La trampa del calor: por qué el aire acondicionado ya no es la solución

El mundo se calienta y la demanda de aire acondicionado se triplicará. Es un círculo vicioso que amenaza con colapsar las redes eléctricas y disparar las emisiones. Pero un nuevo informe de la ONU, presentado en la COP30, revela una salida: un plan que no solo frena el desastre, sino que ahorra billones.

Ante el aumento implacable de las olas de calor, nuestra respuesta instintiva es prender el aire acondicionado. Pero esa solución se está convirtiendo rápidamente en una de nuestras mayores amenazas climáticas. Un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte que, si se mantiene la tendencia actual, la demanda mundial de refrigeración se triplicará de aquí a 2050.

El estudio «Global Cooling Watch 2025», presentado este martes en la Conferencia sobre Cambio Climático (COP30) en Belém, Brasil, pinta un panorama alarmante. Esta explosión en la demanda, impulsada por el crecimiento poblacional y el acceso a sistemas ineficientes y contaminantes, provocará que las emisiones derivadas de la refrigeración alcancen por sí solas los 7.200 millones de toneladas de gases de efecto invernadero para 2050, casi el doble de los niveles de 2022.

El informe lanza una advertencia que funciona como el eje de todo el debate. «A medida que las olas de calor se vuelven más frecuentes y extremas, el acceso a la refrigeración debe considerarse una infraestructura esencial, al igual que el agua, la energía y el saneamiento», señaló Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA. Pero inmediatamente agregó la paradoja central: «La crisis del calor no se puede resolver mediante el aire acondicionado».

El camino de los 43 billones de dólares

En lugar de seguir alimentando este círculo vicioso, el PNUMA propone una «Ruta de Refrigeración Sostenible». La clave de este plan es un cambio radical de enfoque: priorizar soluciones pasivas y de bajo consumo.

El informe, elaborado por la Cool Coalition del PNUMA, revela que casi dos tercios de las reducciones de emisiones necesarias podrían lograrse mediante estas soluciones pasivas (como diseño urbano inteligente, techos verdes, ventilación natural) y tecnologías híbridas.

El potencial de esta ruta es monumental en tres frentes:

  1. Climático: Reduciría las emisiones proyectadas en un 64%. Si, además, se combina con una descarbonización total de la red eléctrica, las emisiones de la refrigeración podrían disminuir en un espectacular 97%.
  2. Económico: Generaría un ahorro global de hasta 43 billones de dólares (43 millones de millones) de aquí a 2050, sumando los costos energéticos evitados y las menores inversiones necesarias en infraestructura eléctrica.
  3. Social: Permitiría garantizar el acceso a la refrigeración (un bien esencial para la salud y la conservación de alimentos) a 3.000 millones de personas adicionales en comunidades vulnerables.

Un compromiso global que aún no despega

Esta hoja de ruta ya tiene un respaldo político. El informe sustenta el «Mutirão Contra o Calor Extremo», un esfuerzo liderado por la presidencia brasileña de la COP30, al que ya se han sumado 185 ciudades. A nivel global, 72 países firmaron el Compromiso Global por la Refrigeración para reducir las emisiones del sector en un 68% para 2050.

Sin embargo, el informe advierte que los compromisos no se están traduciendo en políticas reales. De esas 72 naciones, solo 54 cuentan con políticas integrales que aborden la eficiencia energética, la refrigeración pasiva y la transición a refrigerantes limpios. Las mayores brechas se concentran, precisamente, en las regiones que más sufrirán el calor: África y Asia-Pacífico.

El llamado del PNUMA desde Belém es claro: los gobiernos deben empezar a gestionar activamente el calor extremo, reconocer la refrigeración como un bien público esencial y priorizar soluciones basadas en la naturaleza para mitigar una crisis que, de otra manera, solo se retroalimentará a sí misma.

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