Que una madre y su cría pertenezcan a la misma especie es, quizás, la regla más elemental de la biología. Pero una humilde hormiga del Mediterráneo ha encontrado la forma de romperla. Un estudio publicado en Nature revela una estrategia reproductiva sin precedentes, tan extraña que uno de sus descubridores la calificó de «material de ciencia ficción».
En el superorganizado mundo de las hormigas, cada individuo tiene un rol. Las reinas ponen huevos, los machos (zánganos) proveen el esperma y las obreras estériles se encargan de todo lo demás. Pero el biólogo Jonathan Romiguier, mientras estudiaba a la hormiga cosechadora del Mediterráneo (Messor ibericus), notó algo «realmente anormal»: casi todas las obreras de sus colonias eran híbridas, un cruce entre su propia especie y otra, la Messor structor.
Esto, en sí mismo, no era del todo insólito. Se conoce como «parasitismo de esperma», una estrategia en la que una reina se aparea con un macho de otra especie para producir obreras híbridas, a menudo más fuertes. El problema era otro: en muchas zonas, las colonias de M. ibericus están a cientos de kilómetros de la colonia más cercana de M. structor. ¿De dónde sacaban a los machos para crear a sus obreras?
No los encuentran, los fabrican
La respuesta, fruto de un minucioso trabajo de análisis de ADN, resultó ser tan increíble que al principio parecía una broma entre los miembros del equipo. Al analizar el ADN mitocondrial (que se hereda solo de la madre) de todos los machos que vivían en las colonias de M. ibericus, descubrieron la verdad: tanto los machos de su propia especie como los machos de la especie M. structor tenían madres M. ibericus.
La conclusión era ineludible. Las reinas de M. ibericus no estaban encontrando machos de la otra especie: los estaban fabricando. Daban a luz a crías que pertenecían, genéticamente, a una especie completamente diferente. «Tuvimos que enfrentar los hechos», admite Romiguier.
Xenoparidad: más extraño que un humano teniendo un hijo chimpancé
Los investigadores acuñaron un nuevo término para este fenómeno nunca antes visto en la naturaleza: «xenoparidad» (del griego, «nacimiento extranjero»).
Para poner la extrañeza en perspectiva, Romiguier explica que las dos especies de hormigas se separaron evolutivamente hace unos cinco millones de años, «un período igual a la divergencia entre humanos y chimpancés». Entonces, ¿es como si un humano tuviera un bebé chimpancé?
«En realidad, es más raro que eso», aclara. «Es como si un humano tuviera bebés chimpancé, y luego los usara como fuente de esperma para dar a luz a híbridos humano-chimpancé que harían todas sus tareas».
La estrategia, aunque bizarra, tiene una lógica evolutiva impecable. En lugar de depender de la suerte para encontrar machos de la otra especie, la reina M. ibericus los «domestica» a nivel genético. «Si podés producir en casa los machos que necesitás, todo es más fácil», compara el investigador.
Gary Umphrey, el biólogo que acuñó el término «parasitismo de esperma», calificó la investigación de «fabulosa». Pero se mostró menos sorprendido. «Veo la evolución como el ADN encontrando maneras de seguir reproduciéndose», afirmó. «Esta es solo otra forma muy genial».
Por Daniel Ventuñuk
En base al artículo de Cara Giaimo publicado en The New York Times
