Científicos del CONICET y la UBA, junto con la empresa Sinergium Biotech, desarrollan una vacuna de ARN mensajero contra el H5N1 y ya consiguieron el apoyo de CEPI, una coalición internacional para prepararse ante epidemias. Está en etapa preclínica y el virus no se transmite eficientemente entre personas, pero el objetivo es tener una respuesta rápida y hecha en el país por si algún día lo hiciera.
Seis meses. Es, más o menos, lo que tarda hoy en estar lista una vacuna contra la gripe desde que se elige la cepa. «En un contexto pandémico, seis meses es una eternidad», advierte Andrés Sánchez Alberti, investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Microbiología y Parasitología Médica (IMPaM, CONICET-UBA) y líder del proyecto. Su equipo trabaja para achicar ese plazo, con una vacuna de ARN mensajero (ARNm) contra el virus H5N1, el de la gripe aviar.
Una vacuna argentina contra la gripe aviar
El virus en números
Dos maneras de hacer una vacuna
La estrategia del LITAN
▼ Los dos blancos del virus
▼ Quién hace qué
En qué etapa está
Un virus que cambió de hábitos
Durante décadas, el H5N1 fue un problema de aves. Eso cambió a partir de 2021, cuando empezó a circular entre aves silvestres y de granja una variante conocida como clado 2.3.4.4b (un linaje del virus), que pronto empezó a infectar a mamíferos como focas, zorros, gatos, vacas lecheras y hasta cerdos.
En personas, desde 1997 se reportaron cerca de 1.000 casos en 25 países. Lo que inquieta a los especialistas no es la cantidad, que sigue siendo baja, sino la letalidad. Aproximadamente la mitad de los infectados murió, una tasa altísima frente a la gripe estacional. La mayoría de los contagios fueron por contacto directo con animales infectados. El riesgo, explican, es que cuantas más especies de mamíferos infecte, más chances tiene de mutar y adaptarse para pasar de persona a persona. «Hay evidencia reciente que sugiere que la variante 2.3.4.4b ya tendría cierta capacidad de transmitirse entre mamíferos», dice Sánchez Alberti. Si diera el salto a una transmisión eficiente entre humanos, estaríamos ante la posibilidad de una nueva pandemia de influenza.
El problema de los huevos
«Hoy no estamos preparados para eso», admite el investigador. En 2009, durante la pandemia de gripe H1N1, las vacunas llegaron demasiado tarde para frenar las primeras olas. Parte del problema es un sistema de producción que casi no cambió en 70 años. La mayoría de las vacunas contra la influenza todavía se fabrica en huevos de gallina embrionados. Se inyecta el virus en el huevo, se lo deja crecer varios días y después se purifica.
Es un método confiable y barato, pero tiene límites. Necesita millones de huevos libres de patógenos. Además, cuando el virus se adapta al huevo puede mutar y la vacuna final se parece menos al virus que circula de verdad. Los cultivos en células evitan algunos de esos problemas, pero son técnicamente más complejos y caros de escalar.


Instrucciones en vez de virus
Ahí entra el ARNm, la tecnología que se hizo famosa con las vacunas contra el COVID-19. En lugar de cultivar virus, alcanza con conocer la secuencia genética de la pieza que se quiere que el sistema inmune reconozca. Es como entregar el plano en lugar de la pieza terminada, y las propias células de la persona vacunada fabrican la proteína. Según Sánchez Alberti, la primera vacuna de ARNm contra el SARS-CoV-2 se aplicó solo 64 días después de que se publicó la secuencia genética del virus.
Hay otra ventaja, menos vistosa pero igual de importante. La misma planta y el mismo proceso sirven, con ajustes menores, para fabricar vacunas contra otros patógenos. Una fábrica de ARNm no depende de un solo producto para mantenerse activa todo el año, un problema serio para las plantas que se instalaron en distintos países en la década de 2010 y que después cerraron por falta de demanda constante.
Dos blancos en vez de uno
El equipo del Laboratorio de Inmunotecnología de Ácidos Nucleicos (LITAN) compara distintas formulaciones de ARNm que codifican la hemaglutinina (HA) del H5. La HA es la proteína que el virus usa para entrar a las células. El objetivo es saber cuál genera mejor respuesta inmune, con qué dosis y con qué perfil de seguridad. «No estamos inventando una química nueva, sino aplicando una plataforma ya validada a un blanco distinto», aclara Sánchez Alberti.
Pero apostar todo a la HA tiene un techo, porque muta con cierta frecuencia y el virus puede escaparse de la inmunidad. Por eso el equipo suma la neuraminidasa (NA), la otra gran proteína de la superficie. Si la HA es la llave de entrada, la NA ayuda al virus a salir de la célula infectada para seguir contagiando. Bloquearla no evitaría necesariamente la infección, pero reduciría la cantidad de virus liberada, con menos síntomas y menos transmisión. Además, la NA muta más despacio y sus cambios no van de la mano de los de la HA. Una vacuna que apunte a las dos tiene una segunda línea de defensa más estable.
Para lograrlo, diseñan moléculas híbridas de H5N1 que combinan partes de ambas proteínas, con la idea de lograr una inmunidad más amplia y duradera, que proteja contra distintas variantes. Ya diseñaron más de una decena de antígenos candidatos (las piezas del virus que el sistema inmune aprende a reconocer). Los produjeron como ARNm encapsulado y los probaron in vitro e in vivo, con resultados que confirmaron que las células producen la proteína esperada y que se genera una respuesta inmune.


Ciencia pública, planta privada
El proyecto une un laboratorio de un instituto público con una empresa argentina que tiene años de experiencia en vacunas de influenza estacional. El convenio se firmó en 2025 y lo gestionó la Gerencia de Vinculación Tecnológica del CONICET. Natacha Cerny, investigadora del CONICET en el IMPaM, resume el reparto. El ámbito académico aporta la biología del virus, el diseño de antígenos y de secuencias de ARNm y los estudios de inmunogenicidad, es decir, comprobar si lo diseñado genera una buena respuesta inmune. Sinergium aporta los procesos industriales, la producción a mayor escala y el desarrollo clínico.
Belén Varela, project manager de Sinergium, señaló que la empresa está invirtiendo más de 20 millones de dólares en una planta que permitirá producir ARNm a escala comercial en el país. La coalición CEPI respalda el proyecto con una inversión de un millón de dólares y se comprometió a que, si se llega a desarrollar una vacuna con su financiamiento, esté disponible primero para las poblaciones en riesgo y a un precio accesible. Además, forma parte de un programa de la OMS y el Medicines Patent Pool que prevé compartir tecnología y conocimiento con otros fabricantes de países de ingresos bajos y medios una vez concluidos los estudios preclínicos.
La colaboración también forma gente. La doctora en Bioquímica María Alicia Delfino hace su posdoctorado con una beca cofinanciada por el CONICET y Sinergium. Para Sánchez Alberti, esa experiencia de llevar una idea de la mesada del laboratorio a un desarrollo con estándares industriales es difícil de conseguir en la formación académica tradicional.
Lo que falta
El equipo publicó, junto con personal de Sinergium, un artículo en la revista Vaccines que repasa las lecciones del Plan de Acción Global para Vacunas contra la Influenza de la OMS. Ese plan ayudó en los años 2010 a instalar plantas en países en desarrollo, pero muchas cerraron por depender de un solo producto. Luciano Chaneton, jefe de I+D de Sinergium, sostiene que no alcanza con instalar una planta. Hace falta sostenerla con una cartera de productos diversificada y con mecanismos de demanda predecibles.
Todo esto sigue en el plano preclínico, es decir, en laboratorio y en animales, antes de probar nada en personas. Los expertos del comité técnico que acompaña el proyecto recomendaron avanzar hacia estudios de fase 1 y preparar una eventual producción con buenas prácticas de manufactura. Hoy no hay una vacuna lista ni una pandemia a la vista. Lo que hay es una apuesta a no llegar tarde. Sánchez Alberti lo resume en que se puede desarrollar localmente una respuesta rápida ante amenazas como el H5N1, en lugar de depender de que la solución llegue desde afuera.
