Durante décadas, Homo habilis fue una figura fantasmagórica en la paleoantropología, conocida casi exclusivamente por fragmentos de cráneos y dientes. Un nuevo estudio sobre un esqueleto excepcional hallado en Kenia arroja luz sobre el cuerpo, la locomoción y la dieta de esta especie, confirmando su rol crucial como eslabón entre los australopitecos y el Homo erectus.
Hace más de dos millones de años, las sabanas de África Oriental fueron el escenario de un cambio biológico fundamental. Allí habitaba Homo habilis, la especie que lleva su nombre por la capacidad de fabricar herramientas líticas y que marcó un antes y un después en nuestra historia evolutiva. Sin embargo, la comprensión integral de su biología se veía obstaculizada por la falta de restos corporales significativos.
Esta laguna en el registro fósil ha sido finalmente subsanada por un equipo internacional liderado por Fred Grine, de la Stony Brook University, con la participación del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont. Los investigadores han descrito el esqueleto postcraneal más antiguo y completo conocido hasta la fecha, datado entre 2,02 y 2,06 millones de años.
El espécimen KNM-ER 64061
El fósil, descubierto originalmente en 2012 en East Turkana (Kenia) durante una campaña de la reconocida paleontóloga Meave Leakey, presentó un desafío monumental. Los restos, catalogados bajo el código KNM-ER 64061, requirieron más de una década de análisis morfológico y ensamblaje tridimensional.
La importancia de este espécimen radica en su completitud excepcional. A diferencia de hallazgos previos, este conjunto incluye ambos húmeros, radios y cúbitos, clavículas, fragmentos de escápula, parte de la pelvis y del sacro. Un dato crucial para la validación científica es que estos huesos se encontraron asociados a un conjunto casi completo de dientes mandibulares, lo que permitió confirmar sin dudas que todos los elementos pertenecen a un mismo individuo.
Anatomía de una transición
El análisis detallado publicado en The Anatomical Record revela un mosaico de características fascinante. Físicamente, este individuo de Homo habilis medía aproximadamente 160 cm y tenía un peso estimado entre 30,7 y 32,7 kg.
Lo más revelador es la proporción de sus extremidades. Sus brazos eran sorprendentemente largos y robustos, con antebrazos proporcionalmente más extensos en relación al brazo que los observados en Homo erectus. Esta morfología lo conecta evolutivamente con ancestros más antiguos como Australopithecus afarensis.
Sin embargo, la estructura de la pelvis y el hombro indica que ya caminaba erguido de forma habitual, configurando una dualidad biomecánica: era un bípedo terrestre capaz, pero conservaba una agilidad arbórea significativa y una musculatura potente para trepar. Esto sugiere que Homo habilis ocupaba un lugar de transición clave en el árbol evolutivo, actuando posiblemente como el ancestro directo de Homo erectus.

Ashley S. Hammond
Paleobiología y dieta
El estudio de la dentición asociada al esqueleto también ofrece pistas sobre su supervivencia. Aunque sus molares presentan una reducción de tamaño respecto a los australopitecos, conservaban un esmalte grueso y mandíbulas fuertes.
Esto indica una plasticidad dietética notable: Homo habilis tenía una dieta variada y flexible, con la capacidad biomecánica para triturar alimentos duros y procesar carne en épocas de escasez. Esta incorporación de proteínas animales habría sido el combustible metabólico necesario para el desarrollo de un cerebro que, aunque modesto comparado con el nuestro, ya comenzaba a despegar respecto a sus antecesores.
Referencias:
Grine, F. E., Yang, D., Hammond, A. S., Jungers, W. L., Lague, M. R., Mongle, C. S., Pearson, O. M., Leakey, M. G., & Leakey, L. N. (2026). New partial skeleton of Homo habilis from the upper Burgi Member, Koobi Fora Formation, Ileret, Kenya. The Anatomical Record, 1–61. https://doi.org/10.1002/ar.70100


