El PNUMA concluye que el mundo superará el umbral de 1,5 °C del Acuerdo de París, pero advierte que el pico de calentamiento podría quedar en 1,7 o 1,8 °C si las emisiones caen un 18 % para 2030. Las emisiones globales se estancaron en 2025, con un aumento récord en Estados Unidos, y las promesas nuevas casi no mueven la aguja.
Imaginá que vas por una ruta y ya te pasaste del límite de velocidad. No es lo mismo pasarse por poco y frenar enseguida que seguir con el pie en el acelerador. Algo parecido plantea el último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). El umbral de 1,5 °C respecto de los niveles preindustriales se va a superar, pero todavía se puede lograr que el exceso sea «lo más bajo y breve posible».
Pasarse de 1,5 °C y cómo limitar el daño
Los números clave
Los recortes que hacen falta
Qué temperatura nos espera
Quién aumentó más en 2025
Una década, dos tendencias
El G20 y los objetivos 2035
Cuánto tienen que bajar los fósiles
Para entender el informe
▼ Los objetivos del primer Balance mundial
▼ Una mejora que es solo contable
▼ Qué viene en la COP31
Pasarse, pero lo menos posible
Para lograrlo, según el informe, los países tendrían que recortar sus emisiones un 18 % para fines de esta década, un 45 % para 2035 y un 69 % cinco años después. Con ese camino, el pico de calentamiento (el máximo que alcanza la temperatura antes de empezar a bajar), previsto hacia mediados de siglo, quedaría en 1,7 o 1,8 °C. «Superar no significa capitular», dijo el secretario general de la ONU, António Guterres.
Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA, puso el foco en el costo de no hacer nada. Cada fracción de grado y cada año extra por encima de 1,5 °C agravan los impactos, como las inundaciones mortales, las olas de calor y los incendios forestales que arrasaron varios países este año. Debemos hacer todo lo posible para limitar el pico y volver a 1,5 °C a fin de siglo, sostuvo. Su frase de cierre fue corta: «Es posible».
El escenario alternativo es bastante peor. Si siguen las políticas actuales, el calentamiento llegará a 2,8 °C a lo largo de este siglo y seguirá subiendo después. El informe también marca que las oportunidades de actuar son mayores que nunca. Desde 2015 las renovables tuvieron un auge fulgurante, el suministro de energía basado en carbón y petróleo creció más despacio de lo previsto y las políticas climáticas lograron bajar las emisiones en muchos lugares.
Estados Unidos, el mayor salto de 2025
Las emisiones globales se estancaron en 2025, pero no por igual en todas partes. Las de Estados Unidos crecieron 133 megatoneladas de CO₂ equivalente, el mayor aumento de cualquier país, impulsado por una mayor demanda eléctrica y un repunte de la generación a carbón. Les siguieron Türkiye (24,4), Irán (18,9) e Indonesia (17,4). Es un dato incómodo para Türkiye, que será anfitrión de la próxima cumbre del clima.
El PNUMA responsabiliza a Estados Unidos del empeoramiento de las proyecciones respecto del año pasado. Una de las dos razones es su retirada formal del Acuerdo de París. La otra es la revisión de las estimaciones históricas de emisiones. El informe también señala que es el único país del Anexo I (los países desarrollados con obligación de reportar sus emisiones) que no presentó su inventario desde 2024.
Una mejora que es puro maquillaje
Hay un dato que engaña. La brecha de implementación para 2030, la distancia entre lo que los países prometieron y lo que sus políticas alcanzan, parece haberse achicado. El PNUMA aclara que «esto no refleja una acción política más fuerte». La razón es contable. Al retirarse Estados Unidos, su compromiso salió de los cálculos globales y fue reemplazado por proyecciones basadas en sus políticas actuales, que son más altas. Sin ese cambio, subraya el informe, la brecha apenas se movió.
Un G20 desparejo
Pero el problema no es de un solo país. China, India, Indonesia y Rusia también registraron aumentos o variaciones. India cortó una tendencia de crecimiento rápido gracias a las renovables, y China podría estar cerca de su pico de emisiones en los próximos años. En la última década, 124 países aumentaron sus emisiones (7,2 gigatoneladas más en total) y 63 las redujeron (1,8 menos).
El G20, sin contar a la Unión Africana, sigue concentrando el 76 % de las emisiones globales. De sus 17 miembros considerados por el informe, solo 14 presentaron nuevos objetivos para 2035, y las contribuciones nuevas tienen un impacto «casi nulo» en las emisiones proyectadas. Los tres que no lo hicieron son Estados Unidos, Arabia Saudita y Argentina.
En el caso argentino la situación tiene matices. En noviembre de 2025 el Gobierno presentó su tercera contribución determinada a nivel nacional (NDC 3.0), con una meta de emisiones netas de no más de 375 MtCO₂e para 2030 y 2035. Lo hizo con el argumento de que era «más ambiciosa» en términos metodológicos y de calidad de la información. Sin embargo, un pedido de informes en la Cámara de Diputados sostiene que la presentación formal ante la Convención del Clima de la ONU no se concretó. Por su parte, el análisis de una organización ambiental afirma que la meta es menos ambiciosa que la anterior y que congela el nivel entre 2030 y 2035.
También importa quién emite cuánto por persona. Estados Unidos, Rusia, China y la Unión Europea están por encima de la media mundial de 6,4 toneladas de CO₂ equivalente por habitante, mientras que India e Indonesia están muy por debajo.
Del compromiso a la ejecución
El informe pide acelerar los objetivos del primer «Balance mundial», el proceso que evaluó entre 2021 y 2023 el progreso colectivo hacia las metas de París. Entre ellos están triplicar la capacidad de renovables, duplicar el ritmo anual de mejora de la eficiencia energética para 2030, abandonar los combustibles fósiles en los sistemas energéticos, reducir las emisiones distintas del CO₂ y frenar e invertir la deforestación. En la mayoría, el avance sigue siendo insuficiente.
Para mantenerse en el escenario de menor exceso, la participación del carbón, el petróleo y el gas en el suministro energético tendría que caer al menos un 55 %, un 15 % y un 5 % respectivamente para 2035 respecto de 2025. Para 2040, las bajas serían del 75 %, el 30 % y el 35 %.
El segundo Balance mundial empieza el mes próximo en la COP31 de Antalya, y puede apoyarse en estos resultados para reafirmar las prioridades, extender las metas numéricas hasta 2035 y 2040 y volverlas más concretas. Será la primera prueba de si «superar» se traduce en un plan o en una palabra más.
