Científicos del CONICET crean una fórmula rápida y barata para restaurar discos históricos

Discos viejos, llenos de historia pero cubiertos de hongos y ácidos que se comen el sonido. Parecía una batalla perdida contra el tiempo, hasta que un equipo de químicos platenses desarrolló una solución mágica. Lo que antes llevaba ocho horas de limpieza manual, ahora se resuelve en diez minutos, salvando tesoros sonoros que creíamos perdidos.

La historia no solo se escribe en libros; también se graba en surcos. Discursos olvidados, música inédita, radioteatros de otra época. Todo eso vive en discos de acetato que, con el paso de las décadas, enfrentan un enemigo silencioso y letal: la química del tiempo. Los ácidos brotan del propio material, aparecen hongos y el sonido se apaga. Restaurarlos era, hasta hace poco, una tarea artesanal, carísima y eterna.

Pero la ciencia argentina tiene esa costumbre maravillosa de encontrar soluciones ingeniosas. Un equipo de especialistas del CONICET en el Centro de Química Inorgánica (CEQUINOR, CONICET-UNLP) ha desarrollado una formulación química y una metodología revolucionaria que permite limpiar y restaurar estos documentos sonoros sin dañarlos. Y el dato que rompe todo los esquemas: reduce el tiempo de trabajo manual de 8 horas a solo 10 minutos.

El desafío: salvar la primera radio universitaria del mundo

El laboratorio de pruebas fue nada menos que el Archivo Sonoro de LR 11 Radio Universidad Nacional de La Plata, la emisora universitaria más antigua del planeta, inaugurada en 1924. Su acervo es un tesoro nacional, pero tenía un problema grave.

María Paula Cannova, una de las responsables del archivo, lo explica claro: «El material con el que están recubiertos los discos es muy pesado y difícil de remover (…) son discos hechos con nitrato y acetato de celulosa sobre una base de aluminio, un formato que, por este tipo de degradación, se encuentra bajo alerta de preservación a escala internacional».

Básicamente, los discos «transpiraban» ácidos (palmítico y acético) que los estaban destruyendo. Había 36 discos únicos, grabaciones directas sin copias, que necesitaban un milagro. Ahí entraron los químicos.

La receta mágica (y nacional)

La solución tradicional implicaba un cepillado en seco, lento y riesgoso. El equipo del CEQUINOR propuso cambiar la lógica. Carlos Della Védova, investigador a cargo, detalla el proceso con la precisión de un chef molecular: «La técnica consiste, primero, en una limpieza húmeda aplicando la solución química para remover el ácido palmítico mediante su neutralización con hidróxido de amonio debidamente diluido. Luego, el lavado con agua y el secado con alcohol isopropílico».

Parece simple, pero es el resultado de mucha investigación. Esta «receta» no solo limpia; protege los materiales retrasando la aparición de hongos y es ostensiblemente más económica que cualquier producto importado.

Para verificar que no estaban borrando la historia junto con la mugre, el equipo adaptó un microscopio especial para medir los surcos antes y después. El resultado fue un éxito rotundo: el ácido se iba, el sonido se quedaba.

El futuro: digitalizar lo imposible

Con los discos limpios, el desafío ahora es digitalizarlos. Y acá surge otro problema técnico fascinante: muchos de estos discos son anteriores a 1954, año en que se estandarizó la ecualización (la famosa curva RIAA). Si se reproducen en equipos modernos, suenan mal.

Pero el ingenio no se detiene. Martín Donato, profesor de la Facultad de Artes, ya adaptó un preamplificador para «saltarse» la ecualización moderna y capturar el sonido puro y original de esas grabaciones.

La colaboración entre el archivo y el laboratorio fue tan fructífera que ya están encarando la siguiente misión: salvar las cintas magnéticas, otro formato en peligro de extinción. Es la ciencia puesta al servicio de la memoria, demostrando que con conocimiento y creatividad, se puede hacer que el pasado suene tan claro como el presente.

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