Este 19 de octubre, en tan solo cuatro minutos y a plena luz del día, un grupo de ladrones enmascarados humilló la seguridad del Louvre, llevándose joyas de la era napoleónica. Pero por más audaz que parezca, este golpe no es más que el último capítulo en la larga y turbulenta historia de robos del museo más famoso del mundo. Una historia que incluye a un joven Picasso como sospechoso y a la Mona Lisa escondida en un pequeño apartamento de París.
El Museo del Louvre nació de una paradoja. Fue fundado durante la Revolución Francesa con el objetivo principal de salvaguardar el patrimonio de la nación, protegiendo la antigua colección de arte de la monarquía de los saqueadores. Sin embargo, a lo largo de su historia, esta imponente fortaleza cultural se ha convertido en el escenario de algunos de los robos más audaces y desconcertantes del mundo del arte.





1911: El robo que convirtió a la Mona Lisa en una estrella
El más legendario de todos los hurtos ocurrió en la mañana del 11 de agosto de 1911. El autor fue Vincenzo Peruggia, un inmigrante italiano que había trabajado en el museo. Conociendo los pasillos y las rutinas, se vistió con su antiguo uniforme de trabajo, entró al Salon Carré, descolgó la Mona Lisa de la pared —que por entonces era una obra relativamente poco conocida—, la escondió bajo su guardapolvo y salió caminando.

Fotografía de Roger-Viollet, Getty Images
Lo increíble es que nadie se percató de su ausencia durante más de 24 horas. Era común que las obras fueran retiradas para ser fotografiadas o restauradas. El robo solo se descubrió cuando un pintor fue a la sala para trabajar y encontró un hueco en la pared con cuatro ganchos vacíos.
La investigación que siguió fue, en palabras de un historiador, «fantásticamente infructuosa» y tuvo un giro insólito: un joven Pablo Picasso fue llevado a declarar como sospechoso. Aunque no tenía nada que ver con el robo de la obra de Da Vinci, se descubrió que el artista español había comprado un par de estatuas ibéricas que habían sido robadas del mismo museo años antes, las cuales devolvió a la policía por temor a ser procesado.


La Mona Lisa no fue recuperada hasta dos años después, en 1913, cuando Peruggia intentó venderla a un museo en Florencia. Había tenido la obra maestra escondida en su modesto apartamento de París todo ese tiempo. Su defensa fue que actuó por patriotismo, creyendo que devolvía a Italia un tesoro robado, sin saber que el propio Leonardo la había vendido al rey de Francia. La consecuencia inesperada de su acto fue que la Mona Lisa pasó de ser una joya del Renacimiento a un ícono de la cultura popular mundial.
1940: El director que vació el Louvre para engañar a los nazis
El mayor intento de saqueo de la historia del museo fue evitado gracias a la astucia de su director, Jacques Jaujard. Ante la inminente ocupación nazi de París, Jaujard orquestó una evacuación secreta a una escala monumental. Más de 1.800 cajas de madera con las obras más valiosas del museo, incluida la Mona Lisa, fueron transportadas y escondidas en castillos y abadías por la campiña francesa.

Cuando los jerarcas nazis llegaron a París en 1940 con la intención de llevarse los tesoros para el museo de Hitler, se encontraron con un palacio prácticamente vacío, un acto de resistencia cultural silencioso pero heroico.
La era de las «puertas abiertas» de la posguerra
Tras la Segunda Guerra Mundial, una increíble seguidilla de robos a plena luz del día puso en evidencia las fallas de seguridad del museo. En 1976, unos ladrones se llevaron una pintura flamenca y, meses después, otros escalaron por un andamio y robaron una espada enjoyada del rey Carlos X, que aún no ha sido recuperada.
La audacia continuó en 1990, cuando un pequeño cuadro de Renoir fue cortado de su marco a la vista de todos. Y en 1998, una obra de Corot corrió la misma suerte y también sigue desaparecida.
A pesar de las constantes mejoras en seguridad, la historia del Louvre parece destinada a ser un eterno juego del gato y el ratón. Y aunque la recuperación de algunas piezas, como una armadura renacentista robada en 1983 y encontrada en 2021, ofrece una luz de esperanza, el debate sobre cómo proteger los tesoros de Francia parece no tener fin.
Por Daniel Ventuñuk
En base al artículo de Erin Blakemore publicado en National Geographic
