Diagnosticar el párkinson mediante el corazón

Desarrollan una técnica que permite monitorizar tanto la pérdida de fibras nerviosas que inervan el músculo cardíaco, como los procesos de inflamación y estrés oxidativo asociados con la enfermedad.

 

En el momento del diagnóstico, alrededor del 60 por ciento de los pacientes con la enfermedad de Parkinson presenta daños importantes en las conexiones del sistema nervioso parasimpático que inervan el corazón. Ello incrementa la fatiga y la probabilidad de sufrir desmayos o caídas. Este deterioro cardíaco, que con el tiempo afecta a la totalidad de los enfermos, progresa con independencia de los síntomas motores y no responde a las terapias disponibles para el párkinson.

Ahora, Marina E. Emborg y su equipo, de la Universidad de Wisconsin-Madison, han desarrollado un método capaz de monitorizar esta degeneración nerviosa. Ello permitirá identificar los mecanismos implicados en el proceso, así como evaluar la eficacia de fármacos neuroprotectores.

La toxina 6-hidroxidopamina, 6-OHDA, induce la muerte neuronal, a la vez que incrementa la inflamación y el estrés oxidativo característicos del párkinson. Por consiguiente, administrada a primates no humanos, como los macacos Rhesus, reproduce los síntomas de la patología.

En el estudio, publicado por la revista npj Parkinson’s Disease, los científicos usaron 3 sustancias radioactivas a fin de detectar cambios en la inervación cardíaca, así como la evolución de los procesos inflamatorios y oxidativos, en los primates intoxicados. Las imágenes, obtenidas mediante tomografía por emisión de positrones o PET por sus siglas en inglés, mostraron variaciones a lo largo del tiempo en distintas zonas del ventrículo izquierdo. En concreto, la degeneración, inflamación y oxidación fueron claramente visibles tan solo 1 semana después del tratamiento con 6-OHDA, si bien se observó una ligera recuperación al cabo de 12 semanas.

Asimismo, la técnica permitió evaluar el efecto protector de un compuesto capaz de activar la respuesta antiinflamatoria del organismo y, en consecuencia, compensar la acción de la toxina.

Para Emborg y su equipo, los resultados sugieren que los pacientes podrían beneficiarse de esta tecnología no invasiva. De confirmarse la compatibilidad y especificidad de las sustancias radioactivas con el organismo humano, la enfermedad hasta podría diagnosticarse antes de la aparición de los primeros síntomas motores. Ello facilitaría la intervención temprana e incluso la prevención en sujetos con alto riesgo de padecer la patología.

Además, la degeneración nerviosa en el músculo cardíaco también se asocia a otros desórdenes, como el trastorno de conducta de sueño en fase REM o la diabetes. Así pues, el hallazgo podría beneficiar a pacientes con otras enfermedades.

Marta Pulido Salgado
Referencia: «In vivo imaging of inflammation and oxidative stress in a nonhuman primate model of cardiac sympathetic neurodegeneration», de J. M. Metzger et al. en npj Parkinson’s Disease, 4:22, publicado el 13 de julio de 2018.
Esta información ha sido publicada originalmente en Investigacion y Ciencia

 

 

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