La hazaña de la científica argentina que explora el fin del mundo marino

María Emilia Bravo, bióloga del CONICET, forma parte del selecto grupo de humanos que bajó a las fosas más profundas del planeta. En una charla íntima, relata cómo es viajar en el mismo sumergible que exploró el Titanic, detalla sus descubrimientos inéditos en el mar Argentino y explica por qué la supervivencia de estos ecosistemas misteriosos es vital para nuestro propio futuro.

El océano cubre el 70% de nuestro planeta y alberga más vida que cualquier otro rincón de la Tierra, pero irónicamente, conocemos más sobre la superficie de la Luna que sobre el fondo marino. De hecho, exploramos menos del 0,001% de sus profundidades abisales. En ese vacío de conocimiento, iluminado solo por el ingenio humano y faros de sumergibles, trabaja María Emilia Bravo.

Bióloga marina, investigadora del IGeBA (CONICET) y de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (UBA), Bravo es una pionera en el descubrimiento de ecosistemas quimiosintéticos en el mar Argentino. Su oficina no tiene ventanas, sino un manto de oscuridad aplastante y presión extrema, donde la vida se abre paso de formas que desafían a la imaginación.

Los peces juveniles (Centrolophus niger) nadan alrededor de la campana de una Stygiomedusa gigantea, comúnmente conocida como la medusa fantasma gigante, que los pilotos del ROV filmaron a 250 metros durante la campaña “Vida en los Extremos”. Su campana puede alcanzar un diámetro de hasta 1 metros y sus cuatro brazos pueden alcanzar hasta 10 metros de largo. Carecen de tentáculos urticantes, pero utilizan sus brazos para atrapar presas, como plancton y peces pequeños.
ROV SuBastian Schmidt Ocean Institute CC BY-NC-SA 4.0

En 2024, en el marco del proyecto Methanosphere, descendió casi 5000 metros en Alaska a bordo del mítico sumergible Alvin (el mismo que halló los restos del Titanic). Para dimensionar la hazaña: un cachalote, el rey del buceo animal, apenas llega a los 2000 metros. Poco después, lideró la expedición «Vida en Extremos» a bordo del buque Falkor (too), descubriendo en el mar Argentino una medusa fantasma del tamaño de un colectivo escolar, 28 posibles nuevas especies y un arrecife de coral gigantesco.

Los Secretos del Abismo

Descubrimientos de la expedición «Vida en Extremos»

🌊 Un viaje a 4.907 metros

Para dimensionar: un cachalote, el mejor buceador del reino animal, apenas desciende hasta los 2.000 metros de profundidad.

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Ecosistemas Quimiosintéticos

Ambientes donde no llega el sol. La vida se sostiene gracias a microorganismos que obtienen energía de gases como el metano que brotan del fondo.

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La Medusa Gigante

Documentaron una inusual «medusa fantasma» de aguas profundas con un tamaño equiparable al de un colectivo escolar.

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El «Vaticano» de Coral

Hallaron el mayor arrecife conocido de Bathelia candida. Tiene el tamaño de la Ciudad del Vaticano y está amenazado por la pesca de arrastre.

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28 Nuevas Especies

La campaña a bordo del buque Falkor (too) recolectó decenas de especímenes que podrían ser totalmente nuevos para la ciencia moderna.

Fuente: Schmidt Ocean Institute / CONICET | Edición: CientificaMente

National Geographic dialogó con ella para entender cómo es trabajar en el lugar más inexplorado de la Tierra.

—¿Qué son exactamente los ecosistemas quimiosintéticos que investigás?
—Son ambientes en los cuales las formas de vida obtienen energía de una manera alternativa a la luz solar. Se nutren principalmente de compuestos químicos que salen del fondo marino y son metabolizados por microorganismos. Esta es una fuente de alimento vital en el mar profundo, donde la fotosíntesis no existe. Me interesan porque son ambientes muy complejos; busco entender por qué ciertas especies viven ahí, cómo toleran esas condiciones y cómo interactúan con la creciente presión ambiental humana. Mi objetivo es identificar dónde están y cómo los cambios climáticos los afectan, para ayudar a quienes toman decisiones a conservarlos.

Los corales de aguas profundas son de crecimiento lento y longevos. A menudo se clasifican como Ecosistemas Marinos Vulnerables (EMV) debido a su alta biodiversidad y a su amenaza por actividades humanas como la pesca de arrastre de fondo. En esta imagen, estrellas de mar rojas y rosadas (Gorgonocephalus chilensis) se posan sobre corales duros blancos (principalmente Bathelia candida y Solenosmilia sp.). Las estrellas de mar y los corales se alimentan activamente capturando partículas y pequeños organismos del agua.
ROV SuBastian Schmidt Ocean Institute CC BY-NC-SA 4.0

—En 2024 bajaste casi 5000 metros en Alaska. ¿Cómo fue vencer el miedo a semejante inmersión?
—Para mí representaba la posibilidad de ver con mis propios ojos ese mundo fascinante y casi surrealista. Estar en persona en los ambientes que estudié durante años fue increíble. Pude observar el mar profundo desde adentro, rodeada de especies que hasta ese momento solo veía en papers. Fue alucinante. A veces me sigo sorprendiendo de que haya sido real.

—¿Qué buscaban en esa misión extrema?
—El proyecto Methanosphere, liderado por la profesora Lisa Levin, buscaba entender el rol del gas metano en la biodiversidad. Hicimos un abordaje interdisciplinario: desde la escala microscópica, viendo cómo los microorganismos transfieren energía a los animales que los hospedan, hasta la configuración del paisaje. Descubrimos una gran complejidad de interacciones entre los animales, el metano y los microorganismos, y notamos cómo la fauna cambia según la profundidad y la cantidad de gas o de oxígeno disponible.

—Luego, lideraste la expedición «Vida en los Extremos» en Argentina y descubrieron un arrecife de coral frío del tamaño del Vaticano. ¿Cuál es el valor de estos hallazgos locales?
—El valor principal fue distinguir la enorme heterogeneidad de paisajes en nuestro mar profundo (investigamos áreas entre 500 y 4200 metros de profundidad). Encontramos ecosistemas marinos vulnerables, como los arrecifes de corales de agua fría, que son vitales para sostener la biodiversidad. Es crucial entender dónde están para planificar el uso del mar. Una de las actividades más destructivas es la pesca de arrastre, que genera un «efecto de arado» y destruye la tridimensionalidad del arrecife. También descubrimos que este sistema de corales se extiende hasta 600 km más al sur de lo que creíamos.

—Considerando que solo el 31% de los investigadores a nivel global son mujeres, ¿quiénes te inspiraron a abrirte camino en esta ciencia?
—Lisa Levin es una de mis mayores inspiraciones; no solo por su enorme aporte a la biología, sino por su esfuerzo incansable para darle voz a otras mujeres y poner al mar profundo en las agendas internacionales de cambio climático. También admiro profundamente a todas las mujeres que trabajan en la ciencia del mar Argentino. Sin ellas, que enfrentaron épocas donde ni siquiera era habitual que una mujer subiera a un buque oceanográfico, mi generación no tendría estas oportunidades. Nos allanaron el camino significativamente. Y, por supuesto, la doctora Frida Armas Pfirter, clave en la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental, cuyo trabajo fue fundamental para construir nuestra soberanía marítima.

Por Daniel Ventuñuk
En base al artículo de Angie Tonelli publicado en National Geographic Latinoamérica

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