¿Puede un poco de alcohol ayudarte a hablar otro idioma? ¿Las vacas pintadas de cebra sufren menos picaduras? ¿Las lagartijas prefieren la pizza cuatro quesos? Aunque suenen a chiste, estas son algunas de las investigaciones científicas serias que acaban de ganar el premio Ig Nobel 2025, el galardón que celebra la ciencia que primero te hace reír, y después, te deja pensando.
Cada año, la revista de humor científico ‘Annals of Improbable Research’ organiza desde el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) una ceremonia para celebrar lo mejor de la ciencia más disparatada. Son los premios Ig Nobel, que en su 35ª edición han vuelto a galardonar diez investigaciones que, bajo una apariencia de broma, esconden propósitos y metodologías muy serias.
El bestiario de los Ig Nobel
El reino animal ha sido, como siempre, una fuente inagotable de inspiración. El premio de Biología fue para un equipo japonés que demostró algo que podría revolucionar la ganadería: los mosquitos y tábanos pican mucho menos a las vacas si se las pinta con rayas blancas y negras, al estilo cebra.

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En Nutrición, otro estudio reveló los gustos gourmet de las lagartijas de un resort turístico en Togo, que mostraron una clara preferencia por la pizza cuatro quesos sobre cualquier otro alimento. Y en Aviación, se premió una investigación que confirmó que los murciélagos también sufren los efectos del alcohol: el consumo de frutas fermentadas los embriaga a tal punto que su sistema de ecolocalización se ve afectado, complicándoles el regreso a casa.
El laboratorio de nuestras manías
Los humanos y nuestros extraños comportamientos también fueron objeto de estudio. El premio de la Paz se lo llevó un equipo europeo que demostró que una pequeña dosis de alcohol puede mejorar la confianza y la fluidez al hablar un idioma extranjero (aunque, aclaran, no te dará un nivel C2).
En Psicología, se premió un trabajo que confirma el poder de las palabras: decirle a alguien que es más inteligente de lo normal, aunque no sea verdad, puede aumentar su narcisismo. Y en Pediatría, una investigación descubrió que los bebés maman más tiempo y con más ganas si la leche de su madre huele a ajo porque ella ha comido ajo recientemente.
Soluciones ingeniosas para problemas (no tan) cotidianos
Algunos premios se centraron en resolver problemas de la vida diaria con una ciencia impecable. El de Física fue para un equipo que desentrañó el misterio de por qué la salsa de la pasta cacio e pepe a veces se apelmaza. La clave, para alegría de los chefs, está en las complejas interacciones entre el almidón de la pasta, el agua de cocción, el queso y el calor.

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El premio de Ingeniería lo ganó un equipo indio que desarrolló un sistema de luz ultravioleta para neutralizar el olor de las zapatillas deportivas, matando las bacterias responsables. Y en Química, se premió una propuesta audaz para adelgazar: usar Teflón (PTFE) como un aditivo no digerible en la comida para generar sensación de saciedad, algo que funcionó en ratas sin toxicidad visible. (Advertencia de los autores: no intente rebañar la sartén en casa).
Un tributo a la paciencia y la curiosidad
Quizás el premio más representativo del espíritu Ig Nobel fue el de Literatura, entregado de forma póstuma al médico William Bean. ¿Su hazaña? Durante 35 años, desde los 32 hasta los 67, midió y documentó meticulosamente la velocidad de crecimiento de la uña de su pulgar izquierdo. Un experimento con uno mismo, un monumento a la ciencia paciente y a la idea de que no hay pregunta demasiado extraña si la curiosidad es genuina.
Por Daniel Ventuñuk
En base al artículo de Judith de Jorge publicado en ABC
