El violento choque planetario que pudo haber creado la Luna en menos tiempo de lo que dura tu jornada laboral

Un nuevo modelo físico desarrollado por astrofísicos en Estados Unidos incorporó una variable que la ciencia ignoró durante décadas y desarmó la teoría clásica del nacimiento de nuestro satélite. Por qué la temperatura de la Tierra primitiva y del protoplaneta Theia guardan la clave de un parto cósmico que pudo resolverse en apenas cinco horas.

Si mirás al cielo una noche despejada, cuesta imaginar que esa esfera plateada y serena que alumbra nuestras mareas sea el fruto de una catástrofe cósmica inaudita. Durante más de cuarenta años, los libros de texto y los documentales nos contaron prácticamente la misma historia: en los albores del sistema solar, un protoplaneta del tamaño de Marte bautizado Theia embistió a una Tierra joven e incandescente. El impacto fue tan brutal que pulverizó a ambos cuerpos, arrojando al espacio un anillo gigantesco de escombros y magma que, tras meses o años de paciencia gravitatoria, se fue aglutinando lentamente hasta parir a la Luna.

La idea de que edificar un mundo de miles de kilómetros de diámetro requería un proceso largo, tedioso y gradual parecía de sentido común. Sin embargo, un nuevo estudio acaba de sacudir esa certeza con un cálculo tan fascinante como desconcertante: la Luna pudo haberse formado de un solo tirón, en apenas cinco horas de reloj. Menos de lo que tardás en arrancar tu turno de trabajo, almorzar y volver a casa.

La investigación, llevada adelante por astrofísicos del prestigioso Southwest Research Institute (SwRI) y de la Universidad de Arizona, no necesitó inventar colisiones mágicas ni cambiar a los protagonistas del drama. Lo único que hicieron fue agregar a las ecuaciones matemáticas un ingrediente físico fundamental que las simulaciones por computadora venían pasando por alto desde hacía generaciones.

Simulación SwRI • 2026

EL PARTO DE LA LUNA

Impacto Tierra vs. Theia

Al calcular la resistencia estructural de la roca y la temperatura, la astrofísica descubrió que nuestro satélite pudo ensamblarse de golpe y no a lo largo de milenios.

THEIA (Tamaño Marte) TIERRA PRIMITIVA LUNA INTACTA EN SOLO 5 HORAS
5 hs VÍA RÁPIDA
Nacimiento Directo Con roca fría y rígida, el satélite se desprende casi entero.
84% FUSIÓN
Theia Asimilada El modelo antiguo (roca líquida) calculaba erróneamente un 91%.
+7% RESTOS
Materia en Órbita Billones de toneladas extra de roca para esculpir la Luna.
4.500 M AÑOS
Edad del Impacto Durante la infancia caótica de nuestro Sistema Solar.
🌡️
El Factor Térmico Decisivo Planetas calientes: Disco lento (meses/años) • Planetas fríos: Impacto rígido directo (5 horas).
PARÁMETRO CLAVE
Southwest Research Institute (SwRI) • Universidad de Arizona CientificaMente

El error de asumir que la roca se derrite como manteca

Para reconstruir un choque de semejante escala, los científicos recurren a complejos programas de hidrodinámica espacial. En esas recreaciones numéricas, siempre se dio por sentado que la energía liberada por el choque entre la Tierra y Theia era tan descomunal que la resistencia de los materiales resultaba insignificante. En la jerga de los físicos, se asumía que a esas temperaturas y velocidades la roca sólida se comportaba lisa y llanamente como un fluido sin estructura.

Ese parámetro de resistencia sí se contemplaba para estudiar el choque de asteroides chicos, pero se descartaba por completo al simular planetas enteros. El equipo liderado por el SwRI decidió desafiar ese dogma y programó los algoritmos para que calcularan qué pasaba si la masa de ambos colosos oponía resistencia real a ser deformada y triturada.

El resultado cambió radicalmente el guion del impacto.

En las simulaciones clásicas —aquellas que ignoran la resistencia—, la Tierra engulle de un bocado el 91% de la masa de Theia, dispersando el resto en un disco ardiente y vaporizado que tarda una eternidad en condensarse. Pero cuando se introduce la resistencia estructural de los materiales rocosos, el planeta absorbe solo el 84% del proyectil. Ese 7% de diferencia, que en términos astronómicos equivale a billones de toneladas de materia sólida, altera por completo la dinámica gravitacional: en lugar de desintegrarse en un enjambre de polvo, una porción colosal de material sale eyectada como un cuerpo compacto y cohesionado.


La paradoja del termómetro planetario

¿Significa esto que la Luna nació definitivamente en una tarde cósmica? No tan rápido. Los autores del estudio demostraron que el desenlace final depende de una variable esquiva: la temperatura exacta que tenían la Tierra y Theia en el milisegundo exacto del impacto.

Fijate cómo se bifurca la historia según el calor de los protagonistas:

  • El escenario del horno (Planetas jóvenes y calientes): Si la colisión ocurrió cuando los dos planetas eran recién nacidos y conservaban altas temperaturas internas por su proceso de acreción, las rocas se comportaron de manera blanda y maleable. En ese contexto, se impuso el modelo tradicional: un anillo de escombros fundidos que tardó meses o años en ensamblar el satélite.
  • El escenario frío (Planetas antiguos y asentados): Si, por el contrario, el choque se produjo cuando ambos mundos ya se habían enfriado lo suficiente como para solidificar sus cortezas y mantos rocosos, la resistencia de los materiales cobró un protagonismo implacable. El impacto funcionó como un golpe seco de billar: un satélite casi intacto se desprendió y tomó forma definida en apenas cinco horas.

El gran dilema es que la ciencia todavía no cuenta con un termómetro cósmico capaz de viajar 4.500 millones de años hacia el pasado para medir a qué temperatura estaba el suelo donde ocurrió el choque. Pero lo que este trabajo acaba de romper para siempre es la ilusión de una única vía posible.

Mientras la humanidad tarda décadas o siglos en levantar catedrales, puentes o rascacielos, el universo nos demuestra que las leyes de la física pueden tallar un mundo entero en el tiempo que dura una siesta larga. La próxima vez que mires la Luna asomarse en el horizonte, acordate de que quizás estás contemplando la escultura más rápida y monumental de la historia de nuestro cielo.

En base al artículo de Azucena Martín publicado en Xataka

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