Los nueve grandes fracasos tecnológicos de 2020

La pandemia de coronavirus nos hizo depender de la tecnología más que nunca y, aunque nos ayudó en muchas cosas, también ha sido el vehículo de grandes escándalos y decepciones, como la de la hidroxicloroquina, el de las PCR defectuosas y el del candidato a vacuna que provocaba positivos por VIH.

 

por Antonio Regalado | traducido por Ana Milutinovic

En 2020 la tecnología se volvió clave para salvarnos. Mientras la pandemia se expandía por el mundo, hubo incendios forestales, complicadas divisiones políticas y nos ahogamos en el miasma de las redes sociales. Fue un año que dejó muy claro cómo la tecnología puede ayudarnos o perjudicarnos.

En la parte de los éxitos tenemos las vacunas contra la COVID-19. Pero este artículo no va de éxitos. Todo lo contrario, se trata de nuestra lista anual de los peores fracasos y errores tecnológicos. Nuestro recuento para 2020 incluye planes de negocios digitales de miles de millones de euros que colapsaron, pruebas de diagnóstico de COVID-19 que no funcionaban y las consecuencias imprevistas de envolver el planeta con satélites baratos.

 

Las pruebas de diagnóstico de la COVID-19

La reacción en cadena de la polimerasa (PCR) no es una tecnología nueva. De hecho, esta técnica para detectar la presencia de genes específicos fue inventada en 1980 y su inventor ganó el premio Nobel una década después. Se utiliza en una gran variedad de pruebas de diagnóstico e investigación de laboratorio.

Por se considera un error histórico que, al inicio de la pandemia de la COVID-19, los laboratorios especializados de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. (CDC, por sus siglas en inglés) enviaran kits de laboratorio con ingredientes equivocados que no funcionaban. Así comenzó el fracaso para detener al patógeno, la marginación de la principal agencia de salud pública de la nación y, en términos más generales, la inesperada incapacidad del país que inventó la PCR para conseguir que las pruebas de diagnóstico del coronavirus lleguen a todos los que las necesiten.

Los economistas señalaron que las pruebas generalizadas y frecuentes serían la forma más rápida y barata de mantener la economía en marcha. Incluso ahora, 11 meses después, las filas y los retrasos siguen siendo lo habitual con las pruebas, aunque los laboratorios privados, las universidades y los centros de salud realizan aproximadamente dos millones de test al día solo en EE. UU.

 

La falta de regulación del reconocimiento facial

Imagine un vídeo pixelado del robo de una tienda de alimentación. El ladrón mira a la cámara y ya está, la policía usa el reconocimiento facial para identificar al sospechoso. Ahora imagine que una ciudad decide que tiene que prohibir que la policía haga eso.

La capacidad de emparejar rostros es uno de los triunfos más importantes de la nueva generación de la inteligencia artificial (IA), lo que explica que la técnica está apareciendo en todas partes. Eso incluye algunos entornos donde su uso puede resultar intrusivo o injusto, como las escuelas o viviendas públicas. El resultado de este año: una serie de prohibiciones y restricciones por parte de ciudades, países y empresas que podrían sofocar uno de los primeros y más significativos avances de la IA sobrehumana.

La razón por la que esta tecnología avanza tan rápido es que hay cámaras en todas partes y todos hemos compartido nuestros selfies. «Hemos dejado libre a la bestia, la hemos alimentado con miles de millones de rostros y le hemos echado una mano etiquetándonos a nosotros mismos», explica el creador de un sistema anterior de reconocimiento facial con cámaras especiales y una base de datos personalizada de imágenes, Joseph Atick. Actualmente hay cientos de programas de reconocimiento facial que procesan imágenes online. En su opinión, controlar estos sistemas «ya no es un problema tecnológico».

Durante el verano, tanto Microsoft como Amazon negaron a la policía el acceso a sus sistemas de reconocimiento facial, al menos temporalmente, y algunas ciudades como promulgaron prohibiciones radicales que también impiden que los hoteles y las tiendas identifiquen a las personas. Lo que todavía falta es un marco legal para determinar los usos correctos e incorrectos. En vez de abusos y prohibiciones, necesitamos políticas. Y en EE. UU., todavía no las tenemos.

 

El rápido colapso de Quibi

«Bocados rápidos. Grandes historias». Ese fue el lema de Quibi, un servicio de streaming impulsado por Hollywood que en abril se propuso revolucionar el entretenimiento con programas de 10 minutos para las pantallas de teléfonos. Pero esta gran historia terminó con la rápida desaparición de Quibi. Seis meses después de su debut, la empresa empezó a despedir a su personal y devolver a los inversores lo que quedaba de su presupuesto cercano a 1.500 millones de euros.

Foto: El fundador de Quibi, Jeffrey Katzenberg.
Créditos: Daniel Boczarski / Getty Images para Quibi

Ese fallo nos recordó el infame «giro» del periodismo en 2018, cuando muchos medios de comunicación reasignaron a sus reporteros para que empezaran a crear vídeos ultracortos con texto antes de despedirlos a todos brutalmente. Del mismo modo, Quibi contrató a profesionales bien pagados para crear contenidos atractivos bajo una suscripción unos cuatro euros mensuales para competir contra YouTube, TikTok y hordas de creadores de vídeos de gatos y bailes disponibles de forma gratuita.

En la carta de despedida, el magnate de los estudios Jeffrey Katzenberg y la directora ejecutiva de Quibi, Meg Whitman, admitieron que su búsqueda de una «nueva categoría de entretenimiento» pudo haber sido errónea, pero también culparon a la pandemia, que mantuvo a la gente en casa frente al televisor. En un comunicado, afirmaron: «Lamentablemente, nunca lo sabremos, pero sospechamos que ha sido una combinación de las dos cosas. Nuestro fracaso no fue por no intentarlo».

 

El misterio de los ataques con microondas

Desde 2016, varias decenas de diplomáticos y espías estadounidenses en Cuba y China se han visto afectados por distintos síntomas neurológicos dolorosos y extraños. Se despertaban oyendo ruidos agudos y experimentaban pérdida de equilibrio y una sensación de presión en la cara. La causa más razonable de su tormento, según las Academias Nacionales de Ciencias: un arma de microondas.

Foto: THOR del Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea de EE. UU.
Créditos: Dirección de Energía Dirigida

Nadie puede afirmar con certeza si los rayos de energía de radio pulsada dirigidos hacia las casas de los diplomáticos y las habitaciones de los hoteles son los culpables del «síndrome de La Habana». Estados Unidos tardó en reconocer e investigar el patrón de las lesiones y aún no ha sido capaz de definir una causa segura. Lo que está claro es que cualquiera que use un arma de microondas en ataques deliberados no ha meditado su plan demasiado bien. Otras potencias, incluido EE. UU., también pueden generar rayos potentes e invisibles que causan dolores de cabeza, chasquidos dentro del cráneo, náuseas y pérdida auditiva. Las academias afirmaron que el uso clandestino de dicha tecnología, «genera serias preocupaciones sobre un mundo con desinhibidos actores malévolos y nuevas herramientas para causar daño a otros».

Algunas armas simplemente no deberían usarse.

 

Los descuidos durante las videollamadas

¿Alguna vez ha tenido un sueño en el que está en el trabajo o en la escuela y no lleva más que ropa interior? Con Zoom, es algo totalmente posible.

Durante la pandemia, esta app de videollamadas se convirtió en nuestra nueva oficina, en el patio de la escuela y en nuestra forma de socializarnos. Eso también trajo el peligro de transmitir públicamente cosas que deberían permanecer privado. Se oía como alguien tiraba de la cisterna mientras la Corte Suprema escuchaba testimonios, y una senadora mexicana se cambió de ropa en directo sin darse cuenta.

El escritor neoyorquino Jeffrey Toobin asiste al New Yorker Festival 2010 en Le Poisson Rouge el 2 de octubre de 2010 en la ciudad de Nueva York.
(Foto de Joe Kohen / Getty Images para The New Yorker)

Pero estos simpáticos sucesos escatológicos se convirtieron en tragedia con el caso del conocido crítico jurídico de la CNN y The New Yorker Jeffrey Toobin, quien supuestamente expuso sus genitales a sus compañeros de trabajo mientras hacía algo entre trabajar por Zoom y un interludio pornográfico. Muchos creían que Toobin merecía ser despedido por The New Yorker, refiriéndose al movimiento #metoo (#metoobin se convirtió en hashtag). Otros simpatizaron con una situación bastante humana. «Ahí hace falta un mejor trabajo de cámara», parecían estar diciendo.

 

La contaminación lumínica de las megaconstelaciones de satélites

Desde la prehistoria, la humanidad ha mirado al cielo en busca de admiración e inspiración, para imaginar qué fuerzas habían creado el mundo y cuáles podrían acabar con él.

Pero, en la actualidad, esa visión cósmica se está contaminando con los reflejos de miles de satélites comerciales de bajo coste lanzados por las empresas como Amazon, OneWeb y SpaceX, que quieren cubrir la Tierra con las conexiones a internet. Sesenta satélites de este tipo pueden salir de un solo cohete.

Las rayas de Starlink estropean visiblemente esta imagen del cielo nocturno tomada por DeCam DELVE Survey.
Créditos: CTIO / NOIRLAB / NSF / AURA / DeCam DELVE Survey

Uno de los problemas para los astrónomos consiste en que la luz solar se refleja en los satélites, que sobrevuelan a baja altura al amanecer o se ciernen sobre nuestras cabezas, permanentemente iluminados. Su gran número plantea otro problema. SpaceX planea lanzar 12.000 de sus satélites Starlink, mientras que otros operadores tienen previsto 50.000.

La preocupación es mayor por los telescopios ópticos de amplio campo de visión ubicados en la cima de las montañas, cuyo trabajo incluye detectar los exoplanetas u objetos cercanos a la Tierra que podrían colisionar con nuestro planeta. Actualmente existe un esfuerzo a posteriori de solucionar este problema. SpaceX lo intentó al colorear un satélite de negro, pero se calentó demasiado rápido. Más recientemente, la misma empresa empezó a equipar sus satélites con un parasol para evitar los reflejos.

 

La vacuna que provoca positivos por VIH

Con la velocidad de vértigo a la que se ha trabajado en las vacunas contra la COVID-19, sabíamos que las cosas podrían salir mal. Pero, aun así, lo que pasó con el candidato a vacuna de Australia resultó muy sorprendente.

El equipo de la Universidad de Queensland (Australia) y la empresa de biotecnología CSL desarrollaron una prometedora vacuna proteica que parecía funcionar bien. Pero su principal innovación se convirtió en su ruina: usó dos partes del VIH (el virus que causa el SIDA) como «pinza molecular» para poder acceder a las células. Como resultado, los investigadores descubrieron que los voluntarios que habían recibido la vacuna dieron positivo en las pruebas comunes del VIH. Esos falsos positivos crearon mucha confusión y controversia, y los teóricos de la conspiración seguramente sembrarán aún más dudas sobre la vacuna.

El equipo australiano realizó algunos esfuerzos heroicos para corregir el problema, pero fue en vano. A principios de diciembre, el Gobierno admitió su derrota y canceló su pedido de 611,5 millones de euros por 51 millones de inyecciones, lo que lo convirtió en el primer proyecto avanzado de vacuna contra la COVID-19 descartado. Compare eso con la situación en EE. UU., donde se autorizaron o aprobaron varios tratamientos contra el coronavirus que no funcionaban, o con falta de pruebas. A veces, admitir el fracaso es el mejor camino. «Así es como funciona el proceso científico», aseguró el ministro de salud de Australia.

 

Cyberpunk 2077

Los creadores del videojuego más esperado de 2020 prometieron a sus jugadores una distopía de ciencia ficción. Sin embargo, presentaron un mundo roto de una manera equivocada. El universo inmersivo de Cyberpunk 2077 estaba plagado de problemas desde el primer día. Los jugadores (especialmente los que usan consolas) se encontraron con un montón de fallos que podían ser divertidos o incluso acabar con el juego. Sony retiró el videojuego de las tiendas PlayStation una semana después de su lanzamiento, ofreciendo reembolso total para cualquiera que lo pidiera.

Las críticas del videojuego no son malas, hay algunas hasta positivas. E incluso en un mundo virtual, la gente se apaña. Los errores y fallas que dificultan el juego ya forman parte de la diversión: como por ejemplo conducir una motocicleta de pie sin pantalones o teletransportarse de repente al subirse a un coche.

 

Hidroxicloroquina, el fármaco contra la COVID-19 que nunca funcionó

Se sabía que las cosas se volvían raras cuando Rudolph Giuliani tuiteó, al estilo de teletienda nocturna, que el medicamento contra la malaria llamado hidroxicloroquina era «100 % efectivo» contra la COVID-19.

De hecho, varias personas abiertamente de derechas (como el humorista gráfico Scott Adams, algunos presentadores de Fox News y avatares con banderas en las redes sociales) estaban convencidas de que se había encontrado la cura.

A principios de marzo, este antiguo y abundante fármaco figuraba en la lista de los posibles tratamientos contra la COVID-19. Pero los estudios rápidamente demostraron que en realidad no ayudaba. Luego, lo que encontraron los estudios no importaba porque el fármaco fue promovido (e incluso consumido) por Donald Trump, quien, como escribió Politico, buscó una solución milagrosa para los problemas políticos causados por la pandemia. Lo que él denominó «el hidroxi» iba a ser esa solución. «Han salido muchas cosas buenas sobre el hidroxi, muchas cosas buenas. Sorprende la cantidad de gente que lo está tomando», afirmó Trump.

Al principio, la presión para declarar una cura dio sus frutos. La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. autorizó su uso y el Gobierno federal ordenó llenar las estanterías con él. Pero, a medida que la inexistente evidencia fue sustituida por resultados de los ensayos clínicos (que no encontraron ningún beneficio e incluso algún riesgo cardíaco), el fármaco más falso contra la COVID-19 desapareció de la vista. El tuit de Giuliani fue eliminado por parte de Twitter. El FBI arrestó a un médico que vendía los «paquetes de supervivencia» por más de 3.000 euros que incluían ese fármaco. Trump, cuando finalmente contrajo la COVID-19, recibió todos los tratamientos que sus médicos pensaron que podrían ayudar. Pero no la hidroxicloroquina.

 

Este artículo incluye información de Abby Ohlheiser

 

 

Publicado originalmente en MIT Technology Review

 

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