Cuando creíamos que la gran pregunta era si existía un noveno planeta, un nuevo estudio acaba de subir la apuesta: ¿y si en realidad fueran diez? Un equipo de astrónomos de Princeton ha detectado una nueva y extraña anomalía gravitatoria en los confines del Sistema Solar, y su mejor explicación es la existencia de un mundo rocoso del tamaño de la Tierra, mucho más cercano de lo que se pensaba, al que han bautizado «Planeta Y».
La frontera helada y oscura de nuestro Sistema Solar, más allá de la órbita de Neptuno, podría albergar más mundos de los que imaginamos. A la ya famosa y elusiva búsqueda del «Planeta Nueve», se suma ahora un nuevo candidato. Un equipo de astrónomos liderado por Amir Siraj, de la Universidad de Princeton, sostiene haber encontrado la huella gravitacional de un planeta adicional, uno que sería rocoso, del tamaño de la Tierra y mucho más cercano de lo que se creía posible.
El disco deformado: la pista del Planeta Y
La evidencia, publicada en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, no es una foto, sino una anomalía. Imaginen el Sistema Solar como un gigantesco disco de vinilo en el que todos los planetas conocidos giran en el mismo plano. Lo que Siraj y su equipo descubrieron al analizar las órbitas de medio centenar de objetos del Cinturón de Kuiper (KBOs) es que el borde de ese «disco» está extrañamente deformado o «alabeado». Las órbitas de estos cuerpos helados están inclinadas unos 15 grados sin una causa aparente.
Según las simulaciones, la única explicación plausible para mantener esa deformación a lo largo del tiempo es la influencia gravitacional constante de un planeta oculto. «Lo que descubrimos es que realmente se necesita un planeta allí», afirma Siraj.
Planeta Y versus Planeta Nueve
Es importante aclarar que el Planeta Y no es un reemplazo del Planeta Nueve, sino un posible acompañante. Mientras que el Planeta Nueve (propuesto en 2016 para explicar la extraña agrupación de otros objetos lejanos) sería un gigante de hielo de 5 a 10 veces la masa de la Tierra y orbitando a una distancia de entre 400 y 800 Unidades Astronómicas (UA), el Planeta Y sería muy diferente:
- Tipo: Rocoso.
- Masa: Similar a la de la Tierra.
- Distancia: Mucho más cerca, entre 100 y 200 UA (Plutón está a 40 UA).
Esta relativa cercanía lo convertiría en un objetivo mucho más fácil de detectar.
Otras explicaciones (y un juez a punto de dictar sentencia)
Por supuesto, la idea de planetas ocultos no convence a toda la comunidad científica. Se han propuesto alternativas, como que el efecto gravitacional sea la suma de miles de pequeños objetos desconocidos, o incluso la exótica posibilidad de que un diminuto agujero negro primordial ronde los confines del Sistema Solar.
Afortunadamente, este misterio tiene los días contados. El Observatorio Vera C. Rubin, recién inaugurado en Chile, está a punto de comenzar el mapeo más ambicioso de la historia del cielo austral. Equipado con la cámara digital más grande del mundo (3.200 megapíxeles), fotografiará todo el cielo cada pocas noches, generando un «tsunami de datos» sin precedentes.
«Creo que, en los primeros dos o tres años de misión, habrá una solución definitiva», se muestra optimista Siraj. «Si el Planeta Y está en el campo de visión del telescopio, podrá encontrarlo directamente».
La hora de la verdad se acerca. El Vera Rubin será el juez que dicte sentencia y nos diga, de una vez por todas, si nuestra familia planetaria es más grande de lo que creemos o si las anomalías del Sistema Solar exterior esconden un secreto aún más extraño.
Por Daniel Ventuñuk
En base al artículo de José Manuel Nieves publicado en ABC
