reloj parecido al tuyo, aunque, por supuesto, no todos los relojes son idénticos», explica la investigadora.

Los datos que permiten esa comparación fueron recolectados hace un año mediante una encuesta anónima a más de cuatro mil personas sobre ritmos internos, hábitos y prácticas regulares que sirvió de base para desarrollar el algoritmo que motoriza a Mi reloj interno. «Para esto usamos un abordaje de machine learning -relata Paula Cramer-. Innovamos en el modo en el que analizamos los resultados. Y lo que puede observarse de lo recogido por la aplicación, si bien aún es muy incipiente, es que las recomendaciones parecerían ajustarse efectivamente a las necesidades de las personas que las reciben».

La encuesta, si bien se basó en datos de todo el país, cuenta sobre todo con información de habitantes del AMBA. La incógnita fue saber si serían útiles para otras regiones donde, por ejemplo, la siesta es un factor importante. «Sin embargo, en los parámetros que se analizaron, la población del AMBA puede describirse de forma semejante a la del resto del país y eso nos permitió extender nuestros resultados», aclara Ceriani.

Las investigadoras explican que no se pueden hacer inferencias sobre cómo afectó la pandemia porque lo obtenido es únicamente una foto de un momento particular del aislamiento. No obstante, esa situación excepcional sí permitió observar una enorme variabilidad, porque había personas que seguían trabajando afuera de sus casas y otras que no, gente más expuesta a la luz y gente más encerrada. Gracias a eso, se obtuvo una compleja comparación y, por ende, recomendaciones mejor ajustadas.

«No existía ningún instrumento de este estilo basado en hábitos nuestros», afirma Cramer y agrega: «Los hábitos sobre horarios para dormir, cenar, hacer ejercicio o socializar, tienen mucho impacto tanto en el descanso como también en el nivel de alerta para desarrollar actividades cognitivas a lo largo del día. Es muy importante tener estos datos situados y con los usuarios de la app seguimos recolectándolos».

De alondras y búhos

«Por tu edad y género, para un buen descanso nocturno, conviene no dormir siesta, o que sea corta y antes de las 17.00». Esa puede ser una de las tantas recomendaciones de la app. Sin embargo, no propone «normalizar» o «corregir» bajo una regla general, sino sincronizar al usuario en base a los propios hábitos y a la media, según edad y género.

Así, las posibilidades se juegan conforme a las particularidades que pueden tener las personas en función de sus relojes. De ese abanico se demarcan dos generalidades típicas: las alondras y los búhos. Gente muy activa con la primera claridad del alba los primeros; noctámbulos y amantes de la noche, los segundos.

Según Ceriani, hay personas que se ubican en un extremo: son muy matutinas o muy nocturnas: «Algunos de estos últimos tienen su pico de actividad a la madrugada, y eso les complica buena parte de la vida social. En los adolescentes hay un corrimiento de las fases, la mayoría son más nocturnos pero deben levantarse temprano para las clases pudiendo tener un examen a las 8 de la mañana con el cerebro apagado». En este sentido, Leone comenta que en los países en donde se aplicó un retraso del horario escolar, como en Estados Unidos, se observaron beneficios. «Sin embargo, para saber cuál sería un horario ideal de las clases en Argentina se deben hacer estudios y basar esa política pública en evidencia local», agrega.

Ceriani explica que las diferentes imposiciones de la sociedad tienen un impacto sobre el reloj, y ese impacto puede terminar, luego de un tiempo considerable de interrupción de su funcionamiento ideal, afectando la salud. Para Lía Frenkel, interferir a largo plazo con el funcionamiento del reloj puede acarrear problemas metabólicos como la diabetes, afectar la capacidad cognitiva y la toma de decisiones o el estado de ánimo, provocando, por ejemplo, algunas formas de depresión.

«Las disfunciones del reloj tienen impacto en el sistema inmune», afirma Fernanda Ceriani. Y se explaya: «Tenemos relojes en el cerebro que nos ponen en hora con la luz, pero también en todos nuestros órganos, y lo impresionante es que ellos controlan, con cambios a lo largo del día, cada una de las funciones. Cuando te desincronizás, esos relojes marcan horas distintas. Es, por ejemplo, el problema más grande que tiene tomar un avión que atraviesa muchos husos horarios».

De esta manera, si bien no puede decirse que haya un reloj correcto, sí se afirma que, como especie, los humanos somos diurnos. «Nuestra fisiología está preparada para estar activos durante el día y descansar a la noche. Eso restringe un poco qué tipo de ritmos vamos a encontrar en las personas», explica Leone. Sin embargo, hay diferentes cronotipos y variabilidad en los ritmos internos. «La cultura es otro gran factor que modula los ritmos, porque está relacionada con las costumbres y las actividades regulares», agrega.

Es sabido que Argentina mantiene horarios más nocturnos que otros países, algo que es notorio al momento de la cena. Esas costumbres también ponen en hora al reloj biológico. Para Cramer, esa modulación que hacen las actividades sociales no es gratuita: «Si uno vive en un lugar donde hay poca luz natural en alguna época del año, eso tiene algún impacto en la salud. Y por más que estemos habituados a tener actividades más noctámbulas, eso no quiere decir que sea gratuito o bueno solo por el hecho de ser regular», afirma.

Trabajo interdisciplinario
El equipo completo que dio vida a Mi reloj interno abarca diferentes disciplinas. En el armado de la encuesta trabajaron las sociólogas Elisa Epstein y Diana Munilla; en el análisis de datos, Ariel Haimovici, y en el desarrollo de la app, Ignacio Oroná y su grupo. Por su parte, el diseño gráfico y la comunicación en redes estuvieron a cargo de Milagros Wienert.

Fuente: NEX CIENCIA

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