Por qué los robots del futuro necesitarán sentir dolor

A primera vista, la idea parece sacada de una distopía: máquinas programadas para experimentar dolor. Sin embargo, esta tecnología no busca el sufrimiento, sino la seguridad. Lejos de ser un capricho cruel, el desarrollo de sistemas que emulen el dolor podría ser la clave para que los robots humanoides eviten daños mayores, mejoren su desempeño y convivan de forma segura con nosotros.

Si pensamos en las características que debería tener un robot humanoide, el dolor probablemente no esté en la lista. De hecho, las primeras etapas de desarrollo de estas máquinas están llenas de caídas, golpes y pruebas de resistencia que, si pudieran sentir, serían una tortura. Pero, ¿y si el dolor fuera, en realidad, una herramienta de protección indispensable?

La premisa es simple pero revolucionaria: el dolor no como sufrimiento, sino como un sistema de alerta temprana. Una forma de garantizar que el robot se detenga antes de que un daño menor se convierta en una catástrofe.

El «check engine» biológico

Para entender la utilidad de este concepto, imaginemos un futuro cercano donde un robot nos ayuda en casa. Si se le cae un objeto pesado sobre el pie, sus componentes se dañarían, igual que los huesos de un humano.

La diferencia radica en la reacción. Un humano sentiría dolor, se detendría inmediatamente y evaluaría la lesión. Un robot sin esta capacidad, en cambio, intentaría seguir caminando. Al apoyar un pie roto, su estabilidad se vería comprometida y la máquina, con sus decenas de kilos de peso, podría caer sobre un mueble o, peor aún, sobre una persona.

Aquí es donde el dolor entra en juego como un mecanismo de seguridad: este sistema podría sobrescribir las órdenes que el robot está ejecutando y priorizar acciones de protección, como detenerse o desconectarse, evitando así daños mayores. En definitiva, el dolor actúa como un garante de que el robot está en condiciones de operar de forma segura.

Imagen que muestra cómo sería la piel electrónica modular y neuromórfica capaz de percibir activamente el dolor y las lesiones.
Xinge Yu, Universidad de la ciudad de Hong Kong

Una piel que siente y se repara

El desafío tecnológico es dónde y cómo implementar este «dolor». La respuesta parece estar en la piel de los robots. Estas cubiertas flexibles son esenciales para proteger los delicados sistemas internos de la humedad y el polvo, pero con el tiempo se desgastan y pueden sufrir perforaciones.

Investigadores de las universidades de Hong Kong y Shanghái han dado un paso gigante en esta dirección con el desarrollo de una piel neuromórfica.

  • Inspiración biológica: El tejido de esta piel imita la estructura de las terminaciones nerviosas humanas, con sensores que monitorean constantemente la presión en diferentes puntos, mejorando la capacidad del robot para percibir su entorno.
  • Sensores de «dolor»: La clave son unos sensores similares a los nociceptores humanos (los receptores del dolor), capaces de detectar incluso las brechas más pequeñas que pongan en riesgo la integridad del robot.
  • Modularidad: Esta piel es modular, lo que significa que se puede reparar cambiando solo los parches dañados, reduciendo significativamente los costos de mantenimiento.

TECNOLOGÍA: PIEL NEUROMÓRFICA

El sistema que permite a los robots «sentir» el daño.

NO ES CRUELDAD, ES SEGURIDAD

El dolor actúa como un sistema de alerta que puede sobrescribir las órdenes del robot, priorizando que se ponga a salvo o se desconecte para evitar daños mayores.

¿CÓMO FUNCIONA ESTA PIEL ARTIFICIAL?

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INSPIRACIÓN BIOLÓGICA

Su tejido imita las terminaciones nerviosas humanas, monitoreando la presión constantemente.

SENSORES «NOCICEPTORES»

Similares a los humanos, detectan brechas minúsculas que ponen en riesgo al robot.

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REPARACIÓN MODULAR

Permite cambiar la piel por parches en caso de avería, reduciendo costos.

🚀 FUTURO: Esta tecnología podría usarse también en trajes espaciales o equipos de protección humana.

Fuente: Universidades de Hong Kong y Shanghái.

Un futuro más seguro, con o sin robots

La llegada de robots humanoides a nuestros hogares es un tema que polariza a la sociedad. Pero más allá de si terminamos viviendo en un mundo lleno de máquinas que sienten dolor, la tecnología detrás de esta piel artificial tiene un potencial enorme.

Estos desarrollos podrían aplicarse en campos donde la seguridad humana es crítica, como en futuros trajes espaciales, equipos de protección contra incendios o trajes antirradiación, donde una pequeña fuga puede ser fatal. Como señalan los autores del estudio, esta piel artificial capaz de detectar y procesar señales es una prueba de concepto sólida sobre la cual construir un futuro más seguro, tanto para los robots como para nosotros.

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