La amenaza invisible que se esconde en el río Paraná

Sus aguas son parte de nuestro paisaje, un lugar para el mate, la pesca y el verano. Pero un estudio pionero de científicas de la UNaM y el CONICET revela que en el río Paraná flota una contaminación silenciosa e invisible que nos afecta a todos.

Cuando miramos el imponente río Paraná, vemos su fuerza, su color, la vida que lo rodea. Lo que no vemos son las millones de partículas de plástico, menores a cinco milímetros, que están ahí, flotando en el agua. Un estudio pionero en la región, realizado entre 2022 y 2024, confirmó su presencia durante todo el año en las costas de Posadas, Candelaria, Garupá e incluso en zonas de bajo impacto urbano como Corpus.

«Los microplásticos están en todos lados», afirma con contundencia la doctora Natasha Schvezov, investigadora de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNaM y del CONICET, quien lidera este proyecto fundamental para la provincia. En Posadas, el equipo tomó muestras en puntos tan distintos como la playita de Villa Cabello, la nueva Costanera Sur y la reserva natural Itá. En todos los casos, el resultado fue el mismo: había microplásticos.

Un enemigo invisible para la salud

Pero, ¿por qué debería preocuparnos esta presencia invisible? Schvezov, especialista en ecotoxicología, lo explica claramente: «Los microplásticos ya se encontraron en humanos, animales y plantas. Afectan los sistemas fisiológicos, inmunológicos y endocrinos, entre otros». No es solo una cuestión de «basura» en el agua; es un problema de salud pública.

Además, estas partículas actúan como balsas para otros problemas ecológicos, como la proliferación de floraciones de algas que se adhieren a ellas y agravan el desequilibrio del ecosistema.

La ciencia misionera que no se rinde

Esta investigación es un claro ejemplo de ciencia hecha en equipo y «a pulmón» desde Misiones. Se desarrolla en el Laboratorio de Genética Evolutiva (IBS, CONICET-UNaM), con la participación de estudiantes y tesistas que dan sus primeros pasos en la investigación, y en colaboración con otros equipos de la facultad.

El próximo paso es crucial: buscar la presencia de estos microplásticos en los tejidos de animales del río, como peces y anfibios. Esto permitiría entender cómo esta contaminación está ingresando en la cadena alimentaria. Sin embargo, el proyecto enfrenta un obstáculo constante. «Hoy estamos haciendo lo que podemos con lo que hay. La falta de recursos es una barrera», lamenta la científica, aunque no baja los brazos y busca constantemente financiamiento para continuar.

Entrevista a doctora Natasha Schvezov en el Micro radial de FM Universidad

El objetivo final, más allá de la investigación, es generar conciencia. Schvezov tiene en mente proyectos con escuelas para que los chicos y jóvenes entiendan el impacto real del uso del plástico. Como ella misma subraya, conocer nuestro sistema ambiental es el primer paso para poder cuidarlo. «Este pequeño número de partículas debe alertarnos. Estamos generando una contaminación de la que muchas veces ni siquiera somos conscientes». Una advertencia silenciosa que viene de nuestro propio río.

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