Su despliegue en zonas remotas y de conflicto es crucial para reducir la mortalidad materna y neonatal, garantizar derechos sexuales y reproductivos, y ofrecer atención continua y respetuosa
La evidencia demuestra que, frente a desastres o conflictos, la probabilidad de que una mujer muera durante el embarazo o el parto se duplica por las barreras para acceder a servicios de salud de calidad. Incluir a las parteras en los equipos de respuesta —desde la planificación hasta la asistencia en terreno— representa una de las estrategias más eficaces para salvar vidas y proteger los derechos reproductivos. Sin embargo, hoy apenas conforman el 10 % del personal dedicado a salud materna y neonatal, a pesar de que podrían cubrir hasta el 90 % de las intervenciones esenciales en este ámbito.
Un rol estratégico en situaciones de emergencia
Durante emergencias humanitarias, las parteras actúan como primer contacto para las mujeres embarazadas, garantizando atención oportuna y seguimiento continuo. Como señala Silvia Ramos, enfermera y partera profesional, «La gran ventaja de tener una partera en la comunidad es que lleva un seguimiento muy cercano de cada mujer y asegura la continuidad de la atención, incluso en medio de una crisis».
Su presencia en zonas remotas o de alta peligrosidad reduce complicaciones obstétricas, previene muertes neonatales y promueve el acceso a métodos de planificación familiar, además de brindar apoyo a víctimas de violencia de género, cuya incidencia suele aumentar en contextos de conflicto.

Cortesía de Silvia Ramos.
Más allá del parto: acompañamiento integral
La labor de la partera no se limita al momento del alumbramiento. En palabras de Ramos, su profesión implica acompañar «desde la menstruación hasta la maternidad», ofreciendo cuidado respetuoso e individualizado en cada etapa de la salud reproductiva. Este enfoque integral fortalece la confianza de las mujeres en el sistema de salud y favorece resultados más seguros y satisfactorios, en contraste con modelos que tratan el embarazo como una patología.
Por ejemplo, en comunidades rurales de México, donde la distancia a un hospital puede implicar horas de viaje, las parteras tradicionales y profesionales garantizan servicios esenciales: control prenatal, manejo de emergencias obstétricas básicas, atención del parto y cuidado postnatal. Su vinculación con el territorio y el conocimiento cultural les permite derribar barreras de acceso y ofrecer un acompañamiento sensible a las necesidades de cada familia.

Cortesía de Silvia Ramos.
Reconocimiento y brechas por cerrar
El informe Estado de las Matronas en el Mundo 2021 alerta sobre la carencia global de 1,1 millones de profesionales en salud sexual, reproductiva, materna, neonatal y adolescente, de los cuales 900.000 corresponden a parteras. Aun cuando podrían salvar 4,3 millones de vidas anuales para 2035, su potencial permanece subutilizado.
En México, la partería profesional carece de un reconocimiento pleno dentro del sistema formal de salud, y la partería tradicional no siempre está integrada a los protocolos oficiales. Esto limita el acceso de las mujeres a modelos de atención respetuosos y continuos. Para revertirlo, se discute una nueva norma nacional que reconozca la partería en la atención integral materna y neonatal, promueva la colaboración entre servicios médicos y parteras, y registre oficialmente a quienes ejercen esta profesión.

Cortesía de Silvia Ramos.
Hacia una atención con parteras en primera línea
Lograr que las parteras formen parte de cada etapa de preparación y respuesta ante crisis requiere:
- Políticas públicas que incluyan la partería en planes de emergencia y asignen recursos específicos para su despliegue.
- Formación y acreditación de parteras profesionales, junto al reconocimiento de las parteras tradicionales como agentes clave de salud comunitaria.
- Articulación intersectorial entre ministerios de Salud, organizaciones humanitarias y organizaciones de parteras para garantizar suministros, apoyo logístico y redes de derivación.
- Sensibilización social sobre los derechos sexuales y reproductivos, resaltando el valor de la atención respetuosa y centrada en la persona.
Como enfatiza Silvia Ramos, «las parteras podemos acompañar a las mujeres en cada decisión reproductiva, asegurando atención digna y salvando vidas». Incorporarlas plenamente no es solo un imperativo ético, sino la vía más eficaz para reducir la mortalidad materna y neonatal y cumplir con los derechos humanos en salud.
Por Daniel Ventuñuk
En base al artículo de Tania García
