Pensaron que rescataron a un gatito abandonado y descubrieron una especie que la ciencia ignoró por un siglo

Un hombre adoptó a lo que creía era una mascota común y terminó revelando uno de los hallazgos biológicos más fascinantes de nuestra era. La historia del Leopardus tilcayo y cómo la genética está obligando a reescribir de urgencia el árbol genealógico de los felinos sudamericanos.

Todo empezó con un rescate fortuito que parecía calcado de una historia cotidiana. En 2017, un hombre que caminaba por una ruta cercana a un bosque en Bolivia se topó con un gatito abandonado. Creyendo que era una cría de alguna raza doméstica un poco exótica, se lo llevó a su casa. Lo crio durante un año, hasta que la realidad se volvió innegable: ese animal de rostro arrugado, orejas redondas, bigotes larguísimos y pelaje repleto de manchas parecidas a las de un leopardo, era definitivamente salvaje. Fue entonces cuando decidió entregarlo al santuario de vida silvestre Senda Verde, ubicado en las laderas subtropicales de los Andes bolivianos.

Ese llamado telefónico alertando sobre un «gato raro» llegó a los oídos de Paola Nogales-Ascarrunz, bióloga, exploradora de National Geographic y fundadora del Programa de Investigación de Félidos Bolivia. Cuando llegó al santuario, la investigadora quedó hipnotizada. «Le saqué cien fotos, estaba totalmente fascinada«, recuerda.

Lo que Paola no sabía en ese momento era el enorme secreto que escondía ese pequeño felino: estaba a punto de convertirse en la primera especie nueva de la familia de los gatos descubierta en más de 100 años.

La exploradora de National Geographic Paola Nogales-Ascarrunz posa junto al felino que encontró por primera vez hace casi una década. Es coautora de un nuevo artículo científico que lo clasifica como una nueva especie. |
Fernando Faciole, National Geographic Society

El misterio de las manchas incorrectas

Al principio, la ciencia hizo lo que suele hacer: encasillarlo en lo conocido. Nogales-Ascarrunz asumió que el animalito era un Leopardus tigrinus, un gato manchado pequeño (conocido popularmente como tigrina o tirica) que había sido clasificado allá por 1775 a partir de una simple ilustración hecha en la Guayana Francesa. Se creía que esta única especie habitaba desde Centroamérica hasta Sudamérica, incluyendo el territorio boliviano.

Pero en 2019, mientras armaba una guía sobre los felinos de Bolivia, a Paola le saltó la ficha. Al comparar sus cien fotos con las imágenes de referencia de los gatos brasileños, notó algo que no encajaba. Su misterioso gato tenía rosetas (las manchas del pelaje) muchísimo más grandes que los del país vecino. «Esto está muy mal», pensó. Había algo más.

Fue necesario esperar unos años para que la tecnología genética avanzara y le permitiera a Nogales-Ascarrunz afilar sus herramientas de análisis. Junto a Eduardo Eizirik, genetista de la Pontificia Universidad Católica de Río Grande del Sur en Brasil, y Jonas Lescroart, de la Universidad de Amberes, decidieron ir a fondo y secuenciar el genoma del animal.

Los resultados, publicados recientemente en la revista Current Biology, fueron un baldazo de agua fría para los manuales de biología. El ADN confirmó que no estaban ante una subespecie ni ante una validación de un registro antiguo. Era un animal completamente nuevo para la ciencia formal. Había divergido de los otros gatos atigrados hace aproximadamente 1.4 millones de años, una distancia evolutiva monumental, comparable a la que existe entre los leones modernos y los extintos leones cavernarios.


El bautismo del Tilcayo

Para nombrar a la nueva especie, los investigadores decidieron escuchar a los locales y lo bautizaron Leopardus tilcayo. Cuando Nogales-Ascarrunz, que también es boliviana, le preguntó a la gente de la región de las Yungas qué significaba esa palabra, la respuesta fue pura tradición oral: «¡No sé! Mi abuelo lo llamaba tilcayo, así que yo le digo tilcayo«. Ni en español ni en quechua parece tener una traducción literal, pero ahora es el sello oficial de este fantasma del bosque.

El impacto de este estudio va mucho más allá de sumar una figurita difícil al álbum de la biodiversidad. Históricamente, a los felinos pequeños se los ha estudiado muchísimo menos que a los gigantes mediáticos del género Panthera (leones, tigres, leopardos de las nieves). Estos «gatos de bolsillo» son maestros del camuflaje y expertos en esquivar las cámaras trampa.

El trabajo genómico liderado por este equipo está demostrando que lo que durante décadas creímos que era una sola especie, en realidad es un complejo de múltiples especies. Con la suma del L. tilcayo y de otras subdivisiones recientes, hoy pasamos a tener cinco especies distintas de gatos atigrados. E incluso James Sanderson, director de la Small Wild Cat Conservation Foundation (que no participó del estudio), ya desliza que otros felinos como el margay podrían dividirse en cuatro especies independientes.

El impacto del Leopardus tilcayo

Radiografía del hallazgo genético que reescribe la historia de los pequeños felinos sudamericanos.

100
AÑOS

Habían pasado desde el último descubrimiento formal de una nueva especie de felino (el gato de las pampas en 1923).

1.4
MILLONES DE AÑOS

Es la distancia evolutiva que separa al tilcayo de las otras especies de gatos manchados.

5
ESPECIES

Conforman ahora el mapa taxonómico que los biólogos antes consideraban como un único animal.

38
GENOMAS

Completos fueron analizados por el equipo internacional para confirmar la divergencia del ADN.


El reloj de la conservación

Todo este rearmado del árbol genealógico no es un capricho académico; tiene consecuencias directas y urgentes para la supervivencia de estos animales. El estado de conservación de una especie se mide, en gran parte, por su distribución geográfica. Si creés que un gato habita desde el sur de Brasil hasta Costa Rica, los números te van a decir que no está en peligro. Pero si esa inmensa población en realidad está dividida en cinco especies distintas, con territorios aislados y más pequeños, las alertas rojas se encienden de inmediato.

Todavía no sabemos qué come exactamente el tilcayo, quiénes son sus depredadores naturales o cómo es su ciclo reproductivo en el corazón de las Yungas. Quedan muchísimas páginas en blanco por escribir. Pero el mensaje que deja este pequeño felino de cinco kilos es poderoso. Como dice la propia Nogales-Ascarrunz, a veces pecamos de soberbios pensando que ya descubrimos todo lo que respira en este planeta. Si un gato salvaje pudo esconderse a plena vista durante un siglo, ¿qué otras maravillas nos están esperando en el bosque? Es hora de salir a buscarlas, entenderlas y, sobre todo, protegerlas.

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