Llegar a la retina, en el fondo del ojo, es una odisea para cualquier medicamento. La córnea funciona como una muralla casi impenetrable. Ahora, científicos argentinos diseñaron un «nanovehículo» capaz de atravesar esa barrera, y lo fabricaron con el material más inesperado: residuos de langostinos.
El ácido fólico, o vitamina B9, es fundamental para nuestra salud. Tanto, que por ley las harinas en Argentina deben estar enriquecidas con él. Su deficiencia puede causar desde anemia hasta malformaciones en fetos, y en el sistema visual, puede provocar enfermedades en la retina que llevan a una pérdida gradual de la visión. El problema es que, hasta ahora, hacer llegar esta vitamina (o cualquier otro fármaco) al fondo del ojo de manera eficiente era un desafío monumental.
Un equipo de investigación del CONICET y la UBA, liderado por el científico Oscar Pérez, lleva años trabajando en una solución que parece de ciencia ficción: un «vehículo» microscópico que pueda ser administrado en simples gotas oftálmicas, viajar hasta la retina y entregar allí su «carga» terapéutica. Y los últimos avances son más que prometedores.
Un delivery microscópico y sustentable
La clave de este desarrollo está en los «nanogeles», unas nanopartículas diseñadas en el Laboratorio Interdisciplinario de Dinámica Celular y Nanoherramientas del IQUIBICEN. Estos vehículos son capaces de encapsular sustancias para protegerlas y transportarlas.
Lo más increíble es el material con el que se fabrican: el quitosano, un compuesto que se obtiene del esqueleto de los crustáceos. Concretamente, es provisto por el INTI de Mar del Plata a partir del tratamiento de los residuos que genera la industria del langostino. Una solución de alta tecnología, barata y sustentable, que transforma un desecho en una herramienta biomédica.
En un nuevo trabajo, publicado en el International Journal of Biological Macromolecules, el equipo demostró que estos nanogeles no solo encapsulan eficientemente el ácido fólico, sino que lo protegen de la luz, que normalmente lo daña. «Ensayos con células de retina observamos que el ácido fólico mantiene su actividad biológica», cuenta Oscar Pérez.

Fotografía: Luiza Cavalcante.
La prueba de fuego: atravesar la córnea
Pero el avance más crucial se publicó en la revista Pharmaceutics. Para que unas gotas puedan tratar la retina, primero tienen que superar la principal barrera protectora del ojo: la córnea.
«La cuestión es que esos nanogeles viajen hasta la parte posterior del ojo, ese es el desafío. Para eso, primero tenés que ver si atraviesan la córnea», señala Pérez. Utilizando un modelo de córnea extirpada, el equipo realizó el experimento clave. ¿El resultado? «Vimos que el nanogel con el fólico efectivamente atraviesa la córnea», revela el investigador.
Este es el hallazgo que abre la puerta a un cambio de paradigma. No solo lograron pasar la barrera, sino que también demostraron que los nanogeles liberan el ácido fólico de forma más lenta y sostenida. Esto podría significar efectos terapéuticos más prolongados y una menor necesidad de aplicaciones frecuentes para el paciente.
Como concluyen los autores en su publicación, estos hallazgos subrayan el potencial de esta tecnología para «optimizar la administración ocular de fármacos y respaldar el desarrollo de tratamientos innovadores para las enfermedades oftálmicas». Un pequeño submarino hecho de langostinos, listo para navegar hacia el fondo del ojo.
Por Daniel Ventuñuk
En base al artículo de Gabriel Stekolschik publicado en NEXciencia
