Una polémica hipótesis sugiere que las medidas exteriores del monumento más famoso de Guiza esconden un complejo sistema numérico vinculado a ciclos astronómicos y calendarios. El autor contrastó las dimensiones con 100.000 modelos aleatorios para sustentar su teoría, aunque la comunidad científica mira el hallazgo con cautela.
Podés imaginarte la Gran Pirámide de Guiza de mil formas, pero casi siempre pensamos en lo que hay adentro: cámaras secretas, tesoros perdidos o la momia de un faraón olvidado. Sin embargo, una nueva y fascinante hipótesis propone que nos estamos perdiendo el verdadero mensaje por mirar el árbol y no el bosque. Según el investigador independiente Sefy Levy, el secreto no está escrito en ninguna piedra, sino que la pirámide misma es el mensaje.
Levy sostiene que las proporciones externas del monumento —su altura, la longitud de su base y la inclinación de sus caras— no fueron elegidas al azar ni solo por cuestiones arquitectónicas. Su teoría, publicada recientemente en las plataformas de preprints (trabajos que aún no pasaron por la revisión de pares) SSRN y Zenodo, sugiere que estas medidas integran un sofisticado sistema numérico que hace referencia directa a magnitudes astronómicas y matemáticas.
Dicho en criollo: los antiguos egipcios podrían haber «codeado» su conocimiento del cielo directamente en los planos de la construcción.
Las matemáticas del cielo en la piedra
¿Cómo llegó a esta conclusión? Levy no buscó inscripciones extrañas, sino que se puso a tirar números con la calculadora. Utilizando el sistema de fracciones que se usaba en el antiguo Egipto (esas que van dividiéndose por la mitad, como 1/2, 1/4, 1/8, y así hasta 1/64) y aplicando operaciones matemáticas simples como multiplicaciones y divisiones, empezó a cruzar las seis medidas exteriores principales de la pirámide.
Fijate los resultados que encontró, porque son, cuanto menos, curiosos. Algunos de sus cálculos arrojaron la cifra 27,5. Si miramos al cielo, ese número es sospechosamente parecido a los 27,55 días que tarda la Luna en volver a pasar por el perigeo (su punto más cercano a la Tierra), lo que los astrónomos llaman mes lunar anomalístico.
En otra operación, el resultado fue exactamente 70. Para Levy, esto no es casualidad: es la cantidad aproximada de días en que la brillante estrella Sirio se vuelve invisible desde la Tierra porque está demasiado cerca del Sol en nuestro cielo. La hipótesis del investigador es que la pirámide es un compendio de estas referencias, incluyendo el año de 360 días, el año civil y los movimientos cíclicos de planetas como Saturno, Júpiter, Venus y Marte.
¿Genialidad o casualidad?
Acá es donde la cosa se pone picante. Sabemos que en arqueología, si buscás un número lo suficiente, eventualmente lo vas a encontrar en cualquier lado. Para blindar su teoría contra la acusación de simple «numerología», Levy acudió a la informática.
Creó un programa que generó 100.000 modelos de pirámides completamente al azar. Después, comparó su «Gran Pirámide aleatoria» con la real de Guiza. ¿El resultado? Según su análisis, solo el 2,4% de las pirámides generadas por la computadora presentaban tantas coincidencias astronómicas como la verdadera. Para él, esto sugiere que es muy improbable que tantas «casualidades» numéricas ocurran juntas sin un diseño previo.
Un «freno de mano» necesario
Ahora bien, antes de salir a reescribir los libros de historia, es fundamental tener rigor periodístico y científico. El propio Levy, con mucha honestidad intelectual, pone el freno de mano. Reconoce que su trabajo es una hipótesis y no una demostración.
Hay puntos débiles que no se pueden obviar. Primero, el estudio no fue sometido a una revisión independiente por pares (el famoso peer review), el estándar de oro de la ciencia donde otros expertos bajan el pulgar o dan el visto bueno a una investigación. Segundo, la simulación informática la hizo el propio autor, sin verificación externa.
Y hay una «limitación genuina», como la llama Levy, que es clave: la búsqueda de estos números se hizo después de conocer los datos de la pirámide. Es como tirar la flecha y después dibujar el blanco alrededor. Levy lo admite, pero argumenta que «ninguna prueba por sí sola confirma la hipótesis; solo la convergencia de múltiples líneas de evidencia la hace plausible».
¿Es la Gran Pirámide un gigantesco libro de astronomía petrificado o simplemente estamos viendo formas en las nubes de la historia? El debate está abierto y, por ahora, el enigma sigue tan firme como las piedras de Guiza.
