Combinando la expansión universal y los “cronómetros cósmicos” —galaxias como relojes naturales—, los astrofísicos calculan que han transcurrido 13 400 ± 200 millones de años desde el Big Bang, un dato que se refina con espectroscopía y futuras misiones como Euclid y Nancy Roman.
Desde hace casi un siglo sabemos que el espacio se estira: las galaxias se alejan entre sí según el ritmo dictado por el factor de Hubble. Midiendo hoy ese crecimiento porcentual medio en el tiempo, los científicos deducen la edad del cosmos. El resultado más aceptado indica 13 400 millones de años, con una incertidumbre de ± 200 millones.
Pero confiar en un solo método sería arriesgado. Dado que no podemos repetir el “experimento” cosmológico, los astrofísicos cruzan distintas técnicas para afinar sus cronómetros.
Corrimiento al rojo y cronómetros cósmicos
La señal clave proviene del corrimiento al rojo: la expansión alarga las ondas de luz que nos llegan de los astros. Comparando espectros de galaxias “idénticas” pero a distintas distancias, se obtiene cuánta expansión acumuló cada rayo de luz. Al promediar esas diferencias en intervalos de tiempo —la diferencia de edad entre las galaxias— nace el concepto de cronómetros cósmicos.
Para ello se utilizan señales estelares muy precisas, como la variación en la intensidad alrededor de los 4 000 Å, que actúa como un “marcador demográfico” de la población estelar y permite estimar la edad promedio de cada galaxia sin necesidad de analizar estrella por estrella.
El enigma de Hubble y la energía oscura
Historias pasadas ilustran la evolución de este cálculo. En 1947, George Gamow estimó 2 500 millones de años para el universo, antes de saber que la radiación primitiva era dominante y luego cedía paso a la materia oscura. Aquellas aceleraciones y desaceleraciones —predichas por las ecuaciones de Einstein— complicaron el reloj cosmológico.
El descubrimiento de la energía oscura, responsable de la expansión acelerada actual, resultó providencial: al compensar la deceleración primitiva, permite inferir la edad universal directamente del factor de Hubble. No obstante, persiste la llamada “tensión de Hubble”: discrepancias entre medidas locales y profundas que los cronómetros cósmicos aspiran a resolver.
Hacia un catálogo cósmico de precisión
En este momento, contamos con pocos cronómetros cósmicos pero de precisión exquisita. Sin embargo, futuras misiones como Euclid (ESA) y el telescopio Nancy Roman (NASA) prometen aumentar el número de relojes estelares disponibles y abarcar distintos momentos de la expansión.
Con estos datos, la cosmología relativista se refina: no solo descartamos incertidumbres en la energía oscura, sino que trazamos la evolución completa del cosmos desde sus primeras etapas hasta hoy.
Más allá de la edad: ¿cómo se formó todo?
Aunque sabemos ya cuánto ha pasado —13 400 ± 200 millones de años—, aún ignoramos cómo comenzó todo exactamente. Como dijo Maxwell: «La ignorancia totalmente consciente es un preludio de todo avance real en el conocimiento». Con cada cronómetro cósmico añadimos un tictac más en la vasta historia del universo, acercándonos al origen de la realidad misma.
Por Daniel Ventuñuk
En base al artículo de Ruth Lazkoz publicado en The Conversation
