Un equipo del CONICET y la UBA desarrolla un método para recuperar litio, cobalto, níquel y otros metales de baterías gastadas y devolverlos a la industria. La clave son cápsulas hechas con celulosa de plantas sin valor comercial que atrapan cada metal por separado. Ya funciona en el laboratorio con baterías de celulares, y el próximo paso son las de autos.
Abrí el cajón donde guardás los celulares viejos. Cada uno guarda una batería que, cuando se gasta, contiene metales valiosos y de mucha demanda. Si se la descarta sin tratamiento, esos metales se pierden y la batería termina como un residuo. En el Instituto de Química Física de los Materiales, Medio Ambiente y Energía (INQUIMAE, CONICET-UBA) trabajan para evitarlo.
Cómo se rescatan los metales de una batería usada
El proyecto en números
El proceso, paso a paso
La clave, las esponjas inteligentes
▼ Qué metales hay en cada tipo de batería
▼ Para qué se pueden reutilizar
▼ Los cuatro impactos que busca el proyecto
En qué etapa está
Un tesoro en el cajón
El proyecto busca reciclar baterías de ion-litio (LIBs, por sus siglas en inglés) y recuperar aluminio, litio, níquel, cobalto y manganeso para reutilizarlos en otras industrias. «En un esquema de economía circular», explica el investigador del CONICET Martín Negri, es fundamental poder recuperar esos elementos al final de la vida útil de las baterías. Pueden volver a usarse en nuevas baterías, semiconductores, pinturas, vidrios y hasta en elementos del campo de la medicina.
Hay un detalle poco conocido. Las baterías de ion-litio de celulares y de muchos electrodomésticos suelen tener cobalto, cuyo valor como materia prima es mayor que el del litio, y que se aplica en cerámicos, pinturas y electrónica. Los autos usan dos tipos de baterías, las de ion-litio y las de níquel-metal-hidruro (NMH). Las segundas contienen níquel y aleaciones de tierras raras como el lantano o el neodimio, con alto potencial en tecnología de semiconductores.
Cómo se desarma una batería
Primero hay que neutralizar la carga eléctrica de la batería gastada, para evitar explosiones al manipularla. Después se la desarma, triturándola o desensamblándola, y se separan sus componentes internos, como los electrodos y las membranas. A esas partes se les aplican procesos químicos para obtener líquidos acuosos en los que los elementos quedan disueltos.
Ahí aparece el verdadero problema. Esos líquidos son mezclas de sales, por ejemplo una de litio y otra de cobalto disueltas en el mismo recipiente. Es como tener sal y azúcar disueltas en la misma taza de agua y querer recuperar cada una por separado. No alcanza con sacarlas del líquido. Hay que obtener sales individuales y que no se contaminen entre sí.

Las esponjas inteligentes
El equipo resolvió esa separación con cápsulas que funcionan como «esponjas inteligentes», cada una diseñada para captar una sal determinada. Están hechas con biopolímeros, polímeros de origen natural, como la celulosa extraída de plantas nativas invasivas sin valor comercial. Según Negri, son benignas con el medio ambiente. Según la nota institucional del CONICET, la innovación de este desarrollo ocurre a escala microscópica.
La mitad del trabajo la hace así un residuo vegetal que no vale nada, y eso le agrega un giro de economía circular al proyecto.
Dos laboratorios, una idea
Del trabajo participan el Laboratorio de Materiales Compuestos y Energía (LAMCE), que dirige Negri en el INQUIMAE, y el Laboratorio de Polímeros (LP) del Centro de Investigaciones en Hidratos de Carbono (CHIDECAR, CONICET-UBA). Tienen capacidades complementarias y colaboran hace años en investigación aplicada en energía con empresas nacionales e internacionales.
Por este proyecto, Negri recibió en septiembre de 2026 la Distinción Franco-Argentina en Innovación, en la categoría Senior. Fue la décima edición del premio, organizado por el CONICET y el Institut français d’Argentine, de la Embajada de Francia, con el apoyo de TotalEnergies Argentina. El acto de entrega se realizó en la Embajada de Francia.
Del celular al auto
Hasta ahora, el equipo aplicó con éxito la metodología a escala de laboratorio en baterías de litio de celulares. El próximo paso es pasar a las de automóviles, y ya conversan con el área de sustentabilidad de una empresa automotriz. Negri destaca que el proyecto busca un impacto económico, al darle valor a materiales que de otro modo se perderían, y ambiental, al evitar que las baterías y sus metales se descarten sin tratamiento. También busca un impacto social, con acciones conjuntas con recicladores urbanos, y uno de transferencia de los conocimientos generados.
Queda una pregunta por responder. El material no informa cuánto del metal se recupera, con qué pureza ni a qué costo, y esos son los números que definen si un método de laboratorio puede pasar a la industria. En un país con litio en sus salares, la idea de recuperarlo también de lo que ya se usó merece seguirse de cerca.
